un amor de universidad lleno de desafíos y ante la peor crisis de la Corona
A comienzos de este milenio, en el campus de la elitista Universidad de Saint Andrews se respiraba una atmósfera diferente. En 2001, tras tomarse un año sabático después de sus estudios en Eton, el príncipe Guillermo (43 años) se matriculó en Historia del Arte con 19 años.
La expectación era máxima. Aquel primer día, su padre, por entonces el príncipe de Gales, le acompañó hasta el condado de Fife (Escocia) para desearle buena suerte.
Paralelamente, una atractiva joven morena con una buena posición económica también se había matriculado en la misma carrera tras optar también por un año sabático. Era Kate Middleton (44), quien hasta ese momento era una perfecta desconocida para la prensa.
Que ambos vivieran en la misma residencia universitaria llamada St. Salvator‘s Hall propició que tarde o temprano se conocieran. De puertas para adentro no importaba que tuvieran sangre azul, ya que la normativa era igual para todos.
El príncipe Guillermo y Kate Middleton el día de su boda.
Gtres
Entre los dos surgió tan buen rollo que, junto a otros dos amigos, decidieron que con el nuevo curso se mudarían en septiembre de 2002 a un apartamento fuera del campus.
Durante la entrevista que Guillermo y Kate concedieron con motivo de su compromiso, el Príncipe reveló que «a partir de ahí, lo nuestro simplemente floreció, realmente. Simplemente nos vimos más y, ya sabes, pasamos un poco más de tiempo juntos”.
Kate había sido un gran apoyo cuando Guillermo le dijo que quería cambiarse de universidad porque no le gustaba la carrera. Ella le sugirió que se quedara y que barajara otra posibilidad.
Así fue como el nieto de Isabel II se decantó por estudiar Geografía y, posteriormente, realizar un máster en Historia.
Durante su primer año de estudios ambos estaban saliendo con otras personas. Él con la socialité Olivia Hunt y ella con Rupert Finch (47), estudiante de último curso de Derecho.
Pero un desfile lo cambiaría todo para siempre. Sería el origen del nuevo legado de los Windsor.
El príncipe Guillermo y Kate Middleton el día de su boda.
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El 26 de marzo de 2002 Kate Middleton participó en el desfile benéfico de la universidad llamado El arte de la seducción. Guillermo había pagado alrededor de 230 euros para estar en las primeras filas.
Cuando su amiga salió a la pasarela con un vestido transparente de encaje negro sobre ropa de interior oscura diseñada por la estudiante Charlotte Todd, algo se removió en su fuero interno.
Al verla, supuestamente el hijo de Lady Di le dijo a uno de sus amigos: «¡Vaya, Kate está realmente buena!». Lo bueno de esta anécdota es que Guillermo y Kate rompieron con sus respectivas parejas.
Algo se estaba cociendo en el ambiente.
Como diría años después la diseñadora a la revista People: «Todo el mundo dice que el desfile fue cuando empezó el romance, así que una pequeña parte de mí siempre formará parte de la historia real ¡Es una locura!». Poco a poco, lo que había empezado como una bonita amistad empezó a traspasar a otro tipo de amor.
Como los paparazzi estaban al quite con los movimientos de Guillermo, sobre todo, para ver quiénes podrían ser las jóvenes que estaban tonteando con él, los tabloides no tardarían en publicar las primeras imágenes de él junto a Kate. Primero en un partido de rugby, después esquiando y, en 2005, ambos celebraron su licenciatura en St. Andrews junto a sus familias.
En enero de 2006 ocurrió el milagro. Mientras esquiaban en la estación suiza de Klosters, la favorita de Carlos III (77), Guillermo y Kate se besaron en los labios. Esa fue la primera vez que los fotógrafos pudieron probar que entre ellos había algo especial. Mientras tanto, el palacio de Buckingham ni confirmaba ni desmentía.
De repente, Kate se sintió insegura e impotente. A duras penas aguantaba la presión de los paparazzi y a raíz de su 25º aniversario estalló: «No puedo seguir con esto«, le dijo llorando a su novio. Según explicó a People el periodista Russell Myers, autor de la biografía William and Catherine, The Monarchy’s New Era: The Inside Story, el príncipe «no reaccionó como Catherine esperaba» porque estaba “cegado por sus propias inseguridades”.
Y aseguró que en una conversación telefónica de media hora, el heredero al trono le explicó a su novia por qué sentía que estaban en «páginas diferentes» y que «no podía ofrecer una garantía de matrimonio». Se produjo la ruptura.
El príncipe Guillermo y Kate Middleton el día de su boda.
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Como era de esperar, a Kate se le vino el mundo encima y buscó consuelo en sus padres, Carole (71) y Michael (76), que amasaron una pequeña fortuna tras fundar Party Pieces, la empresa de artículos para fiestas. Asimismo, también estuvo muy protegida por sus hermanos, Pippa (42) -su eterna confidente- y James (39).
Pero el distanciamiento no pudo con lo que realmente sentían los jóvenes, que volvieron a unir sus caminos en junio de 2007 cuando se les vio besándose en una fiesta del ejército ya que Guillermo había empezado su formación militar.
Al mes siguiente, la pareja asistió al 60º cumpleaños de Camila (78), que se había casado por lo civil en el castillo de Windsor con el príncipe Carlos en abril de 2005.
Poco a poco su relación fue consolidándose y el pueblo británico daba sus bendiciones a la plebeya porque estaba rejuveneciendo una rancia institución. Ver feliz a Guillermo tras la trágica muerte de su madre en agosto de 1997 y ser testigo de cómo Camila, que había sido la amante de su padre y a quien él y su hermano Harry (41) apodaban Cruela de Vil o la Bruja del Oeste, conseguía casarse con el futuro monarca, era algo impagable
Finalmente, Clarence House, antigua residencia oficial de la Reina Madre que en ese momento era de Carlos de Inglaterra, anunció en noviembre de 2010 el compromiso de la pareja. Guillermo se había puesto de rodillas durante un viaje a Kenia con el icónico anillo que Carlos había regalado a Diana de Gales.
Kate Middleton llegando en un Rolls Royce el día de su boda.
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Un zafiro azul ovalado de 12 quilates rodeado por 14 diamantes talla redonda montado en oro blanco de 18 quilates. De esta manera, él quiso homenajear a su progenitora: «Esta fue mi forma de tenerla cerca en todo momento«, confesó en la entrevista oficial de su compromiso.
Cuando le tocó hablar a Kate dijo que conocer al príncipe Carlos «fue muy, muy cómodo, muy agradable, no podría haber sido más sencillo para mí» y confesó que durante su proceso de amistad y noviazgo “nos dimos cuenta de que compartíamos los mismos intereses y nos lo pasábamos muy bien juntos”.
Mario Testino, el fotógrafo de la top models, se encargó del reportaje fotográfico. Varias semanas después, Kate fue convocada en el palacio de Buckingham para conocer a la monarca. La boda se celebraría el 29 de abril de 2011 en la abadía de Westminster.
La expectación era máxima en las calles de Londres. En ese día tan especial, Kate decidió romper con la tradición al llegar a la abadía en un Rolls Royce en vez de hacerlo en el carruaje real Glass Coach, el mismo que usaron la reina y, posteriormente, los príncipes de Gales.
Tal y como recordó el experto en la realeza Richard Fitzwilliams para la revista Reader’s Digest: «William quería casarse con su abrigo oscuro favorito de la Caballería de la Casa Real, pero la reina le dijo que llevara el de la Guardia Irlandesa del Coronel». El enfrentamiento dejó frustrado al príncipe, pero «ella tuvo la última palabra». En cambio, Kate fue libre para elegir su vestido.
Se decantó por un diseño de Sarah Burton para Alexander McQueen que recordaba al lucido por Grace Kelly el día de su enlace con Rainiero III de Mónaco en abril de 1956.
El Decano de Westminster ofició el servicio, el arzobispo de Canterbury casó a la pareja y el obispo de Londres pronunció el discurso. Tras la ceremonia, los recién casados, que recibieron el título de Sus Altezas Reales el Duque y la Duquesa de Cambridge, viajaron en una procesión tirada por caballos hasta el Palacio de Buckingham.
Isabel II organizó una recepción para la pareja y sus invitados en esa residencia donde acudieron, además de los familiares de los Windsor y los Middleton, miembros del gobierno británico y de casas reales reinantes y no reinantes, algunos de los rostros más conocidos del espectáculo y el deporte como el matrimonio Beckham, Elton John y su esposo David Furnish, Rowan Atkinson ‘Mr. Bean’ o Ian Thorpe.
La luna de miel la pasaron en una villa privada de lujo en las Seychelles. A su regreso, se instalaron en régimen de alquiler en una casa de campo en Anglesey (Gales), ya que el príncipe trabajaba como piloto de helicópteros de búsqueda y rescate en la base de la Royal Air Force en Valley. Durante dos años disfrutaron de una plácida y discreta vida.
Transcurrido ese tiempo se mudaron al palacio de Kensington, concretamente, al apartamento 1A, el más grande del recinto con cuatro plantas donde previamente había residido la princesa Margarita.
Ubicado en el centro de Londres, los duques de Cambridge disfrutaron de su primer año como papás tras el nacimiento del príncipe Jorge (12). Con la llegada de la princesa Carlota (10), Kate y Guillermo decidieron que sería bueno para la crianza de los pequeños alejarse de la gran ciudad.
Por ello decidieron mudarse en 2015 a Anmer Hall, una mansión campestre de 10 habitaciones de principios del siglo XIX ubicada en los terrenos de la residencia real Sandringham House, comprada por el rey Eduardo VII y que fue el regalo de boda de la reina Isabel II. Los Cambridge residieron allí hasta 2017.
El matrimonio decidió volver al palacio de Kensington por varios motivos, entre ellos, el de ayudar a la reina en sus compromisos oficiales y facilitar el inicio de la educación del príncipe Jorge. En abril de 2018 nació su último hijo, el príncipe Luis, el más travieso de todos a tenor de los innumerables vídeos mostrados en televisión.
El príncipe Guillermo y Kate Middleton en un acto público.
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Nuevamente, la familia decidió mudarse en agosto de 2022 a Adelaide Cottage, a diez minutos caminando del castillo de Windsor, con la firme intención de tener una vida lo más privada posible, estar rodeados de naturaleza y ofrecer una educación normal a sus descendientes. Asimismo, Guillermo estaría mucho más cerca de su abuela, que decidió instalarse en Windsor tras el confinamiento.
Adelaide Cottage destaca por ser tremendamente humilde ya que solo cuenta con cuatro dormitorios, lo que imposibilita que el servicio y el equipo de seguridad convivan bajo el mismo techo. Ese fue un requisito fundamental para el matrimonio.
Esta decisión contrasta radicalmente con la elección realizada por el príncipe Harry y Meghan Markle (44) quienes, tras mudarse a California a raíz del Brexit en 2020, optaron por comprarse una mansión en Montecito de unos 30 millones de dólares y 1.600 metros cuadrados.
Contra todo pronóstico, la apacible estancia de Guillermo y Kate quedó truncada un mes después por el inesperado fallecimiento de la soberana el 8 de septiembre de 2022. A raíz de la subida al trono de Carlos III, el matrimonio pasó a ostentar el título de príncipes de Gales.
La vida del heredero a la corona transcurría plácidamente hasta que en enero de 2024 se desveló que Kate había sido sometida en Londres a una operación abdominal. Los rumores de que algo era mucho más serio de lo que aseguraba el palacio de Buckingham estaban a la orden del día.
El príncipe Guillermo y Kate Middleton en un acto público.
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El 22 de marzo de ese mismo año, la princesa de Gales anunció a través de un emotivo vídeo que tenía cáncer. «Estoy bien y cada día me siento más fuerte», confesó de forma sosegada. Además, reveló que tras las pruebas realizadas en su operación de enero «descubrieron que había cáncer, por lo tanto, mi equipo médico me recomendó que me sometiera a un tratamiento de quimioterapia preventiva y ahora me encuentro en las primeras etapas de ese tratamiento».
Tras terminar ese tratamiento, durante una visita a un hospital en julio de 2025, Kate Middleton dijo que, cuando tienes cáncer, «has de encontrar tu nueva normalidad y eso lleva tiempo… y es una montaña rusa». Durante todo este proceso, la princesa llegó a publicar fotos y vídeos campestres junto a sus hijos para mostrar la mayor normalidad posible y transmitir una sensación de fortaleza.
En noviembre de ese año, los príncipes de Gales decidieron cambiar nuevamente de residencia. Hasta la fecha habitan Forest Lodge, una casa de campo de estilo georgiano del siglo XVIII de ocho dormitorios ubicada en las 4.800 hectáreas del Gran Parque de Windsor.
De esta manera seguirán estando cerca del castillo de Windsor para los actos oficiales y compromisos reales y no interrumpirán la rutina de sus hijos al estar ya adaptados al colegio Lambrook, muy cerca de su hogar.
Este 29 de abril, los príncipes de Gales celebrarán en la intimidad sus 15 años de casados.
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