TRÁFICO DE DROGAS | Toby Muse, periodista experto en narcotráfico: «A Europa le espera un futuro bastante oscuro, la cocaína puede comprarlo todo»
Un cuarto de siglo atrás, el periodista y escritor inglés Toby Muse se introdujo en el vasto y peligroso mundo que gira alrededor de la droga en Colombia, con sus estratos y diversidades. Esa inmersión de años de peripecias ha quedado documentada en ‘Kilo’. El mundo secreto de los carteles de la cocaína (Capitán Swing). Las conclusiones de Muse son desoladoras y no deja de repetir una frase que resume las frustraciones: la guerra contra las drogas es como subirse a una bicicleta estática en el gimnasio, «aunque alguien pedalee media hora, no habrá llegado a ningún lugar».
[–>[–>[–>Si bien la bicicleta no se mueve un milímetro, una manera de aludir a un fracaso, esa guerra ha sido reactivada con fuerza por Donald Trump. Después de leer su libro da la sensación de que esperan aún cosas peores. Entre otras razones porque considera que todavía estamos en una era dorada de la cocaína a pesar de las capturas de personajes como el Chapo Guzmán.
[–> [–>[–>Primero, hay que reconocer que el mundo está consumiendo más cocaína que nunca. ¿Por qué no cambia nada cuando están capturando el Chapo o a jefes del cartel del Clan del Golfo? Porque la demanda sigue en alza. Muere un cártel, nace otro. Estamos condenados a vivir en un ciclo infernal. Colombia está produciendo más cocaína que nunca. Una de las razones de este crecimiento está relacionada con el proceso de paz de 2016 entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC. La guerrilla controlaba territorios donde se sembraba mucha coca. Al entregarlo dijo al Estado: «Ya, este territorio ahora es suyo». Y lo que debió haber hecho la autoridad es poner un mínimo de ley y orden en estas zonas: educación, policía, militares para trabajar con las comunidades. Pero el Gobierno de Colombia no fue capaz. ¿Quiénes llegaron? Nuevos grupos amados. Nadie sabe cuántos hay. Es un paisaje bastante complejo y confuso.
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En el libro presenta personajes menores de una fuerza narrativa mayor. María, la jornalera que está contenta con los 2,5 dólares que gana por cada 11 kilos de coca que recolecta; Cachote, el asesino que se encomienda a la virgen de los sicarios; Alex, cuyo destino fatal sigue hasta el cementerio. ¿Cómo logro la confianza de estos testimonios?
[–>[–>[–>Hice algunas relaciones con personas que trabajaban en fiestas, eventos, bares y clubes nocturnos de las mafias. Es ahí donde pueden mostrar sus amigos y todo lo que tienen. La nueva novia, las cadenas, los anillos, la ropa, los autos. Eso me permitió luego conseguir mis propios contactos. Tardé años en ganarme la confianza. En el caso de los campesinos fue más fácil. Ellos viven en zonas como Catacumbo que son muy complicadas, sin escuelas, sin centros de salud, sin puentes, sin carreteras, sin calles ni senderos. Y yo era como una manera para mandar este mensaje. A los únicos que no le gustaba mi presencia era a los grupos armados.
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Usted habla de un torbellino de violencia y sexo en el submundo del narco. Ese universo llega a las series y a veces se muestra de manera glamorosa. Sus personajes se presentan como modelos seductores, a emular.
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[–>Tenemos un serio problema cultural con eso. En lo personal me gustaría destruir el mito del narco. Son hombres sin piedad. Y muchas películas pintan a Pablo Escobar como si fuera un genio, aunque no haya ninguna evidencia de eso. La romantización de la cultura criminal tiene consecuencias, eleva a la categoría de ídolos a personajes que son capaces de matar gente con motosierras. No merecen ningún tipo de respeto.
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También aborda el hecho paradójico de las facciones de la guerrilla que se negaron a abandonar las armas porque son parte del engranaje delictivo. ¿Cómo se dio ese proceso de degradación?
[–>[–>[–>Lo que uno aprende de la cocaína es su capacidad de corromper todo. Y yo creo que se puede ver eso en el conflicto colombiano. Antes teníamos una guerrilla que hablaba de Stalin, Trotsky, y ahora están hablando de Sinaloa, Juárez. Y sí, es un gran cambio. Algunos rechazaron el proceso de paz por otras razones políticas, no se sentían muy seguros. Y en algunos aspectos han tenido razón, los han matado. Creo que han asesinado a más de 400 guerrilleros que formaban parte de los que entregaron las armas. Pero existieron otras motivaciones también. Hay un ejemplo buenísimo que es el del Ejército Popular de Liberación. Se metió en el negocio de la cocaína para recaudar fondos, comprar armamento, reclutar más gente y ser más fuerte. Se olvidaron de la revolución para dedicarse a la cocaína por completo. Y se notaba algo muy parecido en los últimos años de enfrentamientos de las FARC con los grupos de la extrema derecha o el Gobierno. Los campos de batalla más fuertes siempre estaban a donde había más coca. Me temo que Europa va a aprender esta lección muy pronto. Me pregunto cuántos casos de corrupción en las aduanas de Inglaterra, España, Portugal, Holanda tienen que ver con la voluntad de los narcos de comprar voluntades.
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El periodista y escritor estadounidense Toby Muse. / CAPITÁN SWING
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El Gobierno de Gustavo Petro asegura haber alcanzado cifras históricas de incautación de cocaína: solo en 2025 fueron decomisadas 445,9 toneladas contra 279 toneladas en 2024. ¿Alcanza con las capturas si no se enfrenta la erradicación de los cultivos?
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Me parece un cambio interesante. Siempre se dedicaron al eslabón más bajo, el campesino. Pero si estás tomando control de 10 toneladas de cocaína, eso sí duele a los carteles. Es un enfoque que tiene mucho más sentido. Está bien que el Gobierno se enfoque en capturar a todos los capos, los jefes, aun sabiendo, como dije anteriormente, que en un punto eso tampoco hace una gran diferencia. Puede capturar al jefe del Clan del Golfo mañana y eso no tendría ningún impacto. En el negocio de cocaína.
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Usted hace referencia a un tema muchas veces soslayado: la cuestión moral del consumo. Le han llegado lectores arrepentidos de haber sido cómplices de la red por el hecho de comprar droga y financiar la expansión de la industria del tráfico. ¿Existen las condiciones para discutir esta cuestión más allá de las polémicas sobre la legalización de ciertos estupefacientes?
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Eso no deja de ser chistoso. Después de la publicación del libro en inglés, mucha gente se me acercaba y me decía: «Oye, es que me siento muy mal, me arrepiento de haber consumido cocaína». Y yo: «Ah, bueno, OK, pero nunca fue mi intención escribir un libro para que la gente se sienta mal por consumir cocaína». Cada persona debe hacer lo que quiera con su vida. Si quiere fumar marihuana todos los días, bueno, es su vida. No juzgo a nadie. Tengo mis ideas de cómo es una buena vida, y no sería fumando marihuana a diario. Al mismo tiempo creo que la gente que solo culpa a los consumidores no entienden la situación. Y te doy el ejemplo: hace 100 años en Estados Unidos teníamos la gran prohibición de la venta de alcohol. No se puede culpar a aquel que en 1923 se quería tomar una cerveza. La responsabilidad la tenían los que habían apoyado esa política, creando un mercado negro donde gente como Al Capone ganaban fortunas. La situación actual es muy parecida. El consumidor tiene su papel en el negocio, pero estamos fracasando en esta guerra porque hemos creado este mercado negro. La legalización es algo que los narcos temen. Como digo en mi libro, estaba almorzando con uno de ellos y se enojó con la idea, porque piensa: alto riesgo, alta recompensa. Si el riesgo es bajo, sucedería lo contrario. No deja de ser una ironía que los principales sostenes de la prohibición sean la DEA y los mismos narcos. Es un mundo completamente loco.
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Kilo es también un relato espeluznante de los efectos del negocio de la cocaína en el tejido social, la economía y la política, no solo de Colombia. Y, en particular, la violencia con las disputas de control territorial por parte de las bandas. Entonces lanza una advertencia: el mundo debería empezar a preguntarse cómo será la vida cuando las poderosas bandas, bien financiadas por la cocaína, entren en guerra en Londres, Róterdam, Barcelona, Madrid, Nueva York y toda Asia. Creo que ya sabe la respuesta: dice que el sicariato no tiene vuelta atrás. ¿Podría explicarlo?
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Creo que Europa espera un futuro bastante oscuro. Yo creo que los tentáculos de la cocaína ya se han extendido por todo el continente. Les espera algo feo. ¿Qué pasaría si Londres decide tomar a estas mafias de la cocaína en serio y empieza la guerra contra ellos? Ellos van a empezar también a pelear entre ellos por el control del negocio. ¿Vamos a tener sicarios de 15 años en motos en Londres? Es posible. Todo es posible. Porque la cocaína puede comprarlo todo.
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