Y más glosas al palabrerío ibérico
Y más gracias que doy al actor Alex O’Doherty por ir recopilando aquí y allá (durante sus actuaciones en la piel de toro, ole por la metáfora mía, qué vergüenza) esas palabras o esos palabros raros y curiosos –ya comentados algunos en esta columna hace unas semanas– que ahora continúo citando y glosando. Y más gracias a los lectores que este trabajo me pidieron… y a los que vuelvo a suplicar que compren y lean tan curioso libro que los recopila, «Palabrerío ibérico» titulado. Prosigamos, pues.
[–>[–>[–>No sabía que en Palencia llamaban guisopo al utilísimo invento español cual es la fregona. Tampoco que interquedente significa en varias zonas lo mismo que cansado, pocho… quisquilloso. Aunque peor es «istierco manío», guárdese usted de quienes le tienen por tal, pues viene a ser, ejem, tío mierda (clarísima etimología, por otra parte). Al orbayar, al chirimiri, a esa lluvia flojita, al caer ese manto de agua que empapa se le dice jarinear. Si está en Badajoz, le dejarán esas gotas jualtramillao, o sea, lleno de dolores.
[–> [–>[–>Los llambiones de las Asturias y golosos en otros ámbitos son en Teruel lamineros, y tuterones si se trata de gentes de León. Si conoce a alguno, puede citarse con él en un tiempo indefinido que muchísimo me gusta: luego a luego. En Navarra, quítese la mandarra (el delantal), antes de irse a dormir la comilona con la migdiada, que es como en Girona o Gerona o qué sé yo ya llaman a la siesta. No siempre milico es sinónimo coloquial de militar: en Huesca, así llaman al ombligo. Un poco más abajo −en Alicante quiero decir− se hallaría la musuna, o sea, las partes pudendas femeninas, la perrecha orensana o la verija, como se puede oír en Las Palmas. Cotufa es chufa, pero –ojo al parche, O’Doherty– es vocablo que ya aparece en el Quijote y tomó como título de su sección columnística don Gonzalo Torrente Ballester: pedir «cotufas en el golfo» es pedir imposibles. ¿Regaliz? Es pegadolça en Barcelona, rolinpó en La Línea y riquitrum en otras zonas (también rosco).
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Escribo de pegolete o de perigallo, de cosas poco graves, de poca importancia. Sí la tiene alejarse de la percolina, de la suciedad del cuerpo, antes de que te aparten y te digan pikutara: que te den −si estás en Vizcaya, Bizkaia o qué sé yo ya qué. Esas bolas de hierba seca que corren libres por las desiertas ciudades de las películas del Oeste americano se llaman en Valladolid rascaviejas (lo prefiero al chirriante estepicursores). Si alguien le cuenta que se ha recalcado la gobanilla, no piense mal: solo es que se ha roto la muñeca. (Hago un paréntesis astur: consulten las entradas de refalfiau y compango, que no sé yo si…). Mucho mejor darse un rengue que darse un break, como aún veo (por las series) que dicen algunos ejecutivillos. No sabía que en Lérida o Lleida (que no sé yo ya a quién no ofender, país y países de ofendiditos) llaman salensios a las alpargatas.
[–>[–>[–>Al inconmensurable placer de tomar la fresca en esos días (recordarán ustedes) de grande calor lo llaman en Palma sanochar. No se descuiden, pues algún tronchapinos (como nombran en Soria con adecuado acomodo a los brutos), puede espabilarlo con un sonoro sordabirón, quiere decirse con una colleja. ¡La vística! (¡La virgen!), podría exclamar un jienense ante este despliegue de palabrerío nacional que bien se puede leer echándole zarabilones al plato de la comida: esos barquitos, esos trocitos de pan que tanto nos gustan. Pero con cuidado, pues es muy cuco el español o castellano (o qué sé yo, etc.) y una misma palabra puede ser causa y efecto a la vez en nuestro idioma: la diarrea nos da pesadumbre; pues bien, en Cuenca valdría decir que la zangarriana nos da zangarriana. Luego ya, si eso, lo explico. Que ustedes lo hayan pasado bien.
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