Volver a Valdés es desconectar del trabajo y recuperar la calma; aquí es donde mejor duermo, y creo que tiene mucho que ver con desconectar mentalmente
Esta entrevista arranca en la playa de Otur, en Valdés, donde María Berdasco (49 años) no solo recuerda: vuelve. Vuelve «a la adolescencia, a las bicicletas aparcadas en casa de Kiko, a las tardes de arena y pandilla, a esa primera sensación de libertad que no se olvida». Desde ahí habla la científica, pero también la vecina y amiga que sigue encontrando en Asturias un refugio emocional.
[–>[–>[–>Berdasco, una de las voces españolas más reconocidas en epigenética y directora de la Semana de la Ciencia de Valdés que en su día dejó huérfana Margarita Salas, combina en esta conversación la memoria personal con la divulgación científica. Habla de la influencia del entorno en la expresión génica, de deporte, sueño, alimentación, disruptores endocrinos y envejecimiento, pero también de comunidad, de identidad, de Barcelona, de Asturias y de una idea de sociedad que, a su juicio, ha perdido parte de su sentido solidario. La investigadora asturiana, autora de «Reescribirnos», defiende una ciencia que baje a la calle y se deje entender, sin perder rigor.
[–> [–>[–>-¿Qué recuerdos le trae la playa de Otur?
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-En la playa de Otur crecí, nací muy cerquita de aquí y, claro, los mejores momentos de mi adolescencia, que yo creo que es una época muy bonita de la vida, los tengo en esta playa. Venir con los compañeros, con los amigos, dejar las bicicletas todos arriba en casa de Kiko, que nos las cuidaba, y pasar toda la tarde en la playa. Entonces son los momentos de mayor colegueo, son los momentos de primera libertad y demás, y eso en este lado personal. Y luego hay una cosa que es innegable, que es la belleza de esta playa.
[–>[–>[–>-¿Es Valdés su refugio?
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—Sí, por múltiples razones. Uno, porque tengo a la familia aquí. Tengo a la familia, tengo a los amigos, tengo a la ahijada, tengo aquí los nexos más de sangre, y otro, por la calma, claro. Volver a las raíces es como volver a la calma, sí, a tu lado de relax. Es curioso además porque sigue siendo el sitio donde mejor duermo.
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[–>-¿Será el silencio del entorno?
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-Es mental, es todo mental.
[–>[–>[–>-Ha viajado por los cinco continentes, ¿qué encuentra aquí que no haya en otro sitio? Aparte de ese apego emocional.
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-En el norte somos muy sociables. Ese es un rasgo que nos distingue de otras culturas. En general todos los mediterráneos lo somos, pero la gente del norte yo creo que somos muy de hablar no solo con la familia, de hablar con las personas que tienes al lado, ya no solo ni los vecinos, Somos muy de vida social también, muy de bar, muy de restaurante, muy de actividades al aire libre. Eso crea un sentido de comunidad
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-Presenta su segundo libro. Publicó «Más allá del genoma» en 2024 y ahora «Reescribirnos».
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-Fue todo muy seguido, pero yo siempre digo que es casualidad. Es un poco las cartas que te va dando el destino. El primero fue una sorpresa.Con mucha facilidad de tiempos por parte de la editorial Almuzara salió el primer libro. Y luego llegó el segundo con el Grupo Planeta. Ellos me localizaron. Es otro formato más pequeño, es un formato más centrado en salud, también en epigenética o la expresión de los genes, pero en cómo afectan los estilos de vida, cómo afecta lo que comemos, lo que bebemos y fumamos, el ejercicio que hacemos, el estrés al que estamos expuestos, los compuestos químicos que nos rodean a la expresión de los genes. Escribir y publicar es una experiencia muy recomendable, lo que pasa es que hay que tener tiempo. En todo caso, escribir te hace recolocar las ideas. Igual que cuando tienes un problema y dices ‘voy a ver los pros y los contras’ y coges la libreta y empiezas a escribir y ahí es cuando ves la realidad, pues escribir cuando es un tema, en este caso de ciencia, también te ayuda a recolocar las ideas.
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María Berdasco, en el arenal donde se desarrolló la entrevista. / Ana M. Serrano
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-¿Qué mensaje quiere transmitir en este libro?
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-El mensaje es luchar contra la idea de que todo está escrito en nuestro ADN y lo que nosotros hacemos no influye. Eso solo es cierto para algunos rasgos que tenemos o algunas enfermedades que tienen base genética. Pero la mayor parte de lo que hacemos y específicamente lo que he mencionado antes, la alimentación, por ejemplo, o el sedentarismo, la actividad física, son acciones que podemos hacer todos, son acciones que están en nuestras manos, no tenemos que tirar los balones fuera, sino que la responsabilidad la tenemos nosotros. Estas acciones que hacemos en nuestro día a día condicionan la salud. En realidad, ya lo sabemos. Sabemos que el ejercicio físico es bueno para la salud. Y lo contrario, el sedentarismo es un factor de riesgo para ciertas enfermedades. Lo que hace este libro, de una manera didáctica, es añadir una explicación molecular a esta conexión. Porque cuando no nos movemos tenemos mayor tendencia, por ejemplo, a acumular ciertas enfermedades
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-Por ejemplo, una persona que hace deporte, ¿qué está activando?
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-Esta es una pregunta delicada porque la respuesta al deporte depende de varios factores. El primero de ellos es la edad, desde luego. No responde igual al deporte una persona de 30 años que una persona de 70 años. El deporte ha de estar, lo primero, la actividad física ha de estar adaptada a la edad. Ha de estar también adaptada a cada uno de nosotros. Si algunas personas tienen unas patologías, por ejemplo, tiene diabetes y otra persona no lo tiene, al peso corporal, etcétera. Y luego lo que sí que bien es cierto también es que el deporte tiene una respuesta favorable en la salud cuando es moderado; adaptado y moderado. Por ejemplo, el deporte extremo causa, y esto es algo que saben los deportistas, inflamaciones. Pues esta reacción de inflamación está mediada precisamente por cambios epigenéticos. Es decir, el deporte lo que nos va favoreciendo, por ejemplo, reducción de inflamación, va favoreciendo, por ejemplo, depende del tejido al que alteremos. Si estamos hablando del músculo, pues, por ejemplo, favorece la contracción, la rigidez, la salud de los huesos, de las articulaciones. Todo esto, vamos activando programas específicos de genes.
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-Tiene que estar adaptado, porque no se puede correr una maratón de un día para otro.
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-De hecho, es contraproducente. El deporte, la actividad física, al igual que la alimentación,ha de estar adaptado cada persona a todas estas variables que estamos diciendo, porque todos somos distintos: edad, género, no es lo mismo hombres que mujeres. Y sobre todo, las patologías que tengamos nosotros. Esto ocurre mucho con las dietas. Hay personas que responden muy bien a una dieta y otras personas no responden de la misma manera porque el metabolismo basal es distinto. Entonces, ha de ser siempre adaptado.
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-¿Y qué opina de los disruptores endocrinos? Genera mucho alarmismo. ¿Hay algunas líneas rojas?
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—Sí. Eso es una realidad. Lo que pasa es que los disruptores endocrinos, el propio nombre lo dice, disruptor, algo que rompe, y endocrino, el sistema endocrino. Lo que hacen es desbarajustar nuestro sistema hormonal. ¿Y cómo lo hacen? Porque en gran medida simulan lo que hacen las hormonas, pero no son hormonas. Yo siempre lo comparo, por ejemplo, con el juego de las sillas. Si se te sienta una persona, tú no te puedes sentar. Pues si un disruptor endocrino ocupa esta función hormonal, la hormona buena no actúa. Entonces, existen muchos compuestos químicos, más de mil actualmente que están catalogados, que son disruptores endocrinos. Y muchos de ellos eran muy frecuentes en productos de uso diario, como puede ser el teflón de las sartenes, o ciertos componentes de plásticos. El bisfenol A, que se utilizaba en los biberones. Ahora, muchos están libres de este componente. Y es precisamente por esto, porque se sabe que estos compuestos químicos, a través además de mecanismos epigenéticos, desencadenan reacciones que afectan nuestro sistema hormonal. Hay que decir también que las concentraciones de estos compuestos en los productos de uso rutinario son muy bajas. Lo que ocurre es la exposición continuada. Era el debate clásico, por ejemplo, con las botellas de plástico, de agua, los biberones… Es una liberación continuada, continuada, continuada, a lo largo de mucho tiempo, la que puede tener un perjuicio para la salud. Y por eso se ha regulado. Y por eso, sobre todo, para las etapas tempranas de desarrollo, sobre todo, que son las más vitales.
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-¿Podemos confiar en la regulación europea ahora mismo?
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-No nos queda otra (risas), además. En Europa, además, somos muy garantistas. Es algo que nos diferencia, por ejemplo, de la legislación americana. Garantista significa que a veces queremos que las cosas vayan más rápido y decimos: «¿Por qué no se aprueba este medicamento? ¿Por qué no se aprueba esta ley de prohibición?». Y la realidad es porque es un proceso muy estudiado, contra las evidencias científicas, las implicaciones que tiene también en la sociedad. El lado malo es este, que a veces las cosas queremos que vayan más rápido de lo que van. El lado bueno es que precisamente nos garantiza que el proceso sea mejor.
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-Háblenos de usted. En este contexto, ¿cómo lleva tu día a día? Si me lo permite, como dicen en sus libros, ¿qué luces estás encendiendo? ¿qué luces estás apagando?
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-Yo soy humana y como todo humano cometo errores con todo.Esto además es algo que también me gustaría resaltar. A veces culpabilizamos mucho a las personas. Decimos: “»Por qué fumas? Si fumas sabes que vas a tener una enfermedad, tú te la estás buscando2. A mí me gustaría también quitar esta presión de las personas porque a veces un hábito no solo depende de que sepas si es bueno o malo, también depende de la capacidad que tienes para entenderlo. Muchas personas tampoco entienden exactamente lo que se llama alfabetización en salud. O sea, conocer el mensaje, el lenguaje, lo que quiere decir. Y luego hay muchas personas que en su día a día tampoco lo tienen fácil porque su vida social o su situación socioeconómica o demás no les permite valorar igual la situación. Siempre pongo el ejemplo, por ejemplo, de las comidas. La comida saludable frente a la alimentación basada en productos más procesados. Probablemente todo el mundo sepa que el pescado es mejor, pero los precios a lo mejor son prohibitivos para ciertas personas. Es decir, por no culpabilizar a las personas siempre por sus estilos de vida. Porque a veces hay más cosas que no entendemos. Y volviendo a mí, creo que una cosa que tengo muy asumida es que necesitamos movernos. Necesitamos movernos de forma moderada y estamos perdiendo esta práctica con pequeñas acciones. Cada vez más automatizado, cada vez pasamos más tiempo sentados.
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-¿Qué aconseja?
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-Pensar en acciones muy pequeñas. Siempre se dice subir escaleras, pues no subimos las escaleras, ya cogemos el ascensor si hay que cogerlo, Entonces hay que hacer un programa adaptado y movernos. La alimentación es otra de las cosas que trato de seguir, que sea equilibrada.
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-Sin obsesiones.
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-Sin obsesiones. Hay muchas obsesiones y hay muchos falsos bulos en torno a la alimentación. Dietas maravillosas, que siempre son fáciles, claro. Tienes que tener un remedio rápido. Por ejemplo, ahora los tratamientos diseñados para la diabetes, que se utilizan para la obesidad, los inhibidores de GLP-1, todas estas cosas. Yo no creo que haya recetas mágicas. Lo que hay es que cambiar los hábitos de cada persona. A no ser que haya una enfermedad, claro. Cuando hablamos de enfermedades es otra cosa. Y todos somos conscientes. Y tenemos una cosa muy buena, que es la dieta mediterránea. La dieta mediterránea de toda la vida. Y la dieta mediterránea es muy saludable. Ahora la llamamos de otra forma, la llamamos antiinflamatoria. Pero es la dieta mediterránea de toda la vida. Creo que hay algo que podemos hacer todos y que es muy beneficiosa, y también se habla en el libro, que es el sueño. Y ahí sí que estamos cambiándolo. Nosotros tenemos un reloj interno que funciona principalmente sincronizado con la luz. Y lo estamos cambiando. Este sistema la luz la recibe en unas células especializadas del ojo que la transmiten al hipotálamo. Y ahí es donde se activan o no las rutas que nos permiten la vigilia o el sueño. Lo que estamos haciendo es transformando esto, por ejemplo, con hábitos como la exposición a pantallas por la noche antes de dormir. Y eso es muy habitual. ¿Quién no mira el móvil o quién no está con la televisión, con las tablets? No digo mirar un minuto un WhatsApp, me estoy refiriendo a un tiempo prolongado. Pues esto cambia nuestro ritmo de sueño y esto al final afecta a nuestra salud. Por ejemplo, el estrés o la capacidad de concentración que tenemos es distinta. Y estos hábitos sí que yo creo que la sociedad moderna los está cambiando, estos tres. Y deberíamos revertirlo, claro.
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-¿Qué le da escribir,? Hablaba antes de que escribir da lucidez, ¿pero se imaginaba así el mundo editorial?
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-Lo cierto es que no. Lo cierto es que, por un lado, no pensaba que iba a tener tanta aceptación en la sociedad. Porque cuando hablas de ciencia es difícil. Aunque lo intentes enfocar a salud o a estilos de vida, o menciones palabras que nos importan a todos como cáncer o como diabetes o alzhéimer, que eso siempre es un gancho, pero al fin y al cabo estás hablando de genética o de epigenética. Todavía da más miedo, ¿no? Y, sin embargo, la acogida en la sociedad ha sido muy buena. Lo que me demuestra que la gente tiene mucho interés en la ciencia. Y algo que defiendo siempre, que los científicos tenemos que bajarnos al nivel de la calle y aprender a contar lo que hacemos. Porque, al final, los científicos, ¿qué estamos haciendo? Desde investigar en salud hasta haciendo cohetes, lo estamos haciendo por la sociedad. Entonces, es algo que para mí ha sido muy positivo. La acogida que ha tenido un libro que yo creía que podía ser más o menos complejo en la calle. A veces digo: me gustaría estar jubilada para hacer más cosas de estas. Tener tiempo, sí, sí.
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-¿Cuándo escribe? ¿Tiene horarios o es más de momentos de inspiración?
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-No. No tengo horarios porque tengo que compatibilizarlo con mi trabajo. Escribo… lo primero que hago… yo soy muy organizada, pero esto yo creo que forma parte de cómo soy yo. Soy muy Excel, sigo muchos esquemas. Entonces, lo primero que hago es el formato, más o menos el índice de lo que quiero contar. Y luego empiezo a escribir y la verdad es que las ideas te vienen en cualquier sitio. Me pueden venir en el avión o me pueden venir en una clase de spinning y digo: tengo que acordarme de poner esto. No, yo no tengo un hábito. También es verdad porque no soy escritora de primera…
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-¿Tiene escritores a los que sigue para inspirarse?
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-Pues no. Y cuando escribí el primer libro, me enviaron libros de divulgación científica similares o de otros científicos que yo conocía, que había leído. Y mi primera intención era decir: bueno, voy a mirar un poco su estilo. Pero luego al final me di cuenta de que no, tienes que ser tú misma.
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-Genuina.
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-Tienes que ser tú misma, sí. Tienes que ser genuina porque es lo que es distinto, pero como todo en la vida. Yo creo que si tratas de hacer algo que no eres tú, no te va a salir bien, te sale forzado. Entonces, sí, al final es un poco estilo libre.
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-Ahora trabaja con Planetea, una editorial muy importante del país. ¿Da más vértigo?
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—En realidad no. Es un formato distinto al anterior. Es un formato más corto, con menos ilustraciones, con un mensaje a lo mejor más directo. Al final tratas de aislarte y piensas en el lector, no en la editorial en sí.
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La científica, en la playa de Otur, lugar que guarda algunos de sus mejores recuerdos de cuando era adolescente. / Ana M. Serrano
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-¿Cómo le gustaría que fuera dentro de diez años esta sociedad?
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-Hace poco me hicieron esa pregunta y yo creo que una cosa que me gustaría, pero quizás porque yo tengo una formación muy en ética, en bioética, es volver a esto que nos caracteriza, la solidaridad. A pensar más en la persona que tienes al lado. Yo creo que llevamos unas vidas muy rápidas ahora, que casi no nos da tiempo a pensar en nosotros mismos y hemos olvidado al resto de los humanos. Y yo creo que eso me gustaría que volviese a ser un eje central en la sociedad. Estamos enfadados muchas veces y nos enfadamos por todo. Nos quejamos también. Nos quejamos por todo y hay cosas para quejarse, pero también hay muchas cosas buenas. Y yo creo que hemos olvidado este relax. A veces también pienso en cómo eran antes las fiestas cuando éramos pequeñas. Por ejemplo, ahora que estamos aquí, en la playa de Otur, me acuerdo de cuando yo era pequeña, bajaba a la gira a la playa y bajaba con mis abuelos, con mis padres, con mis primos y demás. Y los vecinos y todos compartíamos aquí la tortilla, los filetes y los juegos. La cuerda, subir al jamón y estas cosas. Estas pequeñas reuniones sociales se están perdiendo. A lo mejor estoy equivocada, pero los chavales tienen acceso a cosas más especializadas. O se van todos a un súper concierto, a un festival, o lo que ha pasado con las fiestas más locales que tenemos. Pero se ha perdido un poco este contacto más familiar, más de vecino, más solidario, que a mí me gustaría que se volviese a recuperar.
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-¿Volvería a Asturias a trabajar o lo ve inviable?
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—Llevo fuera desde los 18 años. Tengo ahora 47. Levo muchos años fuera, pero sigo diciendo que soy asturiana. Y cuando me dicen «ese acento tuyo», me siento muy orgullosa. Es decir, esto nunca lo dejas. Yo tengo la asturianía; soy valdesana de los pies a la cabeza. Lo que pasa es que profesionalmente llevo muchos años fuera. Y es cierto que el regreso lo veo difícil. La investigación en Asturias ha sido siempre limitada. En la última década, o en las últimas, me atrevería a decir 20 años, ha habido impulsos importantes. Y de hecho hay muy buenos investigadores en el Principado de Asturias, en distintas áreas, no solo en oncología, en la mía, sino en otras áreas. Es decir, la investigación que se hace en Asturias es buena, es puntera, compite con la de otras ubicaciones, pero, claro, son grupos reducidos. No tienes la oferta que puedes tener en ciudades o en centros donde se apueste más por la investigación. Ese es el primer escollo que yo creo que nos encontraríamos muchos de los que quisiéramos volver. O lo que sería más importante también, captar talento de fuera que quiera venir a Asturias y que no sea asturiano. Esto es muy importante también en ciencia. No solo pensar en «vamos a volver a traer a casa a los asturianos», sino tener esa visión. Podemos traer a un alemán que nos pueda hacer una investigación muy buena en Asturias.
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-Sería un reto para Asturias. Lanza esa idea.
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-Sí, desde luego. Sería poder atraer más talento.
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-¿Está a gusto en Cataluña? ¿Vómo vive el nacionalismo?
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-Sí, llevo muchos años. Desde el 2008. Es el sitio donde más tiempo he estado. Yo tuve una acogida muy buena. Es verdad que fueron momentos muy difíciles cuando el referéndum. Hablo de los años 2016, 2017 y en adelante, fueron momentos difíciles. Porque aunque trates de aislarte de la política, el día a día era imposible. Cualquier faceta de tu vida, desde el trabajo hasta en el gimnasio, encontrabas a gente a favor, gente en contra. Mantenerte fuera de las discusiones era prácticamente imposible. Entonces, fueron momentos duros. A día de hoy, la situación se ha rebajado. A día de hoy, yo creo que Barcelona es una ciudad multicultural. Es muy abierta a las personas de fuera. Y en mi día a día no tengo ninguna dificultad.
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-¿Le resultó una barrera el catalán?
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-No. En mi profesión, el lenguaje oficial es el inglés. Nosotros escribimos en inglés. Publicamos nuestros resultados en inglés. Hablamos con nuestros colaboradores en inglés. Esto no quiere decir que en el día a día, si tienes un español en el laboratorio, lo hablas en español. Y las personas que son catalanas, hablan en catalán. Tú vas al supermercado y está todo en catalán. Los documentos oficiales están en bilingüe, en catalán, en castellano. Y yo digo esto, pero no es único de Cataluña. Sin estar a favor de este tipo de actitudes, pero Galicia, País Vasco, Comunidad Valenciana, Cataluña… es igual.
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-¿Y entiende que sea así?
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-Sí, es una lengua oficial. Yo entiendo que sean lenguas oficiales. Entiendo que se cuiden los rasgos propios de cada cultura. Y el lenguaje es uno de ellos. Igual que lo es la gastronomía. Igual que lo son otras cosas culturales. Los bailes o los trajes regionales. Eso es una esencia. Igual el catalán que el asturiano. Yo, como vaqueira, a mí me gusta que se sigan promocionando libros en vaqueiro, la gastronomía… Lo que me molesta es cuando esto se utiliza como arma política. O lo que me molesta es cuando esto se utiliza para dividir a las personas y a la población. Porque creo que no es la realidad de lo que ocurre en la sociedad. Las personas no nos peleamos tanto por esto. Nos hacen separarnos con estas identidades que son un poco falsas. Por lo demás, me gustaría decir que Cataluña y País Vasco son las dos únicas comunidades autónomas en España que tienen un sistema propio de ciencia o de financiación de la ciencia. En Cataluña se llama ICREA y en el País Vasco se llama Ikerbasque. Y eso es importante. Eso es muy importante, porque promueven, y de hecho son las comunidades autónomas que tienen más ciencia, más innovación, en todos los sectores. Esto es importante. Tú, para investigar, necesitas el apoyo primero local y luego, desde luego, nacional, internacional y demás. Pero este apoyo de base de estas comunidades autónomas para promocionar la innovación es importante.
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-O sea, hay en Asturias modelos en los que mirarse, lo único que somos comunidades muy diferentes.
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-Sí que es importante, porque, por ejemplo, yo siempre digo que promover la empresa o el tejido empresarial es importante para cualquier lugar. Pero esa empresa, además, yo barro para casa, tiene que tener un componente de innovación. Los ejemplos claros, no sé, pensamos en la ganadería, en la pesca, en la agricultura. Tienen recursos limitados si no se buscan alternativas. Tienes que tener siempre una visión de futuro, porque la sociedad evoluciona. Entonces, tienes que tener esta capacidad de ir adaptándote, de ir renovándote, de ir reinventándote, y eso es innovación. Entonces, yo creo que es muy importante que desde todos los sectores, incluidos los empresariales, siempre se piense en términos de innovación.
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-Hoy en día tenemos tanta información que a veces cuestionamos incluso a la ciencia. Se ve a diario en la medicina.
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—Realmente es un problema. Es una pregunta muy pertinente y es un problema. Yo creo que tenemos un exceso de información. No, es un exceso de mala información también, porque la información de por sí nunca hay que decir que es un exceso; cuanto más información tengamos, mejor en la vida, si es buena. El problema está en que tenemos mucho acceso a noticias que no están verificadas, y tú de esto sabes más que yo quizás, pero ahora gracias a las redes sociales, al acceso a internet, a veinte mil plataformas, cualquiera puede decir lo que quiere. Y a veces las personas que hablan no son las más cualificadas para hablar de ello, pero si viene de esa persona que tiene veinte mil followers y que tiene una consecuencia o un impacto en la sociedad alto, pues las personas le dan veracidad a esto. Son las noticias falsas, y en ciencia ocurre mucho. ¿Por qué? Porque la salud nos afecta a todos, la salud nos afecta a todos, y luego siempre queremos, como decía antes, soluciones rápidas o tirar balones fuera y decir «esto no es culpa mía, es culpa del médico», y estas cosas. La ciencia… por eso es importante que los científicos divulguemos ciencia, para tratar de contrarrestar un poco, y afortunadamente cada vez se hace más divulgación científica, y cada vez yo creo que hay más acceso desde edades muy tempranas, desde los niños, ya reciben el lenguaje científico, y a la sociedad. Entonces, como todo, la información tiene que estar generada por el profesional del sector que sea. Un médico tiene que hablar de salud y un ingeniero te puede hablar de una telecomunicación. Tienes que ir a los que saben. Tenemos los ejemplos, por ejemplo, con las vacunas. Ahora mismo tenemos un movimiento antivacunas que es totalmente claro.
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—¿Preocupante?
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—Ha crecido mucho, y ha crecido mucho y muy rápido. A la salida de la pandemia todos estábamos buscando una solución precisamente para encontrar una vacuna contra un agente vírico. La encontramos, estuvimos todos muy contentos, y ahora, cinco o seis años después, lo que está surgiendo es el efecto contrario. Ahora no la queremos. Cuando las vacunas, la vacunación, ha salvado vidas desde hace décadas y ha erradicado enfermedades. De hecho, hay enfermedades ahora que vuelven a aparecer precisamente por esta pérdida de la práctica de vacunación. Porque vacunar es una protección, además, comunal, de grupo.
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-Es solidaria también.
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-Es solidaria porque evitas que los agentes infecciosos, en este caso, se propaguen. Y ahora mismo hay una campaña de divulgación de bulos, de miedos, por ejemplo, contra la vacunación, promovida por personas que no son del sector, pero que tienen alto alcance. ¿Cómo se contrarresta esto? Pues con personal científico, médico, que haga el efecto contrario, que dé la información veraz. Lo mismo pasa con los alimentos. De repente la leche es mala. Hemos estado alimentándonos de leche… Yo creo que esto realmente es un problema de la facilidad de acceso a información que tenemos. ¿Cómo se regula? Por un lado, como te digo, contrarrestando con información veraz, pero creo, además, que es necesario sacar leyes, sacar legislación para prohibir este tipo de prácticas. Yo creo que eso es importante también.
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-Y después de todo, María Berdascos es optimista.
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—Sí, yo soy optimista, soy positiva, en general. Aunque bueno, hay cosas con las que soy menos. Cada vez soy menos optimista con la política mundial, pero yo creo que todo el mundo lo ve. Hay cosas que no nos entran en la cabeza, y menos en la cabeza de un científico. En todas las guerras, o Trump, cómo es posible que una persona pueda decidir el destino de tantas otras. Entonces, en eso quizás soy menos optimista, porque veo que el sistema se está degenerando. No lo sé, no sé cómo arreglarlo, porque no es lo mío. Por ahí sí que soy menos optimista. En el resto, sí, en general. Yo creo que la forma de afrontar las cosas en la vida tiene que ser con una sonrisa, si puedes.
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