Un factor clave en la respuesta a las inyecciones para adelgazar: el eje intestino-cerebro
Las inyecciones para adelgazar (técnicamente denominadas agonistas del receptor GLP-1) se han convertido en una de las herramientas terapéuticas más potentes para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad. Sin embargo, su eficacia y tolerancia podrían depender de un factor hasta ahora poco explorado: el estado de la microbiota intestinal.
[–>[–>[–>En España, el uso de estos medicamentos ha experimentado un crecimiento exponencial. Según los datos del informe Latern, durante 2024 más de 430.000 personas recurrieron a fármacos GLP-1 para tratar el sobrepeso, lo que representa el 1,5% de la población de 21 a 60 años. Una cifra que, de mantenerse las tasas de crecimiento anual del 30%, podría superar las 940.000 personas en 2027, igualando al número de veganos y vegetarianos en nuestro país.
[–> [–>[–>Uno de los aspectos más novedosos es la relación bidireccional entre estos fármacos y la microbiota intestinal. Tal como describen estudios recientes, la composición de la flora bacteriana no solo influye en la respuesta al tratamiento, sino que también puede modular la aparición de los temidos efectos secundarios digestivos: náuseas, vómitos, diarrea, estreñimiento o mal aliento, que afectan entre el 40% y el 70% de los pacientes.
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Importancia del eje microbiota-cerebro
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«El eje microbiota-intestino-cerebro es clave para entender por qué no todos los pacientes responden igual a los agonistas GLP-1. Una microbiota equilibrada favorece la producción de ácidos grasos de cadena corta, que estimulan la secreción natural de GLP-1 y potencian la acción del fármaco. Por el contrario, una microbiota alterada puede incrementar la inflamación sistémica y empeorar los efectos adversos digestivos», explica la especialista en microbiota Mar Sánchez Somolinos.
[–>[–>[–>La experta incide en la importancia de realizar un estudio de la microbiota antes de comenzar cualquier tratamiento con agonistas GLP-1. «Antes de iniciar la medicación, sería recomendable analizar el estado de la microbiota intestinal. Si se detecta una disbiosis, podemos actuar sobre ella con probióticos específicos para equilibrarla. Esto no solo puede mejorar la respuesta al fármaco, sino que también prepara al intestino para tolerar mejor el tratamiento,reduciendo la probabilidad de sufrir efectos secundarios graves desde el principio», señala la doctora Sánchez Somolinos.
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Además de su papel preventivo, los probióticos también pueden ser de gran ayuda una vez iniciado el tratamiento, especialmente en aquellos pacientes que ya experimentan efectos secundarios digestivos significativos.
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[–>Ante paciente que presentan náuseas persistentes, diarrea o estreñimiento severo asociado al uso de GLP-1, una de las estrategia más efectiva es incorporar probióticos, por ejemplo, formulaciones multicepa que incluyan lactobacilos y bifidobacterias, que puedan restaurar el equilibrio microbiano, reducir la inflamación intestinal y aliviar estos síntomas.
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A juicio de la doctora Mar Sánchez Somolinos, «en los próximos años, la medicina personalizada basada en el estudio del microbioma será un pilar fundamental para optimizar los resultados de los tratamientos contra la obesidad«.
[–>[–>[–>¿Por qué algunos pacientes toleran peor el tratamiento?
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Se pueden identificar algunos motivos por los que los pacientes que inician tratamiento con agonistas GLP-1 experimentan efectos secundarios más acusados o una menor eficacia, concluye la especialista:
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- Estado de la microbiota basal: una baja diversidad microbiana o la presencia de disbiosis previa puede condicionar una peor respuesta al fármaco y una mayor incidencia de efectos adversos digestivos.
- Dieta inadecuada durante el tratamiento: el consumo de alimentos grasos, fritos, picantes, ultraprocesados o bebidas carbonatadas puede exacerbar las molestias gastrointestinales. «Los pacientes deben ser conscientes de que lo que comen influye directamente en cómo toleran la medicación», matiza especialista en microbiota de Neogenia.
- Desconocimiento de la relación microbiota-fármaco: un alto porcentaje de la población desconoce que la salud intestinal puede condicionar la eficacia de los tratamientos. «Una muestra más de que se debe educar a la población en el cuidado de la microbiota como parte fundamental de la salud general, no solo en procesos digestivos», añade.
- Falta de estrategias complementarias: la suplementación con probióticos específicos podría ayudar a restaurar el equilibrio microbiano y mejorar la tolerancia, pero aún es una opción poco conocida entre los pacientes.
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