Un país en la sala de espera
Hay una pregunta que lleva persiguiendo a la política española desde hace tres años. ¿cuándo habrá elecciones? La respuesta cambia cada semana, la pregunta permanece. Desde que Pedro Sánchez fue investido en noviembre de 2023 hemos vivido en una cuenta atrás permanente. Cada crisis ha venido acompañada del mismo pronóstico, ahora sí, ahora convoca elecciones. La negociación de la amnistía, los presupuestos, las discrepancias con Junts, los cinco días de reflexión o los resultados de las elecciones europeas. Cada votación complicada en el Congreso, cada investigación judicial, cada amenaza de ruptura de la mayoría parlamentaria, casi cada fin de semana parecía el último de la legislatura. Pero contra todo pronóstico, así seguimos.
[–>[–>[–>Se especula más sobre la fecha de las elecciones que sobre el contenido de las políticas. Se dedica más tiempo a calcular cuándo caerá el Gobierno que a discutir qué hacer con la vivienda, la sanidad o la gestión forestal mientras nos quemamos. Las encuestas del CIS llevan meses señalando, con escasas variaciones, cuáles son las principales preocupaciones de los ciudadanos: la vivienda, el coste de la vida, la sanidad, la inmigración, el empleo o la desigualdad. Ninguno de esos problemas entiende de calendarios electorales, ni esperan a que se decida pulsar el botón de la convocatoria.
[–> [–>[–>Si Sánchez mantiene su palabra y la legislatura llega hasta 2027, aún queda aproximadamente un año. Un año entero en el que el resto del sistema político debe elegir entre interpretar cada rumor como un preludio electoral o dedicar ese tiempo a construir acuerdos sobre los asuntos que realmente importan
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Porque también la oposición tiene una responsabilidad. Fiscalizar al Gobierno es su obligación, pero reducir toda su acción política a esperar la caída es otra cosa. Igual que el Ejecutivo no puede refugiarse en la resistencia como único proyecto, y parece que septiembre volverá a ser el ultimo intento de atrapar la iniciativa política, aunque sea con presupuestos de difícil aprobación. La espera de un Junts en plena reconversión, con el aliento de Aliança Catalana en la nuca, y la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea sobre la ley de amnistía son las dos mayores esperanzas.
[–>[–>[–>El verdadero riesgo es convertir la política en una sala de espera permanente mientras los problemas siguen acumulándose. Una democracia necesita alternancia, pero también tiempo útil. Si cada legislatura se convierte desde el primer día en una cuenta atrás hacia la siguiente elección, dejamos de gobernar el presente para administrar expectativas, y seguir alimentando la incertidumbre.
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