Tradición y futuro
Pablo Junceda, director general adjunto del Banco Sabadell, ha pronunciado este viernes un discurso en el teatro José Delestal de La Felguera con motivo de la entrega de los premios «Marino Gutiérrez» como presidente de los jurados. Debajo de estas líneas se transcribe íntegramente el discurso que pronunció durante el acto.
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Las cosas bien hechas y guiadas por un espíritu de compromiso se convierten en referencias a seguir porque dejan la huella del ejemplo. Se convierten en una esperada y necesaria tradición que explica lo que somos y nos ayuda a prepararnos para lo que seremos. Allá en la década de los años cincuenta, el poeta Gabriel Celaya escribió que «la poesía es un arma cargada de futuro». Permítanme que le robe la idea para decir que, viendo cada edición de los Premios de la Fundación Marino Gutiérrez, «la tradición de estos galardones es un arma cargada de futuro».
[–>[–>[–>La tradición de Sagrario y esta querida Fundación por honrar la figura de su marido; la tradición de galardonar a personas, empresas y organizaciones que son virtuosas; y la tradición de poner en valor a nuestras Cuencas del Nalón y del Caudal, es un fiel reflejo de tantas cosas buenas que tenemos los asturianos y que debemos preservar y potenciar.
[–> [–>[–>Es indudable que Asturias cuenta con muchos valores diferenciadores que debemos saber explotar. Para poder hacerlo con éxito, la fórmula magistral suele ser bastante sencilla: tener líderes que sean capaces de ponerse al frente de los proyectos más atractivos y que sean capaces de gestionar con esfuerzo y sentido común, visión de futuro, vocación de servicio y, por supuesto, con ideología pero sin sectarismo.
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Y todos sabemos bien que los buenos líderes surgen cuando se fomenta el talento, la cultura del trabajo en equipo y el valor de las personas y la capacidad de escuchar para aprender y no creerse que nuestras opiniones son las únicas valiosas.
[–>[–>[–>Un líder se convierte en tal cuando es capaz de convencer a los que tiene alrededor para que le sigan. Debemos inculcar, pues, los valores de pertenencia y de compromiso, de la palabra dada y del trabajo en beneficio de una comunidad y no de una particularidad; ver las oportunidades del futuro y trabajar para aprovecharlas y, hacerlo, poniendo en valor lo propio -lo local- sin enquistarse en rechazar lo mucho y bueno que puede venir de fuera. Y no encuentro mejor sitio que esta ceremonia para hablar de estos valores. Un territorio labrado con el cincel del esfuerzo y la entrega; una tierra que es capaz –por ejemplo-de ponerle a un colegio el nombre de Benjamín Mateo, el poeta obrero que trabajaba de metalúrgico en Fábrica de La Felguera al tiempo que componía versos sobre su entorno y sus inquietudes. Un hombre sencillo que como otros langreanos representa bien esa cultura del esfuerzo. Pero la tradición y el recuerdo a los mejores debe ser una palanca para avanzar, no una fotografía en blanco y negro, con figuras reconocibles, pero fijas en el tiempo. Como dijo Albert Einstein: «No pretendas que las cosas cambien si siempre haces lo mismo».
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El largo panel de premiados por esta Fundación a lo largo de los años refleja perfiles y proyectos que demuestran muy a las claras que aquí no siempre se hace lo mismo; y que nuestras Cuencas son ejemplo de cambio, innovación, excelencia y futuro. ¿Con problemas? Claro que sí, pero nunca suficientes para paralizar a sus buenas gentes, hoy aquí congregadas. En su «Carta sobre la industria de Asturias», Jovellanos señala: «Bien sé que la ilustración por sí sola no puede hacerlo todo; pero ella atraerá capitales, arrancará auxilios del Gobierno y forzará, por decirlo así, a toda la provincia a que se convierta a este primer manantial de prosperidad».
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[–>Eran otros tiempos, sin duda, aunque haya muchos puntos en común con el presente. La ilustración a la que se refiere, el interés por la educación y por mejorar la situación particular de los asturianos, formaba parte de esa base moral alejada del puro y frío economicismo.
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Y permítanme que insista en hacer nuestro –de esta gran familia de la Fundación Marino Gutiérrez Suárez- ese espíritu jovellanista para definir el compromiso de servicio con los asturianos de la Cuencas –que es lo mismo que decir de toda Asturias-, con sus familias, con sus negocios y empresas –grandes o pequeñas–, en definitiva, con los intereses de toda nuestra sociedad. Este año nos volvemos a encontrar con galardonados que son ejemplo de lo mejor de estas Cuencas. Ellos nos demuestran cada día, que SI se pueden cambiar las cosas, que SI existe futuro para estas Cuencas y que SI podemos ser capaces de construirlo en común.
[–>[–>[–>Son galardones que trascienden las fronteras geográficas de las Cuencas, pero que de una u otra forma tienen repercusión en ellas. Asturias son muchos territorios, muchos valles, ríos, playas y bosques distintos; pero cuando hablamos del compromiso, el esfuerzo, la defensa de la tradición y al mismo tiempo de la innovación permanente, los asturianos dejan de ser distintos y se hacen uno.
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Lo que más me atrajo de la Fundación Marino Gutiérrez Suárez cuando mi querida Sagrario me ofreció formar parte de sus jurados, es que cada paso que se da, cada homenaje, cada compromiso, pone en el centro a las personas; y año tras año observo que sigue siendo así.
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Comenzaba mi intervención hablando de la tradición como semilla del futuro. Y son las personas, el paisanaje, el único capaz de transmitir la tradición como explicación de lo que somos y palanca de lo que podemos ser.
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Las Cuencas se renuevan. A muchos nos gustaría que fuese con ritmos más acelerados, pero nunca nada es exactamente como nos lo imaginamos. Eso sí, en este acto, hoy, sí podemos dibujar juntos aquello que queremos ser. Como dijo un ilustre economista (Peter Drucker, considerado el padre del management o administración moderna)
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«Ninguna institución puede sobrevivir si necesita genios o superhombres para dirigirla. Debe ser capaz de organizarse de manera que las cosas funciones con un liderazgo compuesto por seres humanos normales». Estoy de acuerdo, pero con un matiz; las personas normales que hemos participado como jurados en estos premios, nos rendimos ante una supermujer, Sagrario, que ha liderado el legado de su marido (la tradición) mirando a los ojos de las buenas gentes de las Cuencas (el futuro).
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