‘VECINOS’ HBO | Peleas por gatos callejeros, verjas y bañadores: ‘Vecinos’, la desquiciada docuserie de HBO apadrinada por el director de ‘Marty Supreme’
Vecinos: todos los tenemos, no los elegimos, raramente nos gustan. De esa condición universal extrae oro cómico y verdad humana ‘Vecinos’ (HBO Max, desde el sábado, día 14), nueva serie documental –la primera producida por la marca de culto A24– sobre memorables disputas residenciales a lo largo y ancho de Estados Unidos. Si algo nos deja claro su visionado, es que la humanidad es salvaje y no tiene límites, sobre todo cuando se trata de defender lo que creemos que es nuestro o nuestro derecho.
[–>[–>[–>«Hemos estado obsesionados con los vídeos ‘online’ de gente en conflicto durante mucho tiempo», han explicado sus directores, Harrison Fishman y Dylan Redford (nieto de Robert Redford, para más señas), en una entrevista compartida por Warner Bros. Discovery con la prensa. «Hace unos años Sam, hermano de Harrison, empezó a compartir con nosotros vídeos de peleas entre vecinos de alrededor del país. Eran fascinantes, apasionantes, crudos y honestos. Por mucho que el conflicto pudiera parecer pequeño, el drama era siempre inmenso».
[–> [–>[–>Decidido a saber qué pasaba detrás de esa clase de vídeos, el dúo de cineastas recorrió Estados Unidos durante más de dos años para observar de cerca esas tragicomedias cotidianas en torno a conflictos absurdos; se sumergió en las más diversas comunidades para capturar momentos de intimidad rampante. Caso a caso, cobra forma el retrato de un país donde nadie parece dispuesto a modificar lo más mínimo su forma de vida, su libertad y sus privilegios para buscar un equilibrio con el otro; por supuesto, el término ‘liberal’ es usado como insulto político en algún momento.
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La verja y la playa
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Cada episodio aborda un par de conflictos durante treinta minutos de infarto. En el primero conocemos, de entrada, un duelo épico en un descampado de la Montana rural. Seth está hundido por la verja que su nuevo vecino, Josh, ha colocado en mitad de una carretera y que no permite a sus caballos cabalgar con plena libertad. Josh se desplazó con su familia a esta tierra baldía durante la pandemia para huir de los gentíos; no esperaba tener vecinos, mucho menos vecinos con caballos a los que toca ahuyentar con motocicletas. Lo triste es que, en el fondo, podrían ser amigos: ambos juegan a ‘Dragones y mazmorras’ y podrían echarse sus buenas campañas.
[–>[–>[–>Por otro lado, viajamos hasta la comunidad de Santa Rosa Beach, en el condado de Walton, Florida, para conocer el debate acalorado entre fans de la playa y dueños de propiedades frente al mar. Sara está harta de que algunos «elitistas», gente como el displicente Eric, crean que la playa es su patio privado. La decisión de Sara, por supuesto: contactar con un activista playero llamado, también por supuesto, el Defensor de la Orilla.
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En el resto de episodios encontramos debates sobre una pequeña porción de hierba entre dos casas, tenencia de animales (o, para ser precisos, docenas de gatos callejeros), medidas de muros de cemento, competiciones de decoraciones de Halloween o un bañador ‘slip’ amarillo que algunos consideran no es apto para hacer ejercicio a la vista de todos.
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[–>Máxima ansiedad
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«Lo que más buscábamos con todas estas historias eran conflictos activos, todavía en marcha. Queríamos que todo pareciera suceder en tiempo real, poner al espectador en mitad del conflicto y conocer a estas personas en profundidad». Lo conseguimos, a pesar de que los episodios duren solo media hora y vayan a un ritmo algo desquiciado. Contribuyendo a la sensación de desasosiego, efectos de cámara alucinógenos como salidos de la paleta visual de Terry Gilliam en ‘Miedo y asco en Las Vegas’.
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No sorprende en absoluto que ‘Vecinos’ esté producida por Josh Safdie, el hoy celebradísimo director de ‘Marty Supreme’, y Ronald Bronstein, con quien ha escrito y montado casi todas sus películas desde ‘Daddy longlegs’ , dirigida por Josh con su hermano Benny en 2009. La serie genera tanta ansiedad como ‘Diamantes en bruto’; aunque HBO la estrene a altas horas de la noche en su canal lineal, no es la mejor propuesta para coger el sueño. A veces puede recordar a ‘How to with John Wilson’, pero carece de su empatía y apuesta, sobre todo, por buscar la risa incómoda.
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