Una canción de amor
Jude Rogers ha preferido cantar su biografía, en vez de contarla. Le ha compuesto una banda sonora con las canciones que la acompañaron en una adolescencia solitaria, las que la ayudaron a descubrir quién era, las que arrullaron sus primeros amores, las que suavizaron las pérdidas más dolorosas, las que se escuchaban cuando se adentró en la vida adulta, en el mundo laboral y en la maternidad. Cualquiera puede hacer lo mismo, recomponer su vida con la música que sonaba de fondo en cada uno de sus capítulos.
[–>[–>[–>Jude Rogers es periodista, largamente ejercitada en el reportaje y la crítica musical en diarios y revistas británicos, y ha hecho literatura de esa convivencia con la música. Se titula «La banda sonora de nuestras vidas» y está recién editado por «Libros del Kultrum», en una traducción de Gabriela Bustelo con prólogo de Fernando Navarro.
[–> [–>[–>A Rogers se le ha quedado en un formato medio, un EP, con una docena de temas y una canción secreta. Se estrena con «Super Trouper» de «Abba» y llega hasta el «I Trawl the Megahertz» de «Prefab Sprout». Los ha repartido en dos caras, la A y la B, y a mitad de disco, está el chispeante «Heat Wave» de Martha Reeves and «The Vanedellas».
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Esa canción se escuchó por primera vez en el verano de 1963. Jude Rogers se obsesionó con ella mucho más tarde, cuando empezaba a configurar su propia idea de lo que debe ser el amor: «Una energía que ha hecho saltar chispas entre millones de personas en distintas etapas de sus vidas».
[–>[–>[–>En ese mismo capítulo de su libro, el dedicado a «Heat Wave», la autora menciona un viejo conocido, el sociólogo estadounidense Thomas J. Scheff. En 2011 el hombre publicó un libro, «¿Qué tiene que ver el amor en esto? Sentimientos y relaciones en la música pop», en el que habla de la atracción que los jóvenes sienten por las canciones que tratan de sentimientos y pasiones sin resolver: «Son útiles. Nos ofrecen un lugar perfecto donde depositar las compulsiones, las angustias y todos esos sentimientos que nos estrujan el cuerpo como una tenaza».
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A Jude Rogers «Heat Wave» la ha acompañado a lo largo de su vida y ha vuelto siempre, con redoblado volumen, cada vez que estrenaba un nuevo amor. Escucharla le produce una alegría que cree que haber averiguado de dónde procede: de su ir y venir «de la duda al deleite», «entre la preocupación y el asombro». «No pasa nada, chica», «Adelante», «No te lo puedes perder, así es el amor, chica», cantan en el estribillo. Así es como Jude Rogers cree que debe hacerte sentir el amor.
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