Todo tiene dos caras, por lo menos
El derecho a la huelga tiene escasas limitaciones, como el de manifestación. Sin embargo, sus efectos, a veces, son tan nocivos o las demandas imposibles de solventar en lo inmediato que quizás en ocasiones convendría medir los efectos del ejercicio de esos actos reivindicativos para atemperarlos.
[–>[–>[–>El caso más evidente es el de las huelgas de médicos y otro personal sanitario. No se discuten aquí sus razones, tampoco la irritación que provoca en esos profesionales la sordera del Gobierno (evidentemente, doña Mónica no actúa por sí y ante sí, salvo que el de Sánchez sea un gobierno desgobernado, aunque vaya usted a saber). En cualquier caso, el arma con que disparan son los enfermos: el número de consultas y operaciones diferidas, en un sistema con una demora ya muy alta, crece cada día. Traducción: las víctimas de esas huelgas crecen cada día. Aunque en términos menos dramáticos, algunas actuaciones, como las de la interrupción del tránsito de camiones hacia El Musel, en Xixón, tiene sus efectos sobre los camioneros y sobre el empleo (algún día hablaremos de cómo nos ven a los asturianos los inversores). Tener razón o razones no permite todo.
[–> [–>[–>Todo el mundo está empeñado en la integración escolar, como fórmula única y deseable. ¿Todo el mundo? El otro día, una conversación en una sala de espera me sorprendió. Había gente de África y de Sudamérica; probablemente alguno, de fe distinta a la cristiana. Padres y madres. Pues bien, lo que sostenían era que había que tener escuelas distintas para cada uno, según su cultura. Denle una vuelta.
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Y, en fin, el monumento a los Héroes del Simancas. Lo conseguido hasta el momento: de ser prácticamente desconocido a ser actualmente más conocido. En cuanto a su significado, algunos se han enterado ahora, y, en lo relativo a ese significado, a una gran parte de la población le es indiferente; otros, toman partido.
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