Treinta y seis años de Reinado de los Escarrer en la ‘perla de Caribe’
Meliá abandonará Cuba el próximo viernes 24 de julio tras un periplo de 36 años en el que logró hacerse con el control de la isla. Son más de tres décadas en las que la marca Balear lo ha sido casi todo para el negocio … turista del estado Castro. Porque la historia de la apertura de la isla caribeña a los visitantes internacionales no se entiende sin la existencia de la empresa hotelera de la familia Escarrer, que empezó con un hotel en 1990 y sale con 34 y más de 14.000 habitaciones bajo gestión, lo que representa el 15% de la capacidad de la marca en todo el mundo y alrededor del 16% de todo el alojamiento disponible en Cuba.
Meliá, cuando todavía se llamaba Sol Meliá, aterrizó el 10 de mayo de 1990 en ‘la perla’ del Caribe para abrir Sol Palmeras en Varadero. La apertura fue una revolución porque por primera vez una empresa extranjera formó una empresa conjunta con el estado comunista cubano. Meliá se convirtió así en pionera en traer el turismo vacacional a la isla y para Cuba supuso una declaración de intenciones frente al resto de competidores caribeños como la Riviera Maya en México y República Dominicana que entonces se consolidaban como los reyes de los resorts todo incluido de la zona -también al calor de las hoteleras españolas-, cada vez más codiciados por el público norteamericano y europeo.
La relación entre Meliá y el régimen fidel castro fue viento en popa y la expansión de la empresa entonces presidida por su fundador Gabriel Escarrer Julia Era como una mancha de aceite. A principios de los años 2000 ya controlaba ocho establecimientos y casi 9.000 habitaciones y presumía de acoger a un tercio de los visitantes que llegaban a la isla. Su crecimiento también dio confianza a la llegada de otras cadenas españolas como Iberostar o Barceló, que ahora también han decidido abandonar el país. La ventaja evidente era también que aquí no competían contra las cadenas americanas que son los grandes reyes del negocio hotelero a nivel mundial.
Para los siguientes años y hasta abandonar la isla, Meliá ha ido sumando presencia en La Habana, Varadero, Trinidad, Santiago de Cuba, Cienfuegos, Cayo Coco, Cayo Santa María y Holguín abarcando los enclaves más importantes de todo el territorio. Justo antes de la pandemia de 2020, Meliá alcanzó su punto máximo en Cuba con 35 hoteles bajo gestión que sumaban 14.781 habitaciones, casi el 18% de la cartera hotelera global de la multinacional.
Meliá fue la primera compañía hotelera internacional en crear una empresa conjunta con el régimen comunista cubano
Pero ya en ese año, Meliá empezó a ver cómo el negocio flaqueaba debido a las sanciones impuestas entonces por la Administración Trump – Estados Unidos. Incluso prohibió la entrada al país al actual presidente Gabriel Escarrer Jaume -y por otros incidentes como la quiebra del turoperador británico Thomas Cook, uno de los más importantes del mundo-. Con una ocupación de apenas el 50% en sus hoteles, fue solo el comienzo de un vertiginoso descenso que comenzó con la pandemia. Sin apenas visitantes internacionales, los hoteles se quedaron sin actividad y la recuperación pospandemia nunca llegó debido a la crisis de oferta que empezó a sufrir el país caribeño.
El toque final llegó este año. Con los hoteles vacíos por la suspensión de vuelos aéreos en respuesta al bloqueo energético estadounidense a la isla, la ocupación se desplomó y en marzo Meliá ya había cerrado el 50% de su planta hotelera en Cuba. Ahora, las diversas amenazas de sanciones estadounidenses a empresas internacionales que mantengan relaciones con el holding militar Gaesa o con empresas relacionadas con el Ministerio de Turismo cubano han obligado a Baleares a hacer las maletas.
Es un adiós difícil de digerir. Meliá tenía esperanzas de seguir siendo el mayor operador de la isla y expandirse por toda ella una vez que el régimen castrista decidiera abrir su economía al capitalismo, algo que ahora está más cerca que nunca por las presiones de EE.UU. Allí estaba el ‘eldorado’ que tanto esperaba la familia Escarrer. Por ahora no se sabe si este será un viaje con billete de regreso.
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