Volar en la contradicción
La Comisión Europea vuelve a apelar al sentido común en tiempos de estrechez energética, aunque lo haga envuelto en ese lenguaje tecnocrático que tanto nos gusta ignorar hasta que aprieta el bolsillo. Entre sus propuestas, algunas suenan casi a alivio, como es la de más teletrabajo, menos desplazamientos innecesarios, un respiro para carreteras y ciudades que durante años han vivido al borde del colapso. Nadie parece oponerse seriamente a trabajar desde casa unos días más; al contrario, se recibe como una conquista tardía que las sucesivas crisis, primero la pandemia, ahora la guerra, han terminado de normalizar sin que ello sea del todo normal.
[–>[–>[–>Otras medidas, sin embargo, tocan fibras más sensibles. Reducir la velocidad en autopistas no es solo una cuestión de minutos arriba o abajo, sino de orgullo, de esa vieja ilusión de que avanzar más rápido equivale a vivir mejor. Y luego está ese elefante en la habitación, que supone volar menos. Aquí el consenso se diluye con rapidez. Porque viajar en avión pagando poco, especialmente por ocio, se ha convertido en una extensión del estilo de vida contemporáneo, una especie de derecho no escrito que pocos están dispuestos a cuestionar. Por ese motivo, los aeropuertos, que parecen campos de refugiados, permanecen saturados e impracticables.
[–> [–>[–>Resulta llamativo, además, observar cómo quienes con mayor vehemencia denuncian el deterioro ambiental son, en ocasiones, los mismos que encadenan escapadas aéreas con una ligereza pasmosa. No se trata de señalar con el dedo, sino de reconocer la contradicción. Queremos soluciones sin renuncias, cambios sin costes personales, coherencia sin sacrificio.
[–>[–>[–>
La crisis energética, como tantas otras, actúa como espejo. Nos devuelve una imagen menos complaciente de nosotros mismos. Tal vez la cuestión no sea si podemos ahorrar combustible, sino si estamos dispuestos a revisar hábitos consumistas profundamente arraigados. Al final, ninguna política será suficientemente eficaz si no va acompañada de una mínima dosis de honradez colectiva.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí