Tres momentos del discurso sobre el Estado de la Unión de Trump
Los índices de popularidad de Donald Trump nunca han estado tan bajos como ahora pero el presidente de Estados Unidos sigue mostrándose desafiante y combativo. Es como ha aparecido este martes en el Congreso para ofrecer el discurso sobre el estado de la Unión más largo de la historia de Estados Unidos, 107 minutos que, más allá del impacto político directo que pueda tener, ha dejado varios momentos destacados.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>[–>[–>[–>Desde que un congresista republicano gritó “mentiroso” a Barack Obama durante el discurso sobre el estado de la Unión de 2009 la solemnidad y el respeto que históricamente marcaban la ocasión han ido degradándose. El choque este martes entre el presidente y la oposición ha sido otro paso en esa degeneración.
[–> [–>[–>Aunque más de 40 demócratas han boicoteado organizando un acto paralelo, y algunos han ido abandonando el discurso conforme lo pronunciaba, la tensión con los presentes ha sido patente desde el primer momento. De la Cámara se ha expulsado al congresista de Texas Al Green, que llevaba una pancarta con la frase “los negros no son simios”, en referencia al polémico vídeo colgado en la cuenta de Trump de Truth Social donde se retrató a los Obama como primates.
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Desde el podio Trump ha insultado a los demócratas repetidamente con epítetos como “locos” y “enfermos”; les ha acusado de “ganar solo si hacen trampa en las elecciones” y ha dicho que “si fuera por ellos no habría país”, azuzando mentiras y xenofobia sobre inmigración y acusando a los demócratas de preocuparse más por personas sin papeles que por ciudadanos estadounidenses.
[–>[–>[–>De hecho, con esa idea ha provocado uno de los momentos más tensos. Ha instado a todos los presentes a levantarse si estaban de acuerdo con la frase: “el primer deber del gobierno es proteger a los estadounidenses, no a los inmigrantes ilegales”. Y cuando los demócratas no se han puesto en pie el mandatario ha gesticulado con gestos y teatralidad excesiva, durante casi dos minutos, buscando abochornarlos. “¿Cómo no se levantan?” “Debería darles vergüenza”.
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En ese momento Ilhan Omar, congresista por Minnesota de origen somalí y diana habitual de los ataques más duros e insultantes de Trump, le increpaba: “‘’ha matado a estadounidenses!”, un recordatorio de que agentes de ICE y CBP mataron en su despliegue en Minneapolis a Renee Nicole Good y Alex Pretti. También le gritaba la congresista de Michigan Rashida Tlaib, que llevaba una chapa que decía “que le jodan a ICE”.
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[–> [–>[–>[–>Otros de los demócratas lo que llevaban en la solapa eran pegatinas que instaban a “publicar los archivos”, una referencia a la reclamación de que se hagan públicos todos los documentos sobre el ‘caso Epstein’., algunas de cuyas víctimas habían sido invitadas por congresistas demócratas. El demócrata Ro Khana y el republicano Thomas Massie, que redactaron juntos la ley que obligó a Trump a firmar la desclasificación de archivos, se han sentado juntos.
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Cuando el viernes seis de los nueve jueces del Tribunal Supremo tumbaron la mayoría de sus aranceles Trump reaccionó con ira. Fue especialmente duro, aunque fuera sin nombrarlos, con dos de esos magistrados a los que nombró él, Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett, diciendo que eran una “vergüenza para sus familias”.
[–>[–>[–>Este martes Coney Barret estaba en el Congreso en la primera fila junto al también conservador John Roberts, presidente del Alto Tribunal, la jueza progresista Elena Kagan y Brett Kavanaugh, el tercer nominado por Trump que votó contra la decisión junto a Clarence Thomas y Samuel Alito.
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Trump ha saludado a cada uno de los cuatro togados con un breve pero formal apretón de manos.
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Luego en su discurso no ha usado el duro lenguaje de su rueda de prensa del viernes o de los mensajes que desde entonces ha repetido en redes sociales. Solo ha tildado la sentencia como “desafortunada” y “decepcionante”.
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Trump ha anunciado y concedido numerosas condecoraciones a invitados al discurso. La primera sorpresa ha sido la aparición de todos los integrantes del equipo nacional estadounidense de hockey sobre hielo, que ganaron el oro en los Juegos Olímpicos frente a Canadá. El presidente ha anunciado que concederá al portero de la selección la medalla de la libertad, el más alto honor civil.
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El resto de condecoraciones han sido militares. Ha dado un corazón púrpura a un miembro de la guardia nacional que sobrevivió a un atentado en Washington DC y a los padres de la otra víctima, mortal, en ese atentado. Asimismo ha condecorado con una medalla de honor al piloto de helicóptero que resultó herido en la operación para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela. La primera dama, Melania Trump, ha colgado otra medalla de honor a otro piloto de 100 años, veterano de la guerra de Corea.
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“Siempre he querido la meda de honor del congreso pero me han informado de que no puedo dármela a mí mismo”, ha bromeado Trump.
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