Una Administración delgada y eficiente
El accidente de la rotura de la pasarela de Santander nos lleva a la conclusión de que, además de cortar cintas, los gobernantes deben conservar el patrimonio y hacer funcionar la nación, lo que implica, por una parte, invertir lo necesario en ello, detrayéndolo de actividades que son puro clientelismo, tales como el mantener a empleados públicos superfluos u otorgar subvenciones innecesarias a afines o votantes; y, por otra, poseer profesionales solventes que sepan y a los que se permita desarrollar su trabajo.
[–>[–>[–>La Humanidad ha evolucionado desde que nuestros ancestros pasaron de familia a grupo y desde este a sociedad, hasta llegar al hoy donde todo se explica apoyándose en complejos modelos con desarrollos complicados que nacen de la evolución de la teoría de la economía de mercado hasta llegar a las sofisticadas micro y macroeconomía actuales, con sus interrelaciones público–privadas. No vamos a perdernos en ello sino a intentar explicar la realidad de una manera sencilla pues las grandes verdades de la naturaleza, que guían su evolución, así lo son:
[–> [–>[–>Todo se deriva de la especialización humana, que mejora la eficiencia y de su consecuencia: el intercambio, que genera riqueza. Aquellos primitivos seres, que descubrieron el fuego y las herramientas, aprendieron enseguida que unos eran mejores para hacerlas y otros para usarlas, de ahí surgió el distribuir las actividades para hacer cosas complejas: de ahí el comercio y de ahí todo lo que ahora hay.
[–>[–>[–>
No vamos a recordar la historia, pero sí a decir que ahora en la fabricación de objetos muy complejos se ha pasado de aquellas empresas que al principio de la industrialización hacían desde las materias primas al último ensamble, hasta las industrias de hoy que manejan productos muy distintos y empresas de muchos lugares para crear un producto competitivo en la actual batalla comercial, que es más entre cadenas logísticas que entre productores: se sublima así el viejo, principio de hacer cada cosa quién tenga una ventaja competitiva. De él nacen muchos sistemas, pero todos tienen en su mismo núcleo la estrategia, el conocimiento y la voluntad para marcar el rumbo, dirigir el proceso y gobernar su evolución: para ello tienen sus propios equipos que son el alma de la organización. A partir de ahí, todas las labores materiales, desde las más sofisticadas ideas de diseño hasta las más rutinarias, como fabricar tornillos, se hacen por el medio, propio o ajeno, con el que se obtenga mayor ventaja pues el reto no es ese, sino hacer lo que optimice el valor de la cadena productiva.
[–>[–>[–>También, desde la más remota antigüedad, ademas de mantener su estabilidad, las sociedades siempre dieron bienes y servicios a sus ciudadanos; única manera de no disolverse. Eso lo hicieron desde las tiranías hasta las democracias. Asimismo, esos servicios frecuentemente se gestionaban a través de encargos privados, desde tropas mercenarias, hasta el circo romano.
[–>[–>[–>
Saltamos sobre miles de años para señalar que en las sociedades actuales el Estado gestiona los bienes y servicios públicos en los que él tiene ventajas comparativas para hacerlo, que incluyen la pervivencia del sistema e infraestructuras físicas y servicios esenciales (salud, educación, seguridad, agua, luz, vivienda,,,) fundamentales para satisfacer necesidades básicas y mejorar la calidad de vida. El que sean bienes y servicios a suministrar por el gobierno no quiera decir que deban ser producidos por él, sino, obviamente con la calidad exigida, por el método más eficiente; por ejemplo, hay que dar buenas infraestructuras y buena sanidad a todos, pero ello no hace obligatorio mover los materiales o poner inyecciones.
[–>[–>
[–>En esa visión de un Estado como una gran empresa en la cual cada uno en la medida de sus capacidades contribuye en el avance hacia el bien y el progreso común. Todos debemos empujar desde nuestro sitio y todo debe hacerse desde el lugar más adecuado. Esta opinión abre, además camino hacia un nuevo modelo en el que el sector público y el privado actúen juntos para poner a la economía a trabajar para la sociedad y no al revés lo que implica libre competencia y juego limpio.
[–>[–>[–>
Ese juego limpio tropieza en la Administración actual con que sus dirigentes no la ven como una herramienta al servicio de todos, sino como una para mantener, con los beneficios consiguientes, a su partido en el poder. Por eso la utilizan en interés de ganar votos, como fuente de empleos para sus adictos o para comprar voluntades.
[–>[–>[–>Ello no es nuevo en España, recordamos que el Cuerpo de Ingenieros de Caminos del Estado se creó por don Agustín de Betancourt a finales del siglo XVIII, cuando, a raíz de una serie de catástrofes derivadas de ser gestionadas las obras públicas por una serie de arbitristas incompetentes, el rey decidió copiar el modelo profesionalizado francés.
[–>[–>[–>
Recordamos también que el Estatuto de don Antonio Maura fue aprobado mediante una Ley de Bases de 22 de julio de 1918. Ello se hizo porque se había llegado a la degeneración absoluta de la Administración, apareciendo y desapareciendo los funcionarios con el gobierno de turno, lo que llevaba al país a la absoluta parálisis. Por ello recordamos que, aunque el problema humano era esencial esa ley no se hizo en interés de los funcionarios, sino para suprimir el concepto de una Administración al servicio del político de turno y convertirla en servidora de todos los ciudadanos.
[–>[–>[–>
Consideramos que la colonización de la Administración por la política, fuente de la estéril duplicidad de puestos entre la central y las autonómicas sublimado todo por el clientelismo, ha generado una catástrofe que es ya sistémica porque el virus de la arbitrariedad lo infecta todo.
[–>[–>[–>
Para resolver este grave problema que nos está llevando a la necesidad de refundar la Administración, tal como hizo el recién mencionado Estatuto de Maura, es necesario restaurar el orden y la objetividad frente al magma del clientelismo. Por ello lo primero es un ingreso objetivo e igualitario< en ella y después una carrera administrativa fundamentada también en el mérito y la capacidad y no en la promoción de los serviles, de los afines o de los que, por imagen, conviene
[–>[–>[–>
Para no ser un Estado fallido debemos eliminar el clientelismo, el servilismo, la endogamia y la sumisión de la Administración a poderes ajenos al Estado.
[–>[–>[–>
Y después generar la energía suficiente para que surja un impulso capaz de crear, como el que hace 108 años sirvió para liberar a la Administración de los buitres, las bases de una Función Pública fundamentada en la devolución del Poder a los ciudadanos y que sea:
[–>[–>[–>
Para todos,
[–>[–>[–>
al servicio de todos,
[–>[–>[–>
independiente,
[–>[–>[–>
despolitizada,
[–>[–>[–>
eficaz,
[–>[–>[–>
profesionalizada
[–>[–>[–>
y tecnificada.
[–>[–>[–>
Queremos aclarar que, aunque ahora en España gobierna el PSOE, no cargamos las tintas contra él pues somos consciente de que, cuando gobernaron o donde gobiernan, sus adversarios, hacen lo mismo.
[–>[–>[–>
Terminamos recordando que no es solución disolver la Administración, tal como proponen otros depredadores ultraliberales, porque ella es esencial en una sociedad que, por su propia naturaleza debe equilibrar lo público y lo privado, tanto para realizar misiones en que ambos deben repartirse los costos y los beneficios sin que nadie se aproveche de los demás, como para crear una sociedad estable y que progrese. Y para ello es necesaria una Función Pública eficaz, ágil y eficiente pues no deberíamos olvidar que cuando todo sea privado, estaremos privados de todo. Y esa Sociedad solo puede existir si está equilibrada socialmente, tras fundamentarse en la justicia, la moral y la educación para que esté formada por humanos y no por mujeres y hombres demediados.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí