UN AÑO DE TRUMP | ¿Cómo deben relacionarse con Estados Unidos las potencias europeas?
El canciller alemán Otto von Bismarck mantuvo hasta 1890 una política exterior de statu quo: combinaba la disuasión militar y la acomodación política en su trato con otras potencias europeas. El resultado fue que, entre 1875 y 1890, Alemania estuvo segura y en paz gracias a esta estrategia de palo y zanahoria.
[–>[–>[–>Pero el emperador Guillermo II decidió destituir a Bismarck y abandonar el paradigma del statu quo. En su lugar, impulsó una política de expansión por la vía militar. El káiser quería construir un imperio más extenso y ampliar más la esfera de influencia alemana. Sus tácticas fueron la beligerancia y un acoso sin matices. Agitar “el puño de hierro” ante los demás fue el recurso preferido del equipo de Guillermo.
[–> [–>[–>“El enfoque del presidente Donald Trump en política exterior se parece al del káiser Guillermo II entre 1890 y 1917”, dice a EL PERIÓDICO Stephen Van Evera, profesor emérito de Ciencia Política del Massachusetts Institute of Technology (MIT). “Su expansionismo y beligerancia tuvieron resultados desastrosos para Alemania. Con el tiempo provocaron la creación de una coalición anti-alemana que finalmente superaría y derrotaría a Alemania en la Primera Guerra Mundial”.
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Esa coalición no fue inmediata, sino que tardó años en formarse, a a raíz de hitos geopolíticos de los años 1904 (Entente Cordiale), 1907 (Entente anglo-rusa), 1911 (crisis de Agadir) y 1917 (Entrada de Estados Unidos en la guerra). La coalición anti-alemana acabó adquiriendo “unas dimensiones formidables”. Al final, Alemania quedó prácticamente rodeada de enemigos a consecuencia de sus propios actos agresivos.
[–>[–>[–>El profesor espera que el resultado de la política trumpiana, que define como “neo-guillermiana”, será similar para el Estados Unidos contemporáneo que para la Alemania del káiser Guillermo. “Cada vez más países verán a Estados Unidos como una amenaza a la que hay que contener y disuadir, y actuarán en consecuencia”, descifra el experto del MIT. Los países europeos ya se están rearmando, por ejemplo. En principio se trata de contener a Rusia pero, luego, ¿qué vendrá? “Puede que hagan falta algunos años para que se manifiesten los efectos contraproducentes de la beligerancia de Trump. Pero si Trump y sus sucesores continúan por esta senda ‘neo-guillermiana’, el final más probable será el cerco autoimpuesto de Estados Unidos, en perjuicio tanto del propio país como del mundo”.
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¿Confrontar o contemporizar con Trump?
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La intensidad de la coerción internacional ejercida por Donald Trump durante este primer año de su segundo mandato ha dejado atónitos a muchos, especialmente a sus aliados. La Unión Europea tardó un tiempo en salir de la parálisis (algunos apuntan a que sigue en ella). Decidió, finalmente, contemporizar con el “nuevo káiser” global: sonreír, negociar, usar de las artes de la diplomacia.
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[–>Esa estrategia quedó reflejada en la foto de la reunión en el despacho oval. Trump, majestuosamente sentado en un sillón delante de los oropeles. En frente, en sillas bajas, los líderes europeos, de Úrsula von der Leyen a Friedrich Merz o Emmanuel Macron. Parecían alumnos escuchando la lección.
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China, en cambio, decidió enseñar los dientes. Cuando Washington amenazó con ponerles unos aranceles astronómicos, Pekín se los subió de vuelta. Aguantó el pulso. Ahora, parecen haber logrado al menos una tregua en lo que parecía que iba a ser una guerra comercial total.
[–>[–>[–>Donald Trump y Xi Jinping / Europa Press/Contacto/Daniel Torok/White House
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Trump siempre habla bien del autócrata chino, Xi Jinping. A los europeos los insulta cuando le viene en gana. Hasta se ha mofado en público de la actitud presuntamente servil de Macron en sus reuniones privadas.
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“Abrazar a los matones nunca funciona. Esa lección que todos aprendemos en la escuela se la saltó Neville Chamberlain [el líder británico que firmó un acuerdo de paz con Hitler]», dice para este diario Thomas G. WeissProfesor emérito de Ciencias Políticas de la City University of New York (CUNY) «Lo importante es resistir y no dar pasos atrás. Su política exterior es como la interna: impulsiva, transaccional y peligrosa».
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¿Cómo se debe responder a la coerción de Trump?
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No todos creen que la confrontación con el hombre más poderoso del mundo es el mejor camino. Especialmente teniendo en cuenta que, al menos por el momento, Europa necesita a Estados Unidos para evitar que Rusia conquiste Ucrania.
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“La contemporización podría funcionar mejor para los aliados históricos de Estados Unidos, que siguen compartiendo valores e intereses comunes”, opina para este diario Peter L. Hahn, profesor emérito distinguido de Historia de la Ohio State University. “Las potencias rivales, en cambio, podrían combinar la resistencia a los dictados de Trump con pactos y alianzas antiestadounidenses nuevos o renovados, con la esperanza de burlar o de aguantar hasta que pase su etapa. Solo el tiempo dirá qué enfoque hacia Trump resulta más eficaz”.
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El experto en políticas públicas David Mednicoff considera que hay que tener muy en cuenta el factor personal a la hora de lidiar con el magnate estadounidense. “Trump interpreta la mayoría de las cosas en términos muy personales, de líder a líder. Parece que la adulación, cerrar acuerdos que beneficien a empresas estadounidenses y montar una puesta en escena para el presidente sirven para captar su atención”, explica Mednicoff, profesor de Estudios de Oriente Próximo y Política Pública de la University of Massachusetts-Amherst. “Ni la confrontación ni apelar a las obligaciones o a las políticas tradicionales de Estados Unidos parecen útiles. En última instancia, Trump es un personaje bastante quijotesco y se alimenta de la idea de que es impredecible. Eso significa que no hay una respuesta totalmente eficaz para que los líderes se relacionen con él, más allá de trabajar con otros dirigentes afines para buscar formas de alcanzar objetivos globales compartidos, en la medida de lo posible, sin necesidad de la implicación de Washington”.
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Archivo – DONALD TRUMP / Andrew Leyden/ZUMA Press Wire/dp / DPA – Archivo
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En otras palabras: mantener el rumbo, apoyarse unas en otras y esperar que el actual desprecio de Estados Unidos por el compromiso diplomático no sobreviva al mandato de Trump y su equipo.
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Segundo mandato, desatado
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El desprecio de Trump por la diplomacia clásica no es nuevo. Su primer mandato estuvo dominado por el caos, por la revolución que sobresaltaba al globo cada mañana, con tuits que movían mercados e infundían miedo en las cancillerías de medio mundo. Pero en aquel mandato (2016-2020) tenía gente dentro de su equipo que moderaron sus políticas. El Departamento de Estado, el ministerio de Exteriores de Estados Unidos, seguía contando con experimentados diplomáticos y oficiales que sabían cómo funcionaba la relación entre Washington y el resto de capitales; conscientes de la importancia de mimar a los aliados. Esa época acabó.
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“Sigue diciendo cosas disparatadas que parecen pensadas para provocar, irritar o intimidar a sus rivales y detractores más que para expresar sus verdaderas intenciones. Eso no ha cambiado”, analiza Peter Hahn. Lo nuevo es su energía y su determinación, dice: esta vez va sin frenos por parte de asesores del establishment tradicional. Parece decidido a imponer su voluntad con rapidez y de forma dramática, sin inhibirse ante las convenciones habituales de la ley, la tradición o los protocolos diplomáticos. “Da la impresión de que aspira a abandonar el orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, para sustituirlo por un reparto de esferas de influencia entre las naciones más poderosas”, concluye.
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Así lo expresó su secretario de Estado, Marco Rubio, en su ponencia ante el Congreso para ser confirmado. El orden internacional que creó Estados Unidos tras la II Guerra Mundial había sido útil a su país, dijo, pero ya no lo era. Ahora está siendo aprovechado por otras potencias, como China, para crecer a expensas de Estados Unidos.
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Por eso, la nueva Administración Trump ha dado un volantazo total a la política estadounidense. Ya no se trata de cultivar alianzas. Amenazan a sus aliados europeos con adquirir, por las buenas o por las malas, el territorio danés de Groenlandia o les dejan fuera de las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania. Han ordenado por primera vez en la historia el «secuestro» o captura, según las fuentes, y deportación del presidente en ejercicio de un país soberano, el venezolano Nicolás Maduro. Se jactan de que Estados Unidos va a hacer lo que desee, porque, en palabras del consejero áulico de Trump, Stephen Miller, “para eso somos una superpotencia”. Una superpotencia que aliena a marchas forzadas a sus aliados y acelera el rearme de sus contrincantes. ¿Quedará aislada como la Alemania del káiser Guillermo en el futuro?
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