tres años de una turbulenta relación, y un posible punto y seguido
Indra y Escribano Mechanical & Engineering (la empresa de los hermanos Ángel y Javier) han mantenido una extraña relación de tira y afloja; con una posible fusión de por medio, el sueño de crear un campeón nacional y, finalmente, con una ruptura: ayer vendieron toda su participación … – que el mercado asume, sin embargo, como el inicio de otro tipo de conexión en el futuro. Todo ello en menos de tres años.
En concreto, el próximo San Isidro (15 de mayo) se habría cumplido el tercer aniversario de la irrupción de Escribano en la capital de Indra. En aquel momento surgió una participación del 3%, lo que supuso un desembolso de 65 millones de euros. Una inversión que el tiempo después ha demostrado ser bastante rentable.
Luego, Escribano celebró que la operación le ayudó a incrementar su posición en el sector defensa. Otro mantra fue que no estaba en sus cálculos solicitar un puesto en el consejo directivo, lo que había sido una inversión estratégica sin necesidad de acumular poder. Sin embargo, en mayo de 2024, cuando ya contaban con el 8% del accionariado de Indra, provocaron el primero de los muchos tsunamis que vendrían después con la exigencia de un asiento en dicho consejo.
El siguiente pulso llegó a finales de 2024 cuando Indra elevó su participación hasta el 14%, que acabó vendiendo. En aquel momento, los hermanos Escribano no ocultaban sus ambiciones en un sector en auge. Una situación que empezó a reflejar cierto recelo desde que se hizo realidad la posibilidad de tener un segundo asiento en el consejo.
el vuelco
A finales de enero de 2025, en un movimiento que acabó con Marc Murtra como presidente de Telefónica, y con Ángel Escribano como presidente de Indra, la relación con Indra y con el Gobierno que, a través de la SEPI, apoyó su nombramiento, se encontraba en un punto crítico. Se trataba de dos empresas líderes en defensa que estaban obligadas a comprender. O tal vez no.
En la primavera de 2025 surgieron las primeras disputas fuertes en el seno del consejo de administración de Indra con Ángel Escribano en el sillón presidencial. Según conoció este diario, los integrantes del máximo órgano de gobierno de la empresa de tecnología y defensa reprocharon al presidente las formas en que hizo público su interés en Santa Bárbara.
Esa buena sintonía se reflejó en la temporada de flores de ese mismo año cuando se empezó a hablar de una fusión que nació bendecida por el Ejecutivo. Una negociación que luego se enturbió por el temor de los asesores de la SEPI a incurrir en un conflicto de intereses. Y a partir de ahí empezó la tensión y pérdida de confianza que se materializó este año.
Primero, en San José (19 de marzo), Escribano decidió dimitir de la fusión de su empresa familiar con Indra tras ser presionado por el Gobierno para que abandonara la presidencia. Un puñado de días después, a las puertas de la Semana Santa, Ángel abandonaba la presidencia de Indra con el objetivo de dar tranquilidad a la empresa; Quizás ambos, dio un paso atrás ya que no iban a parar desde Moncloa.
Ahora se abre una nueva etapa entre ambas compañías, sin estar vinculadas por el accionariado de Indra, donde el amor puede volver a surgir. Lo que se espera es que el final no sea tan abrupto.
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