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Trump replantea su ofensiva contra Venezuela

Trump replantea su ofensiva contra Venezuela
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  • Publishedenero 10, 2026




Cuando todo apuntaba a una escalada definitiva, Donald Trump decidió parar. El presidente estadounidense anunció la cancelación de una segunda ola de ataques contra Venezuela, una decisión que sorprendió tanto a aliados como a detractores y que reconfigura, al menos temporalmente, uno de los frentes más sensibles de la política exterior de Washington. La explicación oficial no se hizo esperar: los «gestos» del chavismo, reflejados en la liberación de varios presos políticos, justificaban una pausa estratégica.

Sin embargo, esto no es un giro pacifista ni una retirada total. Trump dejó claro que los activos militares estadounidenses seguirán desplegados en el Caribe y que la presión sobre Caracas continúa. La pausa no es retirada: es cálculo.

Gestos del chavismo, concesiones mínimas

La liberación de presos políticos por parte del régimen venezolano fue presentada por Washington como una señal de cooperación. Para el chavismo, debilitado tras meses de aislamiento y presión internacional, el movimiento busca ganar oxígeno político y reducir el riesgo de una intervención total. Para la oposición y las organizaciones de derechos humanos, sin embargo, es una Concesión parcial, reversible y claramente insuficiente.

El problema de fondo sigue intacto: no hay garantías institucionales, ni calendario electoral creíble ni mecanismos de verificación independientes. Los prisioneros liberados son, para muchos analistas, una moneda de cambio en una negociación asimétrica con la primera potencia mundial.

Tras la caída de Maduro, el vacío de poder

Este nuevo escenario no se puede entender sin el contexto anterior: la captura y traslado a Estados Unidos de Nicolás Maduro, un episodio sin precedentes que dejó al chavismo sin su figura central y abrió un vacío de poder en Caracas. Desde entonces, el país se ha convertido en un territorio en disputano sólo político sino también económico y estratégico.

Washington ha interceptado envíos de petróleo crudo, ha reforzado su presencia naval y ha condicionado cualquier alivio a avances concretos en materia política. La cancelación de los atentados no implica una normalización, sino una nueva fase de presión indirecta.

El petróleo como eje real de la estrategia

Si hay un hilo conductor en la política de Trump hacia Venezuela es el petróleo. Las conversaciones con empresarios estadounidenses del sector energético avanzan paralelamente a los gestos diplomáticos. El objetivo es Reinsertar el crudo venezolano en los mercados internacionales. en condiciones favorables a Estados Unidos y reducir la influencia de China y Rusia en una de las mayores reservas del planeta.

La promesa de inversiones millonarias para reconstruir la infraestructura petrolera venezolana no es altruista. Responde a una lógica clásica del poder: control de recursos estratégicos a cambio de una relativa estabilidad. Venezuela, en este esquema, deja de ser sólo un problema político y se convierte en una oportunidad económica.

María Corina Machado entra en escena

En medio de esta compleja junta, Trump anunció que se reunirá la próxima semana con María Corina Machadola cara más visible de la oposición democrática venezolana. El encuentro tiene un alto valor simbólico: legitima a Machado como interlocutor internacional y envía un mensaje inequívoco al chavismo.

Pero también revela la ambigüedad de la estrategia estadounidense. Washington negocia con quienes controlan el territorio y, al mismo tiempo, apoya a quienes aspiran a reemplazarlos. No es una contradicción; Es pragmatismo. Trump busca mantener abiertas todas las opciones sin comprometerse completamente con ninguna.

Anoche, en una entrevista televisiva que marcó el cierre de una intensa jornada de decisiones estratégicas, Donald Trump dijo que aceptaría con gusto el Premio Nobel de la Paz si se lo entregara María Corina Machado. La líder venezolana, concedida en 2025 -reconocimiento que dedicó públicamente a Trump por su papel en el derrocamiento de Nicolás Maduro- ha sido protagonista de filtraciones que, según varios medios estadounidenses, ayudaron a explicar por qué el presidente estadounidense la había marginado inicialmente de su enfoque de la transición en Venezuela.

Portavoces anónimos citados por el Washington Post sugirieron que la aceptación por parte de Machado del Premio Nobel (un premio que Trump codiciaba para sí mismo después de su regreso a la Casa Blanca) fue percibida internamente como un agravio político que complicó su inclusión en la estrategia estadounidense en Caracas.

Diplomacia selectiva y poder duro intacto

La cancelación de la ofensiva militar no implica una renuncia al uso de la fuerza. Es más bien una demostración de que la amenaza sigue siendo la principal herramienta de presión. Trump cambia el tono, no la sustancia. El mensaje a Caracas es claro: Cualquier retroceso en los «gestos» tendrá consecuencias inmediatas.

Este enfoque ha generado malestar incluso dentro de Estados Unidos. Algunos sectores del Congreso advierten sobre los riesgos de una implicación prolongada en un país profundamente inestable, mientras que otros cuestionan que los derechos humanos se utilicen como moneda de cambio y no como principio rector.

Reacciones regionales y riesgos geopolíticos

En América Latina, la medida estadounidense se observa con cautela. Gobiernos como los de Brasil o Canadá han insistido en que cualquier transición debe ser liderada por venezolanos y respetar la soberanía nacional. El temor es que el control energético percibido como impuesto desde fuera reactive viejos reflejos antiestadounidenses y profundizar la polarización regional. Además, una Venezuela convertida en protectorado energético sería un precedente incómodo para una región históricamente sensible a la interferencia externa.

Una pausa que no es paz

La decisión de Trump de cancelar la segunda ola de ataques no cierra el conflicto venezolano. Lo redefine. La liberación de los presos políticos, el encuentro con María Corina Machado y las negociaciones petroleras son parte de una misma ecuación: poder, recursos y control. Venezuela sigue siendo un polvorín social y político. La pausa militar es sólo un paso más en un juego de ajedrez geopolítico donde el petróleo pesa tanto como la democracia y donde la estabilidad sigue siendo frágil, condicional y profundamente incierta.



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