tres historias de reinvención profesional y vocación que miran hacia el mar
Barcelona está consolidando el mar como uno de sus motores económicos y de futuro. La economía azul, que a día de hoy da trabajo al 4,3% de la población (51.238 empleos), es el tercer sector estratégico de mayor crecimiento.
[–>[–>[–>En pleno despliegue de su nueva Estrategia de Economía Azul, nueva oferta formativa y de intermediación busca despertar vocaciones relacionadas con el mar entre los jóvenes y fomentar la reconversión de profesionales en activo (reskilling) para atender la elevada demanda del sector de la economía azul. Aunque aun muy masculinizado –un 64% lo integran hombres-, este es uno de los sectores con un ritmo más alto de crecimiento de la ocupación femenina.
[–> [–>[–>Tres profesionales de distintas generaciones e historias comparten con EL PERIÓDICO cómo el ecosistema marítimo de Barcelona les ha permitido reconducir sus carreras o cumplir una vocación que llevaban dentro desde pequeños.
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Pilar Corral (51 años): De la pastelería al Port Olímpic
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Pilar ya era aficionada a la navegación y salía habitualmente con un club, pero nunca había imaginado que su pasión pudiera convertirse en su profesión a los 51 años. «Era pastelera en un conocido hotel de Barcelona y llevaba 13 años en mi puesto. Cogí ansiedad, necesitaba un cambio drástico. Un amigo del puerto me comentó que en Barcelona Activa hacían cursos para ser marinero de puerto deportivo», explica.
[–>[–>[–>No lo dudó y realizó la formación, precisamente orientada a personas que buscan un reciclaje profesional. Realizó sus prácticas en el Port Olímpic, donde le dieron la oportunidad de incorporarse a la plantilla hace casi un año.
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Su rutina actual no tiene nada que ver con la exigencia ni los horarios de una pastelería: asiste a las embarcaciones en los amarres, da soporte si se quedan sin motor o ayuda a sacarlas del agua. Lo que aprecia más de su nuevo puesto es que es un trabajo al aire libre. «Antes estaba encerrada entre cuatro paredes y no veía la luz del día», explica. Ahora planea seguir progresando en este nuevo ámbito: «Estoy estudiando más cursos en este sector para ir más allá. Me veo aquí durante tiempo, me gusta».
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[–>Jaume Alcañiz (49 años): «Es un sector con poco edadismo»
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Diseñador gráfico, «siempre me había dedicado a la comunicación visual en agencias, pero ya no me encontraba a mí mismo haciendo ese trabajo», explica Jaume Alcañiz. A sus 49 años, decidió realizar un cambio de rumbo. Como habla varios idiomas, la primera oportunidad le llegó al conocer una oferta laboral temporal en la operativa de tierra de una de las terminales de cruceros del puerto. Fue el punto de inflexión. «El sector marítimo y su entorno me gustaron porque es muy amplio y tiene salidas tanto en tierra como en mar«, destaca.
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Jaume Alcañiz era diseñador gráfico hasta que decidió cambiar completamente de rumbo en su profesión. / El Periódico
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A partir de ahí, inició un itinerario formativo para obtener las certificaciones náuticas oficiales. Ha seguido la formación básica de seguridad, sobre buques de pasaje y de seguridad contra la piratería. Aunque ha estado embarcado como asistente de pasaje y marinero, explica que para el trabajo en alta mar hay que superar trámites más exigentes. Ahora se enfoca en el trabajo portuario en tierra, postulándose para puestos de amarre o consignación de buques, un perfil encargado de la gestión de todo aquel soporte que necesita un barco durante su estancia en el puerto, desde solucionar problemas mecánicos, asegurar todo el avituallamiento o incluso llevar alguien al médico o al consulado.
[–>[–>[–>«A esta edad, la experiencia es un valor importante. Son faenas complejas, con momentos de estrés o peligrosidad donde las empresas valoran contar con alguien más sénior. Es un sector donde hay poco edadismo», asegura. Para él, la orientación recibida ha sido clave: «Barcelona Activa hace una orientación muy dinamizadora, un reenfoque profesional. Además, coincides con gente similar a ti y no te sientes perdido».
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Nil Pera (26 años): La ingeniería naval impulsada por el viento de la Copa América
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Nil Pera creció en Calella, en el Maresme, navegando desde pequeño en el patín catalán de sus padres. También tenía muy claro que quería hacer ingeniería porque le gusta la tecnología. Unió ambas cosas al cursar primero el Grado en Ingeniería en Sistemas y Tecnología Naval en la Facultad Náutica de Barcelona y realizar después un Máster en Ingeniería Naval y Oceánica. Tardó solo un año en incorporarse al mercado laboral: trabaja en MB92, el principal astillero en el mantenimiento y reforma (refit) de superyates del Mediterráneo, ubicado en Basrcelona, donde hoy trabaja como responsable de proyectos.
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«El año pasado, la Copa América hizo descubrir a mucha gente este mundo y surgieron nuevas oportunidades laborales. En Barcelona está en crecimiento y hace falta manos para trabajar en esta industria«, explica el joven. Su día a día consiste en presupuestar, organizar y hacer que los proyectos de modificación y mejora de las embarcaciones se ejecuten con éxito. Aunque es un trabajo más enfocado a la gestión que a la ingeniería, ve cómo sí debe aplicar la innovación constante que se va produciendo en los sistemas de propulsión y el reto de la sostenibilidad: «Falta camino por hacer. Tenemos que descarbonizar los coches, y el mundo naval tardará más, pero aquí se está trabajando en intentar encontrar alternativas para ser sostenibles«, afirma.
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