Toca tirar de los abuelos
Comienza el verano y, con él, Comienzan los juegos de conciliación. Se acaban los colegios, se acaban las actividades extraescolares y comienza la que para muchas familias españolas es la época más difícil del año. Hay que organizarse durante los casi tres meses que los niños están en casa y, evidentemente, no es fácil.
Los padres tienen, si tienen suerte, un mes de vacaciones, por lo que está claro que las facturas no llegan y, la mayoría de las veces, toca recurrir a quienes se convierten en los grandes salvadores: los abuelos. Aunque no hay cifras oficiales, algunos estudios indican que El 60% de las familias españolas recurren a los abuelos para cuidar a los niños durante las vacaciones de verano.
Los abuelos son de gran ayuda en la mayoría de los casos.
En datos más generales, algunas fuentes incluso hacen referencia a que el 85% de los abuelos españoles participa en el cuidado de sus nietos en algún momento del año y más del 46% lo hace de forma habitual. Son cifras que nos sitúan por encima de los países de la Unión Europea. Porque, atención a este otro dato: el 35% de las personas mayores de 65 años cuidan de sus nietos varios días a la semana, durante en promedio 16 horas por semana.
Salimos a la calle a preguntar por este problema y la verdad es que es difícil encontrar un abuelo que no esté contento con esta función. “Estoy feliz de hacerlo”, nos dijo uno de ellos, cargando la silla de su nieta. “Me encanta pasar tiempo con ellos”, dijo otro, sentado en el parque. Valoran a sus nietos y se pasan la vida intentando hacerlos felices. Pero ahí radica el problema: renunciar a la vida no es literal. Los expertos advierten: En algunos casos, estamos sobrecargando a los abuelos.
Por tanto, hay que tener en cuenta que, si bien el hecho de que niños y adultos pasen tiempo juntos es un auténtico regalo para ambos, también lo es que ese tiempo debe adaptarse a sus posibilidades, sin forzar demasiado la máquina y sin hacerles pagar grandes consecuencias.
Para ayudarnos en esta compleja tarea de conciliación, existe también lo que se llama campamentos de verano. Los hay de todos los tipos: enfocados al deporte, a la tecnología, al teatro, a la danza, con piscina, con camping, en inglés… De todas las formas y para todos los gustos y, por supuesto, también de todos los precios. Porque sí, en muchos casos, poder compaginar el trabajo de adultos con el cuidado de niños también acaba teniendo consecuencias perjudiciales para nuestros bolsillos.
Todos los padres están de acuerdo en esto. O los abuelos o ellos pagan, pero hay que tirar hacia algún lado. “Primero me tomo vacaciones, luego mi marido, para poder cubrirme, y aun así no puedes venir”, dice una madre. «Soy médico, y entre turno y turno, imagínate, es imposible. Él irá al campamento, por supuesto». Vamos, que se acabó el cole pero la sociedad se queda con un tema sin respuesta: la conciliación.
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