un desastre que pone aún más en evidencia al vestuario y también ‘salpica’ a Arbeloa
la eliminación de el verdadero madrid En albacete No fue una simple derrota. Es el reflejo de un equipo destrozado y sin alma que culminó la peor semana de su temporada con un éxito histórico.
El equipo blanco perdió 3-2 ante un Albacete que milita en la parte baja de la Segunda división, una humillación que se suma a la pérdida Supercopa de España tres días antes. En apenas 72 horas, el Madrid dijo adiós a dos títulos y confirmó que su crisis iba mucho más allá de un cambio de entrenador.
Los inicios de Álvaro Arbeloa No podría haber sido más amargo. Sin prácticamente ninguna formación con la que trabajar, el técnico se quedó con un panorama desolador en el Carlos Belmonte.
El Madrid tuvo el balón, claro, pero apenas generó ocasiones claras. Jugó sin mordiente, sin energía, sin el orgullo que siempre exige la camiseta blanca. Sólo cuando el marcador le puso contra las cuerdas apareció la reacción, aunque ya fuera demasiado tarde.
El partido mostró todas las carencias del equipo desde hace meses. En la primera parte el Madrid se mostró inofensivo. Un disparo lejano de Valverde fue todo el peligro generado hasta que Javi Villar adelantó al Albacete en el minuto 42 tras un córner mal defendido.
Mastantuono, precisamente el que había fallado, se repuso de su error empujando el empate en el 47 tras un rebote de Huijsen.
La segunda parte no cambió la trama. El Madrid seguía sin encontrar espacios, sin profundidad, sin un centrocampista capaz de generar juego. Vinícius intentó aprovechar la ventaja, pero chocó con un Albacete consolidado que defendía con orden y ambición.
Los jugadores del Albacete celebran su tercer gol ante el Real Madrid
EFE
Los cambios de Arbeloa no funcionaron. Y entonces llegó el golpe: en el minuto 82, Jefte Betancor Pareció poner el 2-1 con una volea que sorprendió a Lunin.
Madrid parecía muerto. Gonzalo García empató de cabeza en el minuto 91, cuando todo parecía perdido. La prórroga parecía inevitable. Pero en el minuto 94, durante la última jugada del partido, Jefté reapareció. Le ganó la carrera a Carvajal, el primer disparo rebotó lateralmente, pero el segundo lo colocó en el segundo palo con una frialdad asombrosa. El Carlos Belmonte explotó. Madrid, hundido.
Arbeloa mete pecho
El técnico compareció en rueda de prensa con gesto serio y asumió toda la responsabilidad. “Si hay un responsable de esta derrota soy yo, porque fui yo quien tomó las decisiones respecto a la plantilla, los cambios y la forma de jugar”, afirmó.
Arbeloa no huyó. No señaló con el dedo. Protegió a sus jugadores y cargó con el equipo a la espalda. Se le puede asignar la gestión de llamadas. Dejó en Madrid a jugadores como Mbappé, Tchouaméni, Bellingham y Rodrygo, ninguno de ellos lesionado.
El banquillo quedó desatendido, prácticamente sin recursos por parte del primer equipo. El técnico apostó por el filial -en la plantilla estaban Cestero, Palacios, David Jiménez, Joan Martínez y Manuel Ángel-, pero cuando el juego exigía calidad y experiencia no había a quién acudir.
Álvaro Arbeloa, en el banquillo del Real Madrid
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“Estaba convencido de que esta convocatoria era oportuna y lo sigo creyendo hoy”, insistió Arbeloa.
Con un solo entrenamiento no se puede exigir responsabilidad táctica, eso es cierto. Pero no es prudente dejar a tantas estrellas en casa con un empate por delante. El Madrid se quedó sin opciones cuando más las necesitaba.
Un vestuario sin respuesta
Si algo quedó claro en Albacete es que el problema no está sólo en el banquillo. El armario muestra signos de desgaste desde hace meses. La relación con Xabi Alonso se rompió hace unas semanas, con episodios de indisciplina y falta de compromiso que acabaron con la destitución del técnico tras el Clásico.
Pero la marcha de Xabi no solucionó nada. El equipo sigue sin físico, sin juego, sin reacción anímica. Dani Carvajal lo resumió contundentemente en zona mixta: «Hoy tocamos fondo. Nos eliminó un equipo de Segunda División. Todos tenemos que dar mucho más. Nosotros, yo ante todo, no estamos a la altura de las expectativas de este club».
Sólo quedan dos títulos
La derrota de Albacete tuvo consecuencias brutales. A 15 de enero, el Real Madrid sólo podía ganar dos títulos en la temporada: la liga y el Liga de Campeones. La Supercopa la perdió el Barcelona y la Copa del Rey ya es historia.
El mercado de invierno está abierto, pero Valdebebas insiste en que no habrá movimiento. El modelo es el que es. Y si no reaccionamos, si no aparece el orgullo, si no hay un cambio radical de actitud, la temporada podría acabar en el vacío. O peor aún: un fracaso absoluto.
Arbeloa tiene razón en una cosa: «No le tengo miedo al fracaso. El fracaso está en el camino del éxito, no van en direcciones contrarias». Pero el Madrid no tiene tiempo para filosofías.
El sábado recibe al Levante en el Bernabéu. Este será el primer examen real de esta nueva etapa. Tocará saber si el vestuario reacciona o si la crisis es terminal.
Porque Albacete no fue sólo una derrota. Era un espejo. Un espejo que refleja la imagen de un equipo sin alma, sin juego, sin orgullo. Y eso, en el Real Madrid, es imperdonable.
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