Trump depende de Xi para evitar que Irán se convierta en su Vietnam
El profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Zaragoza Juan Luis López Aranguren (Pamplona 1982) no duda en definir el encuentro que celebran estos días Donald Trump y Xi Jimpin en Pekín como “la cumbre de la década”. No solo porque han pasado casi diez años de la última reunión de los dos principales líderes mundiales, sino porque la cita deja a la vista el “movimiento tectónico” que se ha producido en los últimos años: Asia se está convirtiendo en el nuevo centro de gravedad del planeta, tal y como explica en su último ensayo –‘El eje del mundo que viene’ (Ariel)- este experto en geopolítica del Indo-Pacífico.
[–>[–>[–>¿Cómo llegan China y EEUU a esta cumbre?
[–> [–>[–>Las cosas han cambiado mucho desde 2017. Lo más llamativo es que la posición de Estados Unidos es hoy mucho más débil que hace nueve años y Xi Jimpin llega a la mesa de negociación más fuerte que Trump, que ha intentado retrasar este encuentro para presentarse con dos victorias y solo lleva una: la captura de Nicolás Maduro. No solo no ha conseguido la caída del régimen de los ayatolás, sino que ahora depende de China para evitar que Irán se convierta en su Vietnam.
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¿Qué cartas juega cada uno?
[–>[–>[–>A corto plazo, Trump aspira a que China le ayude a desbloquear el estrecho de Ormuz para tener una salida medio digna de la guerra. Esto ya se vio en las conversaciones de Islamabad, en la que Xi llamó a los iraníes para pedirles flexibilidad, entre otras cosas porque ellos también dependen del crudo persa. A medio plazo, Trump llega con una propuesta sorprendente, dados sus últimos movimientos erráticos, que es crear una junta de comercio bilateral en la que ambos países negocien, en términos de bipolaridad, asuntos como las exportaciones y los aranceles. Lo llaman Board of Commerce y es la prueba de que EEUU no es tan fuerte como se creía para aplicar herramientas arancelarias de forma unilateral y el reconocimiento de que necesita contar con China.
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Que imagino que tiene otros planes…
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[–>Para China, esta es la cumbre de las tres ‘tes’. La primera es ‘tarif’, es decir, aranceles. Quiere el compromiso de que Washington no volverá a amenazarles con más guerras arancelarias. La segunda es la tecnología. Pekín tiene grandes proyectos de inteligencia artificial y no quiere que Trump vuelva a limitarles el acceso a los semiconductores, como hizo recientemente obligando a los chinos a ponerse a fabricar sus propios semiconductores, que están un par de generaciones más atrasados que los occidentales. La tercera te es Taiwán.
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Asunto complejo y delicado.
[–>[–>[–>Sí, es el punto geopolítico más caliente del planeta porque concentra intereses muy encontrados. Para China, Taiwán es irrenunciable porque es la última pieza que les falta para poner fin a lo que llaman el ciclo de las humillaciones, que empezó con la primera guerra del opio de 1839. El año pasado, Estados Unidos autorizó la mayor venta de armas a Taiwán de la historia, lo que enfadó mucho a Pekín, que ahora aspira a que Washington tenga una postura más pasiva y aislacionista respecto a la isla.
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Taiwán es el punto geopolítico más caliente del planeta. Para China es irrenunciable, es la pieza que les falta para poner fin a lo que llaman el ciclo de las humillaciones
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¿Habrá acuerdos?
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El problema lo tiene Trump, que llega demasiado débil y está entre la espada y la pared. Necesita arrancar acuerdos que mejoren su situación de cara a las elecciones de ‘midterm’, sobre todo por el tema de Irán, pero si cede mucho a China dará una señal de debilidad, que también le perjudica. Es una cita complicada, pero lo es más para Trump que para Xi, que está más fuerte.
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Su libro explica cómo el peso del planeta se ha desplazado hacia Asia en detrimento del eje atlántico. Esto lleva décadas anunciándose, parece el cuento del lobo. ¿Qué ha cambiado?
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Que el lobo ya ha llegado. En primer lugar, por demografía: dos terceras partes de la humanidad viven hoy en el Indo-Pacífico, una región que ya concentra más del 60% del PIB mundial y es donde más está creciendo la clase media, que son los consumidores del futuro. Pero hay otro asunto que hace que hoy el destino del planeta se juegue más en Asia que en Occidente, el militar.
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¿Qué ha cambiado en esa cuestión?
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En la región están presentes las cinco potencias nucleares clásicas, si tenemos en cuenta los territorios franceses de ultramar y que Reino Unido tiene una base en la isla índica de Diego García. Pero en los últimos años se han sumado dos más, India y Pakistán, que además están enfrentadas por Cachemira, y Corea del Norte tiene su propio programa nuclear y una guerra no cerrada del todo con Seúl. Es una zona llena de conflictos y cualquiera puede provocar un enfrentamiento regional que acabe desencadenando una guerra mundial. Taiwán, sin ir más lejos, podría ser el nuevo Sarajevo de la Primera Guerra Mundial. Desde el punto de vista militar, económico y demográfico, el destino del planeta hoy se decide más en Asia que en Europa, que lleva camino de convertirse en un apéndice de Eurasia.
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¿Cree que eso ocurrirá?
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Hay una profecía geopolítica, según la cual el siglo XIX fue europeo por sus grandes posesiones coloniales, el siglo XX fue americano, porque Europa quedó devastada tras las guerras mundiales y Estados Unidos se erigió en gran superpotencia, pero el XXI va a ser el siglo asiático. Estamos viviendo la transición a ese escenario. En realidad, si ampliamos la mirada histórica, veríamos que las cosas están volviendo a donde estaban hace varios siglos. Asia ha concentrado siempre entre el 50 y el 60% de la Humanidad y de la riqueza del planeta, pero la revolución industrial generó una anomalía que permitió que Europa, que es una península llena de penínsulas en un extremo de Eurasia, creciera en riqueza y población. Ahora, la globalización y la popularización de la tecnología ha corregido ese desequilibrio y ha devuelto el planea al status quo que tenía, en el que la mayor parte del crecimiento la genera Asia.
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El siglo XIX fue europeo por sus grandes posesiones coloniales, el siglo XX fue americano porque EEUU se erigió en gran superpotencia, pero el XXI va a ser el siglo asiático
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Este cambio tectónico de la geopolítica ¿en qué se va a traducir para los europeos?
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Nos afecta en todo, por mucho que creamos que vivimos en una especie de torre de marfil ajenos a lo que ocurre al resto del mundo. Europa tiene que decidir qué rol quiere tener en el mundo y asumir que viene de décadas de dependencia militar de Estados Unidos y que esa situación se ha terminado. Lo vimos con la agresión de Rusia a Ucrania, que dejó a Europa en un estado de shock que ha aumentado al ver que el amigo americano quiere replegar sus fuerzas sobre sus intereses. Esta es una situación a la que no estamos acostumbrados a enfrentarnos. Los europeos tenemos que ponernos las pilas si queremos sobrevivir y saber que las reglas que se han construido después de la Segunda Guerra Mundial están saltando por los aires.
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¿Y Trump, qué significado da a su figura?
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Paradójicamente, Trump es la principal amenaza contra el imperio americano que pretende engrandecer. Pero su postura aislacionista no es pasajera, sino la percepción del norteamericano medio. Se suele ver a Trump como una fuente de ocurrencias, pero en realidad es una consecuencia de cómo está su país hoy. El mensaje que vende puede sonar populista y simple, pero es el reflejo de una sociedad que ya no quiere llevar en sus espaldas el peso del imperio que creó.
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¿Cómo es el nuevo orden mundial?
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Tras el colapso de la URSS creímos que los conflictos iban a ser asimétricos, como los que se dan entre un Estado y un grupo terrorista, pero ahora hemos vuelto la lógica clásica de los conflictos entre Estados, y algunos aspiran a redibujar las fronteras. En Europa nos creímos el cuento de que el mundo se basa en reglas, en una autoridad moral. Esto suena muy bonito cuando se pone en los tratados, pero ignora que toda norma necesita una fuerza coercitiva que obligue a ser cumplida. La arquitectura geopolítica que heredamos de la Segunda Guerra Mundial está colapsando y vamos hacia otra en la que la fuerza coercitiva va a contar más a la hora de ordenar el tablero.
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¿Es un escenario más militar, incluso bélico?
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Por seguir el caso chino, Pekín no necesitaría una flota de portaaviones si no fuera a disputarle la hegemonía marítima a Estados Unidos. Sin embargo, no para de fabricarlos. Una guerra no es probable a corto plazo, pero China se está preparando para ese escenario. Tras la caída de la URSS, China adoptó el capitalismo, a su manera, pero no la democracia, y a sus ciudadanos les decía: no tenéis tantas libertades como en Occidente, pero estáis creciendo un 10%. Sin embargo, a día de hoy, China no puede seguir creciendo al ritmo que lo hacía y la población china puede empezar a quejarse. Un buen aliciente puede ser recuperar el orgullo chino. Esto ya lo vemos en las producciones chinas, que cada vez son más patrióticas. Taiwán puede ser ese aliciente.
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