Vivía con casi tres veces más renta disponible
En pleno debate por la inflación, la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades para acceder a la vivienda, comparar salarios entre generaciones ayuda a entender hasta qué punto ha cambiado la calidad de vida en España. Más allá de cuánto se cobra exactamente, la clave está en qué puedes permitirse con esos ingresos. A partir de una nómina de 1992 y ajustando las cifras a la inflación acumulada hasta 2026, el usuario ‘El equidistante’ ha compartido en la red social ‘X’ una comparación entre la situación de un ingeniero joven de principios de los noventa y la del mismo perfil profesional tres décadas después.
[–>[–>[–>El usuario que ha compartido la reflexión en redes sociales, revisando papeles en casa, encontró una nómina vieja de su padre en 1992. Era un ingeniero joven, con seis años de experiencia, casado, con dos hijos y una hipoteca en Madrid. «Por curiosidad me puse a hacer cálculos y el resultado es difícil de ignorar. Su salario bruto mensual era de 615.704 pesetas. Ajustado al IPC, equivale hoy a unos 120.000 brutos anuales. Un ingeniero con ese mismo perfil cobra ahora entre 35.000 y 45.000 euros. «Un tercio. Un puto tercio del sueldo real que tenía mi padre con su edad», ha reivindicado.
[–> [–>[–>La comparación no termina en el sueldo, porque las condiciones de vida actuales son bastante distintas. «Mi padre soportaba entonces una carga fiscal efectiva del 27% entre IRPF y Seguridad Social, quedándole el equivalente actual a unos 87.000 euros netos al año. Vivía con casi tres veces más renta disponible. En el mismo país. En la misma ciudad», resume el texto original. La inflación acumulada en los últimos años también ha reducido la capacidad de ahorro y consumo, alimentando la sensación de que, pese a contar -en la mayoría de los casos- con mayor formación y empleos cualificados, las nuevas generaciones viven con menos margen económico y más incertidumbre que sus padres.
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Denuncia que «se cargaron las deducciones que protegían a la clase media como por ejemplo la deducción por vivienda habitual que desapareció para nuevas compras en 2013″. Todo esto se suma a un contexto marcado por el encarecimiento de la vivienda y el aumento generalizado del coste de la vida. Aunque los salarios han crecido en términos nominales, el precio de compra y alquiler en ciudades como Madrid o Barcelona se ha disparado muy por encima de los ingresos medios, obligando a muchas familias jóvenes a destinar una parte cada vez mayor de su sueldo a la vivienda.
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