Una revisión de estudios alerta sobre el potencial cancerígeno de los cigarrillos electrónicos con nicotina
Un equipo de investigadores de diferentes universidades y hospitales australianos llevó a cabo una revisión de estudios de distintos tipos sobre cigarrillos electrónicos entre 2017 y 2025. La principal conclusión del trabajo, cuyos resultados se publican en la revista ‘Carcinogenesis’, es que los dispositivos … que contienen nicotina son probablemente cancerígenos para los humanos y causarán un número aún indeterminado de casos de cáncer oral y pulmonar.
En un comunicado de prensa, los autores afirman que «la conclusión es inequívoca, aunque los estudios en humanos que estiman el riesgo tardarán décadas en acumularse».
Los cigarrillos electrónicos llegaron al mercado español hace más de diez años presentándose como un producto “más saludable” que el tabaco convencional, capaz de ayudar a las personas a dejar de fumar o reducir su consumo de tabaco. Sin embargo, actualmente no hay evidencia científica suficiente para confirmar que estos dispositivos sean eficaces como herramienta para dejar de fumar. Y aunque el 45% de los usuarios adultos de cigarrillos electrónicos en España afirma que los utiliza con la intención de reducir o abandonar su consumo de tabaco, el uso de estos dispositivos se ha disparado entre los más jóvenes. A diferencia de los cigarrillos tradicionales, los cigarrillos electrónicos, vapes, pods, etc., tienen colores, sabores y formas que resultan muy atractivos para este segmento de la población.
De hecho, mientras que el consumo de cigarrillos convencionales siguió descendiendo entre 2014 y 2023, el consumo de cigarrillos electrónicos a lo largo de la vida se triplicó (17% frente a 54,6%) entre los adolescentes españoles de 14 a 18 años. En 2023, el 26% afirmó haberlo consumido en los últimos 30 días, frente al 21% que afirmó fumar tabaco convencional, según datos de la Encuesta sobre Consumo de Drogas en Educación Secundaria (ESTUDES).
Se han identificado carcinógenos y partículas ultrafinas además de nicotina en los aerosoles de estos productos. Entre los carcinógenos distinguimos: las nitrosaminas específicas del tabaco, los aldehídos, los compuestos orgánicos volátiles y los hidrocarburos aromáticos policíclicos. Entre las partículas ultrafinas destacan las de metales pesados que, al tener un diámetro inferior a 0,5 micras, penetran fácilmente en el interior de los pulmones y llegan al torrente sanguíneo, distribuyéndose por todo el cuerpo y provocando daños en numerosos órganos y sistemas, según un informe de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).
Estos compuestos tóxicos están relacionados con enfermedades como el cáncer, las enfermedades cardiovasculares, la irritación del tracto respiratorio y una enfermedad previamente descrita como enfermedad del vapeo llamada EVALI.
«En casi dos décadas, el uso de los cigarrillos electrónicos se ha popularizado en nuestro medio, ayudado por el poder adictivo de la nicotina, el uso de sabores y diseños especialmente atractivos para adolescentes y jóvenes, y la información que presenta estos dispositivos como si se limitaran a emitir vapor de agua. La acumulación de estudios sobre los efectos del uso de los cigarrillos electrónicos en la salud, escasos al inicio de su comercialización, despeja toda duda sobre los daños que provoca la adicción a la nicotina en la adolescencia y los daños que provoca el uso de estos dispositivos en salud respiratoria y cardiovascular», afirma Josep Maria Suelves, investigador del Laboratorio de Diseño Comportamental del eHealth Center de la UOC, miembro de la junta directiva de la Sociedad de Salud Pública de Cataluña y Baleares y vicepresidente del Comité Nacional de Prevención del Tabaco, en declaraciones a SMC España.
Según él, el amplio estudio recién publicado en la revista «Carcinogenesis» proporciona datos de numerosos estudios que indican que «la exposición a los aerosoles de los cigarrillos electrónicos que contienen nicotina está asociada con algunas de las características clave de la carcinogénesis, como el daño al ADN, el estrés oxidativo y los cambios epigenéticos, que contribuyen a un mayor riesgo de cáncer oral, cáncer de pulmón y otras formas de cáncer en las personas que utilizan estos dispositivos, incluso si no han consumido productos de tabaco convencionales».
Mayor regulación
Con la evidencia científica disponible, el experto considera que no procede proponer el uso de cigarrillos electrónicos como una estrategia segura y eficaz para reducir los riesgos asociados al consumo de tabaco, y es necesario adoptar nuevas medidas para prevenir el inicio de su consumo entre jóvenes y adolescentes, «regulando mejor su promoción y comercialización, limitando el uso de sabores y diseños que les den mayor atractivo, evitando la comercialización de dispositivos desechables y sometiéndolos a un régimen fiscal adecuado a su impacto negativo en la salud pública, como ha afirmado desde entonces la Comité Nacional de Prevención del Tabaco y otras organizaciones científicas y sanitarias.
Por su parte, Rodrigo Córdoba, médico de familia, profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, miembro del Grupo Tabaco de la semFYC y delegado del Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo, recuerda que, aunque él mismo publica trabajos sobre los cigarrillos electrónicos desde 2009, esta relación con el efecto cancerígeno era una posibilidad que tardaría en comprobarse, dado que se estimaba un consumo medio de 15 o 20 años para poder comprobarlo.
“Un consumidor habitual de estos productos puede realizar más de 70.000 inhalaciones al año”
Rodrigo Córdoba
Médico de familia, profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Zaragoza, miembro del Grupo Tabaco semFYC y delegado del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo
Dijo que el estudio es una revisión sistemática de buena calidad y proporciona “datos muy sólidos” para empezar a hablar sobre el vapeo y el cáncer. «Se describen los procesos de pirólisis mediante los cuales se generan cancerígenos mediante la modificación de aromas y nicotina, estudios que demuestran alteraciones del material genético y estudios en animales (ratones) que ya han observado un efecto cancerígeno en los pulmones y la vejiga. Se revela que ya hay varios estudios que relacionan los cigarrillos electrónicos con el cáncer oral y se presentan los primeros estudios sobre el cáncer de pulmón. Autores relacionados con la industria han afirmado muchas veces que el contenido tóxico es mucho menor, pero descuidan que un consumidor habitual de estos productos «Puedemos realizar más de 70.000 inhalaciones al año y que no existe un umbral de seguridad frente a carcinógenos del grupo A como metales pesados, nitrosaminas y otros. Por tanto, las conclusiones son totalmente plausibles», concluye en declaraciones a SMC España.
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