VIOLENCIA VICARIA | Cinco años de la desaparición de Anna y Olivia en Tenerife: el caso que visibilizó la violencia vicaria en España
Anna y su hermana Olivia desaparecieron en Tenerife el 27 de abril de 2021, después de pasar unas horas con su padre, Tomás Gimeno, que estaba en trámites de separación de la madre de las niñas, Beatriz Zimmerman. Ella no volvió a ver a sus pequeñas con vida. Cinco años después, el caso sigue presente en la memoria colectiva como una desaparición que no solo acabó revelando un crimen de vileza extrema, también se convirtió en un caso que obligó a los poderes públicos y a la sociedad española en general a mirar de frente la violencia vicaria.
[–>[–>[–>Era martes, y debió transcurrir como cualquier otro martes, pero Tomás Gimeno premeditó un crimen que pondría en rojo esa fecha sobre el calendario. Pasó aquella tarde con sus hijas, primero en casa de los abuelos paternos, en Santa Cruz de Tenerife, y después en una casa de la población de Igueste de Candelaria donde convivió la familia. Gimeno debía devolver a las niñas a su madre antes de anochecer, pero retrasó su entrega con excusas hasta que le dijo que fuera a la casa porque él iba a recoger unos cuadros. Pero cuando la madre llegó, no había rastro de Gimeno ni de las niñas. La investigación posterior situó el asesinato de las pequeñas en aquella vivienda, entre las 19:47 y las 21:00 horas.
[–> [–>[–>Beatriz intentó hablar con Tomás para saber dónde estaba. La madre de las niñas pensó que algo debió pasar para que no estuvieran en la casa, pero nunca imaginó el desenlace de aquellas hasta que Gimeno se comunicó con Beatriz por teléfono para decirle que «no volvería a ver a las niñas». La reconstrucción realizada en la investigación policial para la instrucción judicial, se concluyó que Gimeno había ideado un plan para «causar a la madre el mayor daño posible».
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El rastro de Gimeno condujo enseguida a la Marina de Tenerife, donde Gimeno tenía amarrado su barco, El Esquilón. Según la cronología de la investigación, a las 21:27 horas llegó al puerto y realizó varios viajes desde el coche hasta la embarcación deportiva a la que llevó varios bultos hasta que a las 21:40 horas zarpó. Cuando logró alcanzar cierta distancia de tierra, Gimeno arrojó al mar dos bolsas en las que, según la investigación, estaban los cuerpos de las niñas. Las bolsas aparecerían diás más tarde amarradas a un ancla, unida a una cadena y un cabo.
[–>[–>[–>Subió a su embarcación
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Gimeno regresó a tierra casi una hora más tarde. A las 22:44 horas, se quedó sin batería en el teléfono. En la bocana del muelle se cruzó con una embarcación de la Guardia Civil, cuyos agentes levantaron un acta de propuesta de sanción por saltarse el toque de queda. Ya en la marina, fue a la oficina del vigilante y preguntó si tenía un cargador de móvil, pero el empleado de seguridad dijo que no tenía. Gimeno, cogió su coche y en una gasolinera cercana compró un cargador, tabaco y una botella de agua. De vuelta al puerto, enchufó el teléfono en la garita del vigilante.
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A las 00:27 horas, ya el 28 de abril, Gimeno zarpó de nuevo y no se le volvería a ver más. Encendió el teléfono y contactó en varias ocasiones con quien era su pareja actual y también con Beatriz hasta que no hubo más llamadas ni respuestas.
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[–>Con la luz del día, varios vecinos avisaron de una embarcación deportiva, vacía y a la deriva, frente a las costas del Puertito de Güímar. Aún se mantenía abierta la hipótesis de una huida con las niñas y que el padre las podía tener escondidas en algún lugar, aunque se recopilaron indicios que empujaban a una búsqueda en el mar.
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El buque Ángeles Alvariño localizó el cuerpo de la niña de seis años en una bolsa lastrada a 1.000 metros de profundidad
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Con el paso de las horas, sin tener noticias ni de Gimeno ni de las niñas, aquella línea de investigación que apuntaba al mar se convirtió en la prioritaria. Unidades especializadas con medios terrestres, marítimos y aéreos rastrearon Tenerife y su litoral a diario. El 29 de abril salió a la superficie una silla infantil, como las que se colocan en el coche, que fue reconocida por la madre de las niñas como la que usaban para sujetar a las niñas. Y se hizo público el hallazgo de restos de sangre en la barca. Al día siguiente, el 30 de abril, la Guardia Civil registró la vivienda de Tomás Gimeno en Igueste de Candelaria.
[–>[–>[–>Las voces en las redes y los tribunales
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Mientras los investigadores trabajaban, la familia necesitaba mantener el contacto con la opinión pública a través de un canal a la vez que alguien debía asumir su representación jurídica ante el juzgado que instruía la investigación. Joaquín Amills, presidente de SOS Desaparecidos, fue portavoz de Beatriz Zimmermann ante los medios y las redes sociales, mientras que el abogado José Manuel Niederleytner lo hizo ante los tribunales. Durante las primeras semanas Amills sostuvo ante la opinión pública la posibilidad de que las niñas siguieran con vida.
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Durante semanas, Beatriz Zimmermann también habló desde la esperanza en redes sociales. El 20 de mayo de 2021, difundió una carta dirigida al padre de las niñas en la que le pidió que regresara con ellas y que no prolongara el sufrimiento: «No alargues esta tortura«; «nos quieren y nos necesitan a los dos«.
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Cuando ya se había cumplido un mes de la búsqueda, se incorporó a esas labores el buque oceanográfico Ángeles Alvariño, del Instituto Español de Oceanografía. El buque trabajó con sonar y con el robot no tripulado Liropus 2000, capaz de operar a gran profundidad y de grabar imágenes del fondo marino.
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El día a día del operativo fue lento y desesperante. La dificultad no era solo la profundidad, sino la orografía del fondo: barrancos, grietas, irregularidades y corrientes que complicaban cualquier localización. El Ángeles Alvariño cartografió unos 250 kilómetros cuadrados y realizó 392 horas de filmación en profundidades aproximadas de 100 y 2.000 metros. Al principio las batidas fueron a ciegas completamente.
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El caso, que conmocionó a España, se convirtió en símbolo de la violencia vicaria al utilizar a los hijos para causar un daño irreparable a la madre
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La certeza del horror
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El Grupo de Apoyo Técnico Operativo de la Guardia Civil trabajó sobre la señal del teléfono de Tomás Gimeno para acotar sus últimos movimientos. Esa labor permitió reducir la zona de búsqueda y orientar el rastreo submarino hacia puntos concretos. El 8 de junio, se localizaron objetos vinculados a Gimeno: una funda nórdica y una botella de buceo, a unos 1.000 metros de profundidad. Cuando las esperanzas de encontrar algna pista más casi se habían agotado, aquellas pruebas permitieron prolongar los trabajos del Alvariño. Y dos días después, el 10 de junio, se confirmó el horror: el robot localizó el cuerpo de Olivia en una bolsa lastrada con el ancla. Junto a ella apareció otra bolsa, abierta y vacía. Se sospecha que en el interior debió estar el cuerpo de Anna, pero no ha sido encontrado hasta la fecha.
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Beatriz difundió el 13 de junio de 2021 una carta de agradecimiento y duelo en la que pidió que la muerte de sus hijas no quedara reducida al horror. «Deseo que la muerte de Anna y Olivia no haya sido en vano«, escribió y reclamó una mayor protección para la infancia. En este sentido pidió que las leyes fueran «más duras para proteger a los niños«. En aquella misma carta afirmó que Tomás Gimeno quería hacerla sufrir «buscándolas sin descanso y de por vida».
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A partir de entonces, las intervenciones de Amills cambiaron de tono. Ya no se trataba solo de pedir que siguiera la búsqueda, sino de acompañar públicamente a una madre ante la peor noticia posible y reclamar que el caso no quedara incompleto. Amills también insistió en que localizar a Gimeno era importante para confirmar que no había huido y evitar que Beatriz cargara con esa incertidumbre. Amills rechazó explicar el crimen como un arrebato o una locura y lo interpretó como una voluntad consciente de causar el máximo daño.
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«El caso sirvió para entender la violencia vicaria»
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José Manuel Niederleytner tuvo un papel discreto. Fue el abogado de Beatriz Zimmermann, la voz jurídica del caso. Y como hizo en aquellos momentos, Niederleytner volvió a defender ayer el trabajo de la Guardia Civil, que no solo circunscribe al excelente desempeño en la investigación, sino también en el plano humano. «Todos los agentes se implicaron más allá de sus labores que estrictamente tenían atribuidas», recordó. «Tengo que admitir que el trabajo de la Guardia Civil me dejó muy impresionado»
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El letrado trasladó entonces a la opinión pública la importancia que tenía encontrar a Gimeno vivo o muerto para «cerrar la hipótesis de una fuga y sostener la respuesta penal». Ayer recordó que el caso de la desaparición y búsqueda de Anna y Olivia «marcó un precedente» y «sirvió para que las alertas de violencia vicaria puedan detectarse antes» permitiendo «actuar con más rapidez en situaciones similares».
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«Todo el mundo se volcó para ayudar en este caso», recuerda el abogado. «Al principio se pidió la colaboración ciudadana por si veían a alguna persona que se asemejara a las características de Tomás Gimeno, y se recibió al menos una decena de alertas de posibles sospechosos en diferentes puntos geográficos de la Península, pero lamentablemente todas fueron infructuosas». Y hubo ayudas también al otro lado del Atlántico, desvela Niederleytner al contar que «amigos y allegados de la familia de Beatriz contactaron con personas vinculadas a puertos de la costa este de América del Sur por si se detectaba la presencia de alguna embarcación de recreo con la que hubiera podido escapar Gimeno».
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Los investigadores y la jueza instructora de la causa estuvieron en contacto con Beatriz Zimmermann en todo momento, añade el abogado tinerfeño.
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La investigación concluyó que las niñas fueron asesinadas antes de ser arrojadas al mar, pero el cuerpo de Anna y el de su padre nunca fueron localizados
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La Guardia Civil estuvo pendiente de informes de Criminalística, el ADN y la autopsia para poder cerrar el caso, al menos en lo que se refiere a la parte de investigación policial. Para los investigadores existían «indicios de que los cuerpos de Anna y Tomás estaban en el fondo del mar, no había indicios de que el padre hubiera huido.
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La zona de búsqueda de los cuerpos bajo el mar era abrupta, profunda y de una dificultad extrema. En una reunión, y tras muchos días de batidas sin que se obtuviera ningún resultado, se concertó una reunión en la que estuvo Beatriz Zimmermann y se decidió dar por terminados los trabajos en el fondo marino con el buque del Oceanográfico. El fondo marino había dado una prueba decisiva y, al mismo tiempo, se resistía a entregar las otras. A finales de junio, la operación entró en su tramo final.
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Beatriz Zimmermann dirigió otra carta a la tripulación del Ángeles Alvariño y a la Guardia Civil. Una misiva en la que «agradeció el trabajo que permitió encontrar a Olivia» y reconstruir lo ocurrido. «Siempre es mejor saber la verdad«, escribió y añadió: «Si no la hubieran encontrado, yo nunca habría parado de buscar«.
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El 1 de julio de 2021, el Ministerio de Ciencia confirmó el cese de las operaciones del Ángeles Alvariño.
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Caso archivado
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En marzo de 2022, el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número dos de Santa Cruz de Tenerife decretó el sobreseimiento provisional de la causa hasta que Tomás Gimeno fuera localizado. La magistrada jueza, entonces titular de ese juzgado, y hoy también presidenta del Tribunal de Instancia de Santa Cruz de Tenerife, Esmeralda Casado, sostuvo que, de las investigaciones de la Guardia Civil, se desprendía que Gimeno era «con toda seguridad» el autor de la muerte violenta de sus hijas y descartó la participación de terceras personas. Pero sin el único investigado presente, no podía celebrarse juicio. La autopsia de Olivia determinó una muerte violenta compatible con asfixia mecánica por sofocación. No quedaba ya una sustracción parental ni una huida. Quedó, según la instrucción, un crimen planificado contra dos niñas y dirigido también para hacerle el mayor daño posible a su madre.
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El caso no solo abrió una herida profunda en la sociedad, también cambió la forma de escuchar ciertas amenazas: «No volverás a ver a tus hijas» dejó de poder interpretarse como una frase más dentro de una ruptura conflictiva. Anna y Olivia se convirtieron en símbolo de la violencia vicaria: la violencia que utiliza a los hijos para causar a la madre un daño irreversible. Las cifras oficiales mantienen viva esa advertencia: desde el 1 de enero de 2013, España contabiliza 68 menores asesinados por violencia de género.
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