Tocar para el Papa es lo máximo desde un punto de vista espiritual
“Desde un punto de vista espiritual, no se puede aspirar a más que poder tocar junto al Papa, pero desde un punto de vista artístico, siempre hay órganos que son iconos del mundo, como sería Notre Dame”. José Solé ha conseguido cumplir la primera de sus aspiraciones. Este catalán, natural de Sabadell, es el primer organista del Vaticano. Esta semana participa como docente en el Curso Nacional de Música de Verano de Soto por tercer año consecutivo. «Desde el primer día surgió como una química, no solo con Daniel Tarrio, el director del curso, sino que también con todos los profesores, nos entendimos muy bien, es algo fantástico», explica.
[–>[–>[–>Solé reconoce que toda su vida ha estado ligada a la música litúrgica. «Mi padre dirigía un coro, del que también formaba parte mi madre, en el que todos los domingos cantábamos misa. Ahí me empecé a interesar por la música religiosa, y así surgió mi interés por el órgano, cuando tenía nueve años», recuerda el docente, que se formó en el instrumento y se hizo profesor en su Sabadell natal, hasta que los 30 años decidió dar un giro a su carrera profesional.
[–> [–>[–>Ese giro acabó llevándole al Vaticano, donde ahora es primer organista. «La labor como intérprete de música sagrada no es sencilla. No se trata solo de tocar, sino de transmitir la fe», reconoce el músico que, también, afirma que le gusta la música secular, «especialmente los autores de la escuela francesa».
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Precisamente, en la capital francesa tiene Solé uno de sus grandes objetivos. «Siempre hay órganos que son icónicos, y para mí uno es el de Notre Dame. Tengo el deseo de tocarlo. He escrito a la iglesia para ver si se logra, pero de momento no me han contestado, espero que algún día…», deja en el aire el organista, que sí ha podido hacerlo en California o Nueva York durante algunos de sus viajes. «El neoyorkino es mi favorito fuera del Vaticano. Es un instrumento del siglo XXI, pero parece más antiguo», concede el organista del Papa que ha encontrado su refugio en el curso de Soto del Barco.
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