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Turquía, la potencia imprescindible emerge de la guerra de Irán

Turquía, la potencia imprescindible emerge de la guerra de Irán
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  • Publishedmayo 25, 2026




Entre Europa y Asia, la OTAN y las tierras y pueblos del antiguo Imperio Otomano, lo laico y lo islámico, la Turquía de Recep Tayyip Erdogan emerge de la guerra de Irán como la potencia esencial en la región. Mediante la ambigüedad calculada y el cinismo que son señas de identidad de la casa, Ankara quiere evitar una victoria total de Israel y Estados Unidos que podría terminar con el desmantelamiento de la República Islámica, así como una nueva escalada que ponga en peligro la estabilidad de su patio trasero y arrastre a la economía mundial -y a la economía turca, muy golpeada por la inflación- a una nueva crisis, y, al mismo tiempo, aspira a seguir consolidando su papel protagonista en la diplomacia y la mediación regional.

Como ocurrió en Gaza – Ankara es uno de los países fundadores de la Junta de Paz para la Franja el pasado mes de enero – la diplomacia turca siempre estuvo ahí desde el comienzo de la ofensiva israelí-estadounidense contra el régimen de los ayatolás. Aunque desempeña un papel más discreto que Pakistán, Turquía ha sido clave en la mediación entre Teherán -país con el que siempre ha mantenido canales de diálogo a pesar de la rivalidad geopolítica- y Washington, y la relevancia de ese papel ha ido aumentando con el paso de las semanas.

«No queremos volver a la guerra. La guerra ciertamente no es una solución. Trae consigo inestabilidad, privaciones económicas y posible destrucción no sólo para la región, sino para el mundo entero», advirtió recientemente el ministro turco de Asuntos Exteriores, Hahan Fidan.

“En la situación actual, Turquía se posiciona como un mediador clave en la competencia entre Omán, Pakistán, Rusia y China por alcanzar la paz y busca llenar ese vacío diplomático ofreciendo un marco trilateral más estructurado”, afirma a LA RAZÓN, socióloga y especialista en política exterior turca Nilüfer Narli.

«Los objetivos estratégicos de Ankara en el proceso de mediación son cruciales para Turquía, la UE y la región. Su motivación para asumir un papel de liderazgo no se limita al prestigio regional; es una cuestión de seguridad nacional y estabilidad económica. Un nuevo aumento de los precios del petróleo y cualquier nueva escalada que dañe la infraestructura iraní o conduzca a un bloqueo total podría tener consecuencias muy negativas para la economía turca», explica el director del Departamento de Sociología de la Universidad de Bahçeşehir.

Por su parte, el investigador doctoral en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid Pol Mauri destaca la relevancia del diálogo de Ankara con Teherán: «El intercambio de propuestas con la mediación paquistaní ha tenido un resultado agridulce en materia de enriquecimiento de uranio. Por su parte, Turquía ha intentado mostrarse como un país favorable a un acuerdo a través del contacto directo con interlocutores iraníes».

“Aun así, la ‘potencia media’ no ha perdido el tiempo y está proponiendo rutas energéticas y comerciales, entre las que destacan las conexiones gasísticas con Siria y el proyecto ferroviario del Hejaz, que conectaría Europa con Arabia Saudí”, dice a LA RAZÓN el especialista en el movimiento nacionalista kurdo y miembro del Grupo de Estudio sobre Pueblos Iraníes de la Universidad Autónoma de Madrid.

Pero una debilitada República Islámica de Irán -y su red de influencia regional- favorece a las otras grandes potencias medias de Oriente Medio como la propia Turquía de Erdogan, que ha oscilado entre las ambiciones neootomanas, la doctrina de profundidad estratégica del ex canciller Davutoğlu («problemas cero con los vecinos») y el kemalismo clásico, y a la que miran con creciente respeto e interés, además de la nueva Siria de Ahmed al Sharaa, las petromonarquías del Golfo, desconcertado tras la sensación de vulnerabilidad vivida en los últimos casi tres meses. Y también un Donald Trump perfectamente consciente del papel central de Ankara, el segundo ejército de la OTAN, para la estabilidad de la región.

A corto plazo, en cualquier caso, las grandes preocupaciones de las autoridades turcas son las consecuencias internas de la guerra y, por supuesto, la cuestión kurda y el temor a una insurgencia armada -hoy prácticamente descartada- desde suelo iraquí hacia el interior de la República Islámica. La frontera turco-iraní ya ha recibido a miles de personas desplazadas y con la precaria situación económica de Irán, el flujo podría aumentar en las próximas semanas y meses. «La situación económica podría provocar una crisis de refugiados. Turquía se está comportando con habilidad, manteniendo un equilibrio entre la OTAN y la autonomía regional, de modo que pueda actuar de forma independiente para evitar una catástrofe regional y desempeñar un papel positivo», concluye el especialista turco en política exterior Nilüfer Narli.



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