Trump comparece en plena tensión con la OTAN y la incertidumbre sobre el futuro de la guerra de Irán
Los mensajes de Donald Trump sobre la guerra de Irán son, desde que lanzó hace ya casi cinco semanas los ataques junto a Israel, un cúmulo de contradicciones que alimenta la incertidumbre sobre la contienda. Cada palabra del presidente estadounidense, que ha estado desarrollando una estrategia de comunicación que combina mensajes en Truth Social, declaraciones a la prensa y muchas entrevistas breves con medios individuales, es capaz de mover los nerviosos mercados, extender miedos y crear fantasmas, pero rara vez aclara exactamente sus planes. Por eso es especialmente intensa la expectación ante una intervención del republicano desde la Casa Blanca a las 03.00 de este jueves (hora peninsular española) su primer discurso a la nación en horario de máxima audiencia desde que cayeron en Irán las primeras bombas el 28 de febrero.
[–>[–>[–>Karoline Leavitt, la portavoz del Gobierno, ha anunciado solo que el presidente iba a realizar una “importante actualización”. Su equipo de comunicaciones en la Casa Blanca ha enviado a la hora de escribir estas líneas solo un comunicado que describe la Operación Furia Épica como «una campaña decisiva de fuerza estadounidense que está desmantelando sistemáticamente la capacidad del régimen iraní de amenazar a EEUU y al mundo libre» y trata de negar la realidad de los mensajes cambiantes que se han escuchado estas cinco semanas escogiendo declaraciones del presidente y otros miembros de la Administración.
[–> [–>[–>Fuentes anónimas de la Administración, en cualquier caso, adelantaban que el presidente, en ese discurso con el que cerraba una jornada que ya había hecho histórica al convertirse en el primer presidente en activo que acudía a una sesión en el Tribunal Supremo, iba a reiterar la idea, que ya lanzó el martes, de que EEUU podría acabar las operaciones militares en “dos o tres semanas”. Y el propio Trump avanzaba que en su discurso iba a hacer referencias a la OTAN.
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Tensión con la Alianza
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Horas antes de esa comparecencia, el líder estadounidense elevaba este miércoles de nuevo las tensiones con la Alianza. Primero en una entrevista con ‘The Daily Telegraph’ británico y luego en otra con Reuters el mandatario amenazaba con sacar a EEUU de la OTAN, frustrado con lo que considera una falta de colaboración en un conflicto de cuyo inicio no informó a sus aliados.
[–>[–>[–>“Hemos estado allí de forma automática, incluso en Ucrania, aunque no era nuestro problema. Fue una prueba, pero hemos estado ahí para ellos y siempre habríamos estado ahí para ellos. Ellos, en cambio, no han estado ahí para nosotros”, le ha dicho al diario. “La OTAN nunca me ha impresionado. Siempre supe que eran un tigre de papel, y, por cierto, (Vladímir) Putin también lo sabe”, ha añadido, usando la misma línea de ataque que el día en que se mostró dispuesto a retirar las bases militares de EEUU en España.
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En sus declaraciones a Reuters ha repetido la misma idea, remarcando que está “absolutamente” considerando la salida de la OTAN, una amenaza que ya ha lanzado varias veces en el pasado pero que ahora redobla. “Nunca les pedimos mucho. Es una vía unidireccional”, ha lamentado en sus palabras a la agencia, a la que ha indicado que esa frustración con la Alianza sería uno de los elementos del discurso.
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[–>Trump no puede tomar esa decisión unilateralmente y necesita la aprobación del Congreso para sacar al país de esa alianza actualmente con 32 miembros que EEUU ayudó a crear en 1949, cuando el tratado fundacional de la OTAN fue ratificado por el Senado. Incluso si el republicano lograra la luz verde de las cámaras, improbable ante el fuerte apoyo bipartidista a la Alianza, el artículo 13 del Tratado fija un plazo de un año desde el anuncio oficial de salida hasta que esta se ejecute.
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Ormuz
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El descontento de Trump con los aliados de la OTAN es especialmente agudo ante la falta de cooperación para ofrecer seguridad en el estrecho de Ormuz, el estratégico paso marítimo por el que circula más del 20% del petróleo global y que Irán ha cerrado prácticamente, creando un cuello de botella que está afectando no solo al comercio de crudo y gas sino de otros productos como fertilizante.
[–>[–>[–>Ese cruce neurálgico, no obstante, es otro de los factores de este conflicto donde más evidentes se han hecho los bandazos de Trump, que lo mismo exige su reapertura como condición para el fin de la guerra que minimiza su trascendencia como elemento determinante para sus decisiones, afirmando que reabrirá “automáticamente” cuando acabe la guerra o que son los países que directamente dependen más del tránsito de combustible los que deben encargarse de su seguridad.
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Este mismo miércoles, en un mensaje matutino en Truth Social, Trump había escrito que consideraría un alto el fuego una vez que el estrecho esté “abierto, libre y despejado”. En ese mismo mensaje, había asegurado que el presidente iraní había pedido el alto el fuego, un extremo que ha negado tajantemente Teherán. La víspera, en unas declaraciones a la prensa en el Despacho Oval, había dicho que un acuerdo con Irán era “irrelevante” para determinar el fin de las operaciones militares.
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Los objetivos
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En el discurso se podía anticipar que Trump reiteraría otro de los mensajes que en los últimos días ha reforzado, incluso con todas las contradicciones que la Casa Blanca se esfuerza en intentar negar. Uno es ese calendario de dos o tres semanas, aunque en su entrevista con Reuters se negaba a especificar y optaba por una declaración mucho más genérica: “saldremos bastante rápido”. También decía a la agencia, no obstante, que sus fuerzas “volverán” a Irán, pero para hacer “golpes puntuales” en objetivos según consideren necesario.
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Trump ha estado también remarcando que considera cumplido lo que ahora dice que siempre ha sido la meta principal: asegurar que Irán no tiene un arma nuclear.
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Asimismo, ha pasado las últimas horas asegurando que en Irán se ha conseguido ya un cambio de régimen. Rara vez en los últimos días ha hablado directamente o dicho nada de valor sobre Mojtaba Jameneí, el hijo del anterior ayatolá que ha sido elegido como líder supremo, pero en su mensaje en Truth de este miércoles hablaba del nuevo presidente como “mucho menos radicalizado y mucho más inteligente” que sus predecesores.
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Hacía eco de otras palabras de los últimos días con las que ha dicho que el liderazgo son “gente totalmente diferente” y que “ya no quieren un arma nuclear”. Y en las declaraciones a Reuters decía, como ya había hecho el lunes, que ha conseguido un cambio de régimen. “No lo necesitaba”, ha afirmado, en oposición a declaraciones en los primeros días del conflicto, cuando llegó a mostrar su apoyo a la población iraní para que se alzara contra el gobierno de Teherán.
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Son cambiantes también sus objetivos declarados sobre los 440 kilos de uranio enriquecido al 60% que se cree que Teherán aún tiene enterrado, tras los ataques que EEUU e Israel lanzaron en junio pasado contra las instalaciones de Natanz, Fordow e Isfahan. “Está tan profundo bajo tierra que eso no me importa”, le ha dicho a Reuters. “Siempre les estaremos observando por satélite”.
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La opinión popular
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La intervención nocturna de Trump tiene un fuerte componente global pero es también, indudablemente, un mensaje diseñado con la audiencia estadounidense y con las elecciones legislativas de noviembre en mente. La desaprobación popular a la intervención militar contra Irán no ha dejado de crecer y en diversas encuestas se mueve entre el 58 y el 61%.
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En un sondeo de la cadena conservadora Fox News publicado a finales de marzo el 64% rechazaba cómo Trump está manejando el conflicto y en otro de Reuters realizado el pasado fin de semana un 66% pedía el fin rápido de la implicación militar de EEUU, incluso si Washington no consigue sus objetivos.
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El fantasma de un potencial despliegue sobre el terreno de EEUU, que ya ha elevado su presencia de militares en la región hasta más de 50.000 efectivos, es particularmente rechazado por una mayoría de estadounidenses, y es uno de los elementos, junto a la alianza con Israel en un conflicto de intereses de los dos países a menudo divergentes, que ha contribuido a alimentar una brecha con Trump de una parte de su base MAGA.
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Hay una parte de la guerra, además, que los estadounidenses están notando en el bolsillo y esta semana por primera vez desde 2022 el precio de la gasolina en EEUU ha superado los cuatro dólares por galón (algo menos de un euro por litro). Y aunque a Trump le gusta señalar a cuestiones como la independencia energética de su país, lo cierto es que EEUU siente los efectos de los golpes de la contienda a la economía global, con inflación al alza, perspectivas de freno en el crecimiento y precios más elevados por el cuello de botella en Ormuz en elementos como el aluminio, el azúcar o el helio, un componente básico para los semiconductores.
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