un portazo al intervencionismo en España
En Europa hay debates clave -energía, industria o seguridad-, pero hay uno que ha dejado de ser secundario: la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones, especialmente para los jóvenes.
[–>[–>[–>Durante años se ha tratado como un asunto estrictamente nacional o local. Y lo es, en gran medida. Pero cuando una generación entera no puede independizarse, pasa a ser un problema político de primer orden.
[–> [–>[–>La realidad ha cambiado y los datos son claros. En la última década, el precio de la vivienda en la Unión Europea ha aumentado más de un 45%, mientras que los alquileres han subido cerca de un 20%. Y en muchos casos el esfuerzo para comprar ya supera el 40% de los ingresos. El resultado lo estamos viendo: jóvenes que retrasan su emancipación, familias que no pueden planificar su futuro y ciudades cada vez más tensionadas.
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De ahí que el Parlamento Europeo haya decidido implicarse en este debate tras más de un año de trabajo en un comité específico y con la aprobación de su primer gran informe sobre vivienda. No es un documento más. Europa reconoce que se trata de uno de los grandes retos estructurales del continente y marca una dirección política clara.
[–>[–>[–>Conviene decirlo sin rodeos: la postura aprobada en la Eurocámara supone una enmienda a la totalidad a la política de vivienda del Gobierno de Sánchez. Frente a un modelo que reduce la oferta y genera desconfianza, Bruselas ha entendido algo esencial: si no se construyen más viviendas, los precios no bajan. En lugar de intervenir el mercado y ahuyentar la inversión, Europa apuesta por aumentar la oferta, reforzar la seguridad jurídica y garantizar la propiedad privada.
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El informe no se limita al diagnóstico, sino que aborda la raíz del problema: menos burocracia, más suelo y procedimientos más ágiles. No es razonable que un proyecto tarde años en salir adelante en Europa.
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[–>En ese cambio de enfoque ha sido fundamental el liderazgo del Partido Popular Europeo y, muy especialmente, de mi compañero Borja Giménez. Su planteamiento es tan sencillo como decisivo: el problema central es la falta de oferta. Mientras esa brecha no se cierre, cualquier otra medida será insuficiente.
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A ello se suma otro elemento decisivo: la inversión. Sin inversión no hay obra, y sin obra no hay viviendas. Pero además Europa introduce una idea clave: los recursos públicos, por sí solos, nunca serán suficientes. Es imprescindible atraer inversión privada, movilizar capital y facilitar el acceso a la financiación, especialmente para los jóvenes.
[–>[–>[–>Hay un punto donde el Parlamento ha sido especialmente claro e incómodo para el Gobierno español: la okupación.
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Europa ha dejado claro que no puede haber política de vivienda sin respeto a la propiedad privada. El informe condena la okupación ilegal y exige mecanismos rápidos de desalojo.
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No es un matiz menor. Porque cuando un propietario no tiene garantías, deja de alquilar. Y cada vivienda que sale del mercado es un problema más para quienes buscan casa.
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El contraste vuelve a ser evidente: mientras Europa protege a los propietarios, en España se les ha dado la espalda. Y después sorprende la caída de la oferta. Durante años se ha optado por intervenir precios en lugar de abordar el problema de fondo.
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Este debate europeo tiene además una traducción muy concreta para Asturias.
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Hace apenas unas semanas conocíamos un dato preocupante: en 2025 se construyeron menos de mil viviendas en toda la región, el peor registro en más de una década. Se construye menos justo cuando más falta hace.
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Y esto no es casualidad. Es la consecuencia directa de años de burocracia, falta de suelo y ausencia de incentivos claros para construir.
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El problema de Asturias no es solo de demanda. Es, sobre todo, de oferta. Y mientras no se actúe ahí, los precios seguirán disparados y las oportunidades seguirán reduciéndose. No se trata de construir sin control en suelo asturiano. Se trata de construir mejor, pero también de construir más. Porque sin nuevas viviendas no hay solución posible.
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Para nuestra tierra esto es determinante. Si queremos atraer talento, retener a nuestros jóvenes y generar oportunidades, la vivienda no puede ser un obstáculo. Tiene que ser una palanca.
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Europa no resolverá por sí sola esta crisis. No trae soluciones milagro ni fórmulas mágicas. Pero sí un punto de partida realista. Porque al final la vivienda no es solo un problema económico. Es una cuestión de futuro. Es un cimiento sobre el que se construye un proyecto de vida.
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Y eso, en Asturias, en España y en toda Europa, merece algo más que discursos. Merece soluciones.
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