Vivienda y «flexliving»
Los españoles cultos leen mucho a los americanos, siempre que sean del norte y escriban en inglés, la lengua do anida lo que de bueno hay en la épica y en la lírica, en lo dramático y en lo distópico.
[–>[–>[–>Quien no es capaz de citar un autor en inglés en una cena creativa y sostenible es una piltrafa social, un besugo, un cachivache sin remedio, el mejor ejemplo del hortera empedernido.
[–> [–>[–>Me encuentro bien a gusto entre tales besugos – o merluzos – practicando un tipo de escritura mediocre y presuntuosa, irónica y burlona, la mía es una pluma de transeúnte, que alguna vez desata una sonrisa insegura y azarada. Pero que hace un corte de mangas al lechuguino convencional.
[–>[–>[–>
He bebido en el pozo inextinguible de los humoristas españoles del 27, malabaristas de una comicidad llena de ganchos en los que colgar a los cínicos y a los corruptos.
[–>[–>[–>Unos creadores que, además, ofrecen soluciones a los problemas eternos de la convivencia. Mihura, en «Maribel y la extraña familia», saca a escena a doña Paula y a doña Matilde que están en un salón hablando de sus cosas y, junto a ellas, una pareja que, en un momento determinado, se levanta y se despide, no sin antes recibir de doña Paula un billete de cien pesetas.
[–>[–>[–>
– ¿Quiénes son? pregunta doña Matilde a doña Paula.
[–>[–>
[–>– No lo sé, yo les pago para que vengan de visita dos veces por semana. Te da mejor resultado que las visitas de verdad, que no hay quien las aguante y que te cuentan que les duele aquí o allá. Estos vienen y durante una hora puedes contarles tus problemas sin que ellos se permitan contarte los suyos, que te importan un pimiento.
[–>[–>[–>
¿No es este un remedio ingenioso que pone fin a la pesadez de las visitas que te cuentan las ventajas del «running» y del «croosFit» practicado en ayunas?
[–>[–>[–>Parecido es el ejemplo de la vivienda que pinta José López Rubio en la comedia «Celos del aire», donde unos señores mayores jubilados comparten su salón con unos desconocidos:
[–>[–>[–>
– La condición es que nos ignoramos mutuamente, que nos neguemos los unos a los otros, decidimos no vernos ni oírnos. Somos recíprocamente invisibles. Es como si hubiéramos alquilado una casa vacía.
[–>[–>[–>
– ¿Y ha funcionado?
[–>[–>[–>
– El acuerdo se ha cumplido fielmente por ambas partes.
[–>[–>[–>
Estos recuerdos teatrales me vinieron a la cabeza cuando he leído estos pasados días en los periódicos anuncios de viviendas que están en venta «con okupas dentro».
[–>[–>[–>
Quien compra una casa que ya tiene un okupa puede organizar la convivencia con él, a lo López Rubio, en mutua y recíproca ignorancia. Conscientes cada uno de sus derechos y obligaciones, tal como están inscritos en el manual de la lucha de clases.
[–>[–>[–>
Pero también puede contratar okupas por un rato y pagarles a tanto la hora. Tiene la ventaja de que permite colgar un cartel ahuyentador que proclame «Casa okupada. No molesten».
[–>[–>[–>
Hasta aquí, las modalidades más tradicionales en punto a usos del espacio.
[–>[–>[–>
Pero es que la modernidad moderna ofrece otras, todas en inglés naturalmente.
[–>[–>[–>
Por ejemplo, el «coliving con zonas de coworking». Atrevida alternativa a las maneras antiguas porque está pensada para nómadas digitales que quieren socializar.
[–>[–>[–>
O el «flexliving» o el «cohousing», ofertas con modalidad «Premium» para comisionistas en nómina del Ministerio de Accidentes Ferroviarios.
[–>[–>[–>
Todas ellas brindan el atractivo de avivar la convivencia intergeneracional.
[–>[–>[–>
Dicho lo cual, y ya que hablamos de teatro y se me ha acabado el discurso, hago mutis por el foro.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí