Uno se corrompe más fácil cuando tiene alrededor gente en la que apoyarse
Nueve miembros de un jurado popular deliberan aislados sobre un polémico caso de corrupción. Las pruebas parecen irrefutables y nadie duda de que el acusado es culpable. Hasta que reciben una oferta en secreto: cada uno ganará un millón de euros si cambia su voto a inocente. Solo hay una condición: deben alcanzar la unanimidad. Ese es el dilema moral que plantea ‘Los justos’, la ópera prima de Fer Pérez y Jorge A. Lara (guionistas de ‘Aída’), con un elenco encabezado por Carmen Machi, junto a Pilar Castro, Bruna Cusí, Vito Sanz, Ane Gabarain, Marcelo Subiotto, Marina Querola, Aimar Vega y Hugo Welzel. La protagonista de ‘Aída’ reflexiona sobre el conflicto ético que plantea la película, que acaba de llegar a los cines.
[–>[–>[–>P. La película plantea un dilema moral muy directo. ¿Es como un espejo para que el espectador tenga que decidir qué haría nada más empezar?
[–> [–>[–>R. Yo creo que como espectador empiezas viéndolo con la distancia de que estás ante una ficción, pero poco a poco empiezas a empatizar de tal manera con los personajes que sí empiezas a entenderlos y a sentirte en su pellejo, pensando: “¿Me dejaría sobornar?”. En general, cuando he visto la película con público, todo el mundo dice lo mismo: “¿Yo qué haría?”. Te lo planteas, y ante la duda quiere decir que quizá serías capaz de hacerlo. Si no, no te lo preguntarías tanto. Pero creo que tiene que ver con las circunstancias de cada ser humano y con el momento que vive.
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P. Porque todos al principio tienen muy claro lo que está bien y lo que está mal, pero luego sus creencias se van tambaleando.
[–>[–>[–>R. Si te lo preguntan a bocajarro, probablemente dirías: “Pero para nada, ¿qué dices?”. Además, no se trata simplemente de tener un millón de euros de una manera fácil, sino de corromperte de una forma muy grave: dejar libre a una persona culpable. Y además alguien relacionado con un delito que te afecta como ciudadano, porque tiene que ver con todo el entramado político, algo muy actual. Aceptar eso es gravísimo. Estás declarando inocente a alguien que es claramente culpable de un delito que nos indigna a todos. Pero luego uno piensa en sí mismo y dice: “Si todo el mundo lo hace, ¿por qué no voy a hacerlo yo?”. Es increíble. Yo creo que no lo haría, evidentemente, pero no soy ninguno de los personajes ni estoy en esa situación. Así que no lo sé.
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P. Es decir, ¿no se cree eso que se dice de que todos tenemos un precio?
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[–>R. Yo no siento que tenga un precio. Además, es una frase demasiado abierta y general. Depende de qué y depende de por qué. Si tienes un hijo enfermo y para salvarle la vida necesitas ponerte precio, probablemente lo harías. Ahí hablamos de situaciones extremas, en las que el fin puede justificar absolutamente los medios. Pero de arranque, no. Yo tengo un precio a la hora de trabajar, pero como ser humano es otra cosa. Ni siquiera después de ver la película me planteo si tengo un precio.
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P. Las situaciones que presentan los personajes son muy distintas, pero muy identificables. Eso ayuda a empatizar con ellos a pesar de que tomen decisiones moralmente cuestionables.
[–>[–>[–>R. Sin ser arquetipos, sí representan perfiles de la sociedad en la que vivimos ahora mismo, una sociedad muy movida por el dinero. Es muy difícil encontrar un piso, llegar a fin de mes… Todo cuesta dinero y muchos problemas vienen de la economía. Si dentro de ese grupo hubiera una persona millonaria, no habría película. Estamos hablando de una realidad social, de criticar cómo una situación puede llevar al ser humano a plantearse ese dilema. Uno se corrompe más fácilmente cuando tiene alrededor gente en la que apoyarse. Es más difícil hacerlo uno solo. La película es como un ‘collage’ de gente que reconocemos claramente. Todos son perfiles familiares. Recuerdo que este guion me lo enviaron hace como ocho años. Fer y Jorge lo escribieron hace un tiempo, cuando la realidad era algo distinta, pero sigue siendo muy parecida y nos resulta muy familiar. Es un retrato muy bueno de la situación social del ciudadano en España y en muchos otros sitios.
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Imagen de la película ‘La Justa’, con Carmen Machi en el centro / WANDA VISIÓN
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P. La película, a pesar de plantear desde un principio un dilema moral, no parece que pretenda aleccionar ni juzgar a los personajes.
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R. No, para nada. Ni alecciona ni, como he escuchado alguna vez, hace apología de la corrupción. Todo lo contrario. Hace unos días hicimos un pase en Madrid con público de la calle y había muchas risas, muchas más de las que yo imaginaba. La gente vive la película desde el humor. No trata de otra cosa que de plantear una situación y jugar con el espectador: “¿Qué harías tú?”. Ese dilema moral provoca risa en el espectador, y eso es muy significativo. Es mucho más blanca en ese sentido. No pretende aleccionar, ni hacer apología, ni colocarse en un lado u otro. Es una exposición de una realidad.
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P. ¿Usted cree que es peor el que propone el soborno o el que lo acepta?
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R. No lo sé. El que lo propone no tiene nada que perder, pero no tengo ni idea. Lo curioso es que terminas de ver la película y los personajes no te caen mal. Llegas a empatizar tanto con ellos que casi los comprendes, incluso quieres que les salga bien. Y eso es muy interesante.
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P. ¿Es cierto que el rodaje fue muy accidentado?
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R. Totalmente. Los planes de rodaje cambiaban continuamente porque alguno de nosotros no podía estar por enfermedad, accidente o daños colaterales de otra cosa. Y no hablo de un solo actor: éramos nueve y todos tuvimos alguna movida que nos impedía rodar algún día. Estábamos mucho en urgencias, aunque nunca peligró nuestra vida, pero era increíble. Nos reíamos muchísimo y decíamos: “Alguien nos ha echado mal de ojo”. Pasaron muchísimas cosas. Yo llegué a pensar que esta película no se podría montar.
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P. Tienen muchas escenas con los nueve personajes encerrados en la misma sala. Así que si faltaba alguno, sería muy complicado de rodar.
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R. Claro. Y no faltaba solo uno, a veces faltaba más de uno. Uno tenía la cara destrozada por una caída, otro una infección con toda la cara inflamada… Yo también tuve problemas víricos. Era un rodaje en un espacio cerrado, con todos metidos ahí, y eso ya de por sí es difícil de rodar para que no aburra. La cámara tiene que jugar de una manera que el espectador no se canse de ver siempre el mismo espacio. Y muchas veces el actor que hablaba estaba solo. Yo tuve que hacer planos sola dándole la réplica a alguien cuando todos mis compañeros ya se habían ido porque no se pudo hacer de otra manera. Por eso tiene tanto mérito. Encima era una ópera prima, una primera película en la que necesitas que todo esté muy organizado para que los directores puedan fluir.
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P. Acaba de vivir un gran éxito en los cines con ‘Aída y vuelta’, donde recuperaban de una forma bastante especial a los personajes de ‘Aída’. ¿Le ha sorprendido que, después de 12 años de que acabara la serie, tanto público haya acudido a verla?
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R. La idea de llevar ‘Aída’ al cine surgió de nosotros, los actores, en una reunión de celebración, porque nos vemos a menudo. Empezó casi como una broma y luego a los productores les pareció una idea fantástica y se llevó a cabo. La idea no era hacer un capítulo, sino algo diferente, mucho más arriesgado y complicado. La condición era que la dirigiera Paco. Cuando leí el guion dije: “Esto es una obra maestra, ¿pero cómo se va a rodar?”. Porque había cámaras filmando la serie y otras rodándonos a nosotros… Era muy difícil. Nosotros somos muy conscientes de la cantidad de seguidores que tiene ‘Aída’, no solo en España, también en Latinoamérica, donde es una locura, mucho más que aquí. En Estados Unidos la película lo está petando, y ha sido una alegría enorme que tanta gente fuera fiel a esos personajes que fueron parte de su vida. Así que eso no me sorprendía, pero lo que sí me ha llamado la atención ha sido que gustara tanto a gente que no era seguidora de la serie, que la han visto y la han recomendado.
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