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Trabajé con mi madre en una tienda de bacalao y verduras para poder estudiar

Trabajé con mi madre en una tienda de bacalao y verduras para poder estudiar
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  • Publishedfebrero 26, 2026



Hay historias que explican a un personaje. Y luego está el Pedro Ruíz (78 años): una mezcla de tragedia doméstica, ironía heredada y dignidad silenciosa.

El comunicador, quien hoy asegura tener «consumió la experiencia de la vida«y que no nacería de nuevo, reveló sus recuerdos en una conversación con José Ramón de la Morena.. Lo que surgió no fue sólo nostalgia, sino una radiografía emocional de la España de posguerra.

Pedro Ruiz vino al mundo el domingo 17 de agosto en Barcelonaen plena ola de calor y en su propia casa. No hay clínicas privadas ni comodidades modernas. Su madre, Juana Céspedessoportó un parto que duró dos dias y medio.

La intervención fue tan brusca que el recién nacido quedó con cabeza deformada. Lo recuerda, décadas después, con humor ácido: «nací con cabeza de pepino«.

La reacción de su padre, Federico Ruiz, fue tan cruda como inolvidable: «Si son gambas hay que tirarlas«. Una frase que hoy provoca una sonrisa, pero que retrata una época y un tipo de personaje.

Ese comentario, mitad susto, mitad ironía, fue el primer destello del humor mordaz que marcaría la personalidad del comunicador.

La familia no tenía dinero. Pero tenía presencia. Federico trabajó como conductor para la familia de Marqués del Riscal y siempre vestía impecable, trajeado, elegante. Esa imagen, unida a un gesto generoso de su jefe, alimentaba cada verano un poco de ficción.

les prestaron un coche de lujouna haiga del año 1953, para viajar a pueblos como Elciego cualquiera Soria. Cuando llegaron, los vecinos se reunieron alrededor del vehículo.

«Parecía que había llegado la gente del té», recuerda irónicamente Ruiz. Pero al bajar del auto, la fantasía se disolvió: eran unfamilia humilde disfrutando de un lujo prestado, manteniendo por unos días la ilusión de pertenecer a otro mundo.

Mientras su padre aportaba elegancia, su madre sustentaba la economía familiar. Juana dirigió un tienda de bacalao y verduras. Gracias a ese negocio, Pedro y su hermano pudieron estudiar.

«Mi abuelo vendía pescado y mi madre le ayudaba. Luego, con el tiempo, empezó una tienda de bacalao y verduras y gracias a eso pudimos estudiar mi hermano y yo. Cuando terminaban las clases, llegaba a la tienda y entregaba los pedidos en las casas de los clientes», explicó Ruiz sobre su infancia.

Subió cargado de bolsas a los apartamentos de las madres de sus propios compañeros. Esa rutina, lejos de avergonzarlo, le enseñó disciplina y orgullo.

en eso Instituto Menéndez y Pelayo compartió un escritorio con Carlos Rexach. «Él me ganó el campeonato de ping-pong y yo le gané el campeonato de gimnasia». Dos adolescentes sin saber cuál sería Leyenda del Barça y la otra, una voz irrepetible de la radio y la televisión.

Y su debut no fue glamuroso. Fue salvaje. Literal. En una radionovela alguien le preguntó: «Tu aullas por mi«. Y aulló. Así empezó todo. Entre esfuerzo, humor y una libertad que, quizás, nació el mismo día en que alguien dudó si debía «tirarlo» o no.



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