toca liderar el cambio en la sanidad asturiana o dejar que el cambio nos arrastre
Enrique González Fernández es médico y experto en gestión sanitaria
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El avance digital está transformando nuestras relaciones con otras personas, con la Administración, con los servicios públicos, así como nuestros hábitos de lectura, ocio y un largo etcétera. No todo avanza a la misma velocidad, no obstante; mientras las empresas privadas caminan con rapidez, urgidas por las necesidades de reducir costes o de ofrecer un servicio a medida de las expectativas de los clientes, la Administración, por contra, va mucho más despacio, trabaja con clientes cautivos y las ineficiencias las pagamos todos.
[–>[–>[–>Nuestro país es uno de los más retrasados en la gestión de los fondos europeos Next Generation, surgidos tras la pandemia por covid-19 para impulsar la recuperación y transformación de las economías europeas. La ejecución de estos fondos y su impacto transformador está muy lejos de las expectativas que nos prometíamos hace cuatro años; la anunciada renuncia del Gobierno de España a una parte de los fondos asignados es una pérdida de oportunidad que difícilmente podrá recuperarse.
[–> [–>[–>Cada vez son más las personas que utilizan la tecnología en su vida diaria. En el año 2024, más del 95 por ciento de los hogares españoles tenían internet, cerca de dos tercios de la población adulta disponían de competencias digitales básicas o avanzadas, creciendo de modo continuado el número de personas que realizan compras por internet. España es uno de los países europeos con mayor conectividad. El discurso sobre la dificultad de las personas mayores para utilizar servicios digitales está tan lejos de la realidad que ya no sirve para justificar el lento avance de los servicios digitales.
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La población asturiana en la franja de 40 a 70 años es cercana a 500.000 personas. Más del 50 por ciento de este colectivo padece, al menos, una enfermedad crónica. En esta franja etaria, el porcentaje de usuarios de tecnologías de la información es muy alto: al menos un cuarto de millón de personas usuarias habituales del servicio de salud puede acceder a la atención sanitaria de manera no presencial, sin contar con los menores de 40, la mayoría usuarios habituales de tecnologías digitales.
[–>[–>[–>Existe, por tanto, un importante volumen de personas que podrían utilizar ampliamente una oferta de prestaciones sanitarias realizadas a través de herramientas digitales, como videoconsultas con diferentes profesionales o gestión de prestaciones administrativas. Igual sucede con la gestión de citas, mayoritariamente tramitadas aún mediante procedimientos de otro tiempo. El número de operaciones administrativas o asistenciales que son susceptibles de realizarse mediante plataformas digitales seguras es enorme; pensemos que diariamente se atienden miles de consultas de medicina de familia en Asturias, la mayoría sobre pacientes ya conocidos y procesos cuyo seguimiento puede realizarse parcialmente a través de videoconsulta.
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Si hablamos de accesibilidad y de equidad, la tecnología digital permitirá acercar la atención sanitaria a personas que viven en núcleos más alejados sin necesidad de desplazarse cada vez que tienen que acudir a una consulta. Incluso facilitaría el acceso desde los centros sociosanitarios en los que residen un creciente número de personas.
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[–>Otro aspecto destacado es la información de interés para el usuario. Las campañas de prevención, la información relevante para el autocuidado o las alertas son contenidos hoy día muy necesarios y demandados por los pacientes que, ante la ausencia de una información oficial emitida por su servicio de salud, acuden a buscarla en otros espacios web.
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El cambio digital debe servir para mejorar y enriquecer la relación entre los usuarios y el sistema sanitario y sus profesionales, a la vez que para ganar eficiencia. Sin duda, es una tecnología que inducirá cambios importantes en las organizaciones sanitarias, tanto en los procesos de gestión como en los procesos asistenciales, modificando sustancialmente el modo trabajo de los profesionales. Se trata de identificar las fortalezas y oportunidades que nos ofrece la tecnología. La inteligencia artificial permitirá agilizar muchos procesos y será una palanca para avanzar en el conocimiento de los pacientes y en el descubrimiento de nuevas soluciones para ellos. El paciente dispondrá de mayor flexibilidad para el acceso a una consulta médica o de enfermería, evitará desplazamientos y tendrá acceso a información importante para su salud y autocuidado. El smartphone, el ordenador o la smart TV serán su punto de acceso al sistema. El servicio de salud hará más eficientes sus procesos, reducirá duplicidades y actos innecesarios, a la vez que podrá disponer de sólidos instrumentos para la toma de decisiones y la evaluación del funcionamiento de las unidades.
[–>[–>[–>Los ciudadanos eligen servicios digitales siempre que están a su alcance. Toca ponerse a liderar el cambio o dejar que el cambio nos arrastre.
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