Trump descubre que la guerra en Irán es todo menos una «excursión»
Al escuchar algunos de los mensajes que Donald Trump y sus lugartenientes han lanzado últimamente, cualquiera podría pensar que el régimen de los ayatolás en Irán es ya historia y la guerra se ha saldado con la victoria más apabullante desde los tiempos de Napoleón o Genghis Khan. «Hemos ganado esta guerra», proclamó Trump el martes tras afirmar que «el régimen terrorista de Irán está siendo totalmente destruido». O «nunca en la historia un ejército moderno ha sido tan rápidamente obliterado y derrotado», dijo después su secretario de Guerra, Pete Hegseth. El problema es que esas afirmaciones son pura fantasía, propaganda para consumo interno. Un mes después del inicio de la agresión militar parece que es Teherán el que tiene las llaves del conflicto. Y Trump el actor beligerante con más presiones para dar cuanto antes carpetazo a la guerra.
[–>[–>[–>El republicano utiliza con frecuencia lo que algunos sociólogos llaman la táctica del espejo: esencialmente atribuir a otros lo que uno siente o aquello de lo que se le acusa. Y esta semana, tras dejar en pausa su penúltimo ultimátum a Irán para abrir una vía de negociación paralela al conflicto armado, repitió que Teherán «está desesperado por llegar a un acuerdo». Esa afirmación no solo contradice la actitud demostrada hasta ahora por los ayatolás, sino que en privado Trump ha informado a sus allegados que quiere dar pronto carpetazo a la guerra, según varios medios estadounidenses. En esas conversaciones les habría dicho que el conflicto es una distracción que le impide perseguir otras prioridades.
[–> [–>[–>Pero hay algo más que su valioso tiempo en juego. Esta guerra —a la que EEUU fue arrastrado por Israel, según han reconocido miembros de su Administración— es muy impopular entre la opinión pública estadounidense. Su aprobación raramente llega al 40%. Y la calle empieza a sentirla en el bolsillo. El galón de gasolina ha aumentado más de un dólar desde su inicio, mientras los fertilizantes se apreciaban un 50% en los mercados internacionales. La OCDE predice ahora que la inflación en la primera economía mundial aumentará este año hasta el 4,2%, doblando los niveles deseados. Para colmo, las bolsas en EEUU vivieron esta semana su peor descalabro desde el 28 de febrero, con una caída del Nasdaq del 10%. Algunos congresistas republicanos han advertido que el conflicto puede costarle a su partido las elecciones legislativas de noviembre.
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Un régimen más radical y fortalecido
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Tampoco en el campo de batalla es oro todo lo que reluce. Irán no se ha desplomado ni política ni militarmente. Su régimen mantiene un férreo control del país pese a la decapitación de sus líderes, que han sido rápidamente reemplazados por otros más radicales. Y el punto más estratégico y vital para la economía mundial de la región, donde imperaba la libertad de navegación, está ahora bajo su control. No solo eso sino que Teherán está haciendo caja con los pocos petroleros que deja pasar por el estrecho de Ormuz.
[–>[–>[–>«Irán quiere esta guerra de desgaste», le ha dicho a ‘The Washington Post’, Nate Swanson, un exdiplomático estadounidense que participó el año pasado en las negociaciones con Teherán. «Una vez iniciada la guerra pasaron a tener dos objetivos: uno era sobrevivir, el otro sobrevivir más que Trump. Hacer que EEUU sienta tanto dolor a través de la economía y los ataques a la infraestructura energética, que no lo vuelva a hacer». Un mensaje que va también dirigido a Israel y los países árabes del Golfo, seriamente castigados por sus bombardeos.
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Arsenal de misiles iraní
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Tanto que Arabia Saudí y Emiratos presionan ahora entre bambalinas para que se recrudezcan los ataques, según varios medios. Saben que, de acabar así, les espera un vecino herido, paranoico y, hasta cierto punto, fortalecido, tras demostrar su capacidad para infligirles costes elevadísimos pese a su declarada neutralidad.
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[–>No solo eso. Reuters publicó el viernes que el grueso del arsenal de misiles iraní estaría intacto, a diferencia de su armada o sus defensas antiaéreas. La inteligencia estadounidense solo han podido confirmar la destrucción de un tercio de su arsenal. Y como saben también los israelíes o los militares de EEUU esa es una potencia de fuego nada desdeñable. De acuerdo con el ‘New York Times’, «muchas de las 13 bases militares» que Washington tiene en la región «han quedado inhabitables» debido a los daños ocasionados por los misiles y drones iraníes. Un golpe sin precedentes.
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La cuestión es qué rumbo adoptará ahora la guerra, descrita como «un error político desastroso» por el siempre comedido presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier. Trump ha expandido hasta el 6 de abril el plazo para continuar con las negociaciones, pero a medida que se conocen los términos planteados por Washington aumenta el fatalismo. «La posición americana es esencialmente la rendición de Irán, mientras la respuesta iraní es esencialmente la rendición americana», ha dicho Ilan Goldenberg, un exasesor de la Administración Biden.
[–>[–>[–>Si el diálogo fracasa, como parece en estos momentos, Trump promete destruir las centrales eléctricas iraníes, a lo que Irán ha respondido prometiendo hacer los propio en los países del Golfo. Sería la guerra total, una guerra de destrucción mutua, que podría enfangarse todavía más si la infantería que el Pentágono ha enviado a la región entra en acción con alguna invasión localizada del territorio iraní. Vaya que la «excursión» de Trump en la vieja Persia, su «operación militar» a lo Putin, como ha llegado a definirla, podría convertirse en su Ucrania y su Vietnam en cuanto el primer soldado de EEUU ponga pie en Irán.
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