¡Y Sudáfrica ganó el Seis Naciones!
Convengamos que diversión y calidad son cosas diferentes. Hemos visto probablemente el Seis Naciones más entretenido de los últimos tiempos. Escocia venció a Francia, que venció a Irlanda, que venció a Inglaterra, que venció a Gales, que venció a Italia. Así se puede resumir un torneo completamente irracional en el que todas las selecciones tienen algo bueno que contar y otras no tan buenas que enmendar. Una edición caótica en la que la principal conclusión es que a falta de año y medio para el Mundial Sudáfrica ha ganado el Seis Naciones. Por una u otra causa, las selecciones europeas llamadas a competir en Australia acaban el torneo rodeadas de dudas.
[–>[–>[–>Francia, irracionalmente inconsistente
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Francia confirma un hecho irrebatible: sus tres cuartos son tan exuberantes con balón como vulnerables sin él. Su defensa es… inexistente. 98 puntos encajados en los dos últimos partidos ofrecen un descarnado veredicto que verbaliza el que fuera medio melé de les Bleus, Jean Baptiste Elissalde: “Con una defensa así, es difícil decir que queremos ser campeones del mundo”. Francia ganó el torneo con la patada final de Ramos confirmando que en ataque no hay plan B y el A, tirarle patadas a la espalda de la defensa rival a Bielle-Biarrey, es insuficiente para ganar a equipos como Sudáfrica o los All Blacks. Sumen a eso que la melé es desastrosa, que la disciplina francesa deja mucho que desear y que la gestión del equipo es cuanto menos cuestionable. De Shaun Edwards y su defensa diremos que está sobrevalorado por ser elegantes.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Y luego aparece la dicotomía Toulouse-UBB. La presencia de Dupont, que da y quita, condiciona su particular propuesta de juego monopolizada por los playmakers, los rouge et noir Toto y Ramos, desplegando al eje a los bordeleses, a modo de tripleta de centros, con Moefana, Depoortere y Jalibert. El último se ha afianzado tras Dupont y eso es una gran noticia porque ofrece mucha verticalidad, lo que permite romper cortinas y dejar en las alas a Bielle-Biarrey y a Attiosgbe en situaciones ventajosas o con espacios. El de Pau ha entrado por Penaud también como finalizador, pero siendo supuestamente por ser mejor defensor. La realidad es que no lo es. Aparte de ser más atlético, lo que es importante cuando Ramos y Dupont juegan al ‘voleibol’ buscando los palmeos en el aire de sus compañeros, la realidad es que Attisogbe ha ofrecido muy poco en defensa. Y un back three con él, Bielle-Biarrey y Ramos ofrece soluciones ilimitadas con balón, pero sin él son el pasillo de un colegio lleno de puertas abiertas.
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Aún así, (“los partidos los ganan los delanteros y los tres cuartos deciden por cuánto”), su gran problema es la delantera. Sin Atonio pierden a su 3 de referencia y como su primera línea no es dominante necesita peso en la segunda. A Galthie le seduce más el dinamismo de Ollivon y Guillard, pero la cruda realidad le obliga a alinear a Flament y Meafou para anclar su melé. Porque además tampoco en la tercera línea hay dominadores físicos. Cros, Jegou y Jelonch son versátiles, facilitadores en un estilo en el que la pelota no descansa en el suelo en los rucks para mantener vivo el juego y vaciar los pulmones de los rivales. Pero si la pelota es del rival, ya vimos lo que ocurrió ante Inglaterra y Escocia, Francia es arrasada e incapaz de recuperar balones. Pasada la resaca de lo de París, queda es un equipo defensivamente poroso con una consistencia que les condena a divertir y poco más. Ganaron el torneo, pero perdieron el Grand Slam y mucha credibilidad.
[–>[–>[–>Hecatombe en Inglaterra
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Es imposible hacer peor cesto con semejantes mimbres. ¡Inglaterra ha quedado última! ¿Ustedes creen que Ferrari podría quedar último de la parrilla de Fórmula 1? La gestión de Borthwick ha sido lamentable, cada segundo que sigue en el banquillo está de más. Parece claro que no ha contado con la ayuda de su vestuario, donde los jugadores han hecho la guerra por su cuenta confirmando el divorcio con el seleccionador a golpe de tarjetas amarillas y dejar a los compañeros en inferioridad. El primero su capitán, Maro Itoje. Solo la posibilidad de arruinar el torneo a los franceses les motivó algo en la jornada final, demostrando, eso sí, que son físicamente la selección más consistente del torneo junto a Irlanda.
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Inglaterra llegaba el torneo con una racha de 12 victorias seguidas, pero envuelta en la habitual sospecha de su dejadez en el Seis Naciones. Hace años que lo utiliza como banco de pruebas, y si a Inglaterra se la trae al pairo, a Borthwick no digamos. De esta edición sale tocado el seleccionador y cuestionada la Premier. Se han caído las caretas en una delantera en la que Itoje hace mucho que no pasa por su mejor momento, Genge se deja ir y nada tiene que ver con el jugador que es en Bristol, su primera línea es vulgar y Borthwick no termina de armar el puzzle en el back five, abrumado por el ejército de segundas y flankers de morfología variopinta de los que dispone, ninguno de la dimensión del ‘francés’ Jack Willis.
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[–>Sin los ásperos Tom Willis y George Martin, el seleccionador ha priorizado la movilidad con gente como Chessum, Pollock o Ben Earls. Lo cual es un antagonismo en una Inglaterra que juega a meter presión sin balón priorizando territorialidad a posesión a base de cargar arriba las patadas en busca del fallo rival. ¿Para que quieres bailarines si tocas rock’n’roll? Es imposible vivir de las transiciones sin especialistas como Underhill o Curry, en horas bajas ambos. Tampoco Steward, que sale muy tocado del torneo, descuelga balones arriba. Ni Freeman, al que han mudado del ala al centro para corregir con su velocidad defensiva. En resumen, un caos. Solo el orgullo mostrado en París puede paliar algo que en Inglaterra sus aficionados no olvidan: ¡el peor torneo de la historia del XV de la rosa!
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Steve Borthwick, entrenador de rugby de Inglaterra / NEIL HALL / EFE
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Irlanda, en pleno reciclaje
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A Irlanda le ha valido, en esta edición caótica del Seis Naciones, con reciclar viejos automatismos de su aún poderosa delantera, integrar algunas piezas nuevas y entregar la batuta a los viejos druidas del vestuario verde. Gibson-Park (34 años), Tadhg Beirne (34) y Stuart McCloskey (33) han sido los referentes de un equipo que tiene a Caelan Doris como jugador franquicia. La ‘irrupción’ del centro de Ulster ha sido una de las noticias del año en los del trébol. No es una cara nueva, pero nunca se apostó firmemente por él, como lo demuestran las 27 caps que suma en 10 años. Siempre fue más un jugador de fondo de armario. Hasta este año en el que Farrell se ha visto obligado a darle protagonismo por las lesiones y sanciones de Aki y Henshaw y lo ha agradecido convirtiéndose en el capo del equipo en la línea poniendo la pelota siempre por delante, arrasando en los puntos de encuentro y generando ventajas después de ganar siempre metros.
[–>[–>[–>Uno de los beneficiados de su gran torneo ha sido otro ‘recién llegado’ a Irlanda, pero viejo conocido de quienes ojeamos la liga celta, Robert Baloucoune, compañero en Ulster de McCloskey y un ala veloz, solvente en el aire y con una enorme capacidad de aceleración. Jugador de gran zancada y con oficio. Pese a ser una irrupción en el equipo, a sus 28 años el de Fermanagh ofrece a Irlanda algo que no tenía. Este hijo de senegalés tiene un alto IQ que le permite leer el juego y tomar siempre la mejor decisión con y sin balón. Y también es destacable cómo se ha aposentado en la posición de 10 Jack Crowley desterrando el debate del apertura. Sam Prendergast tendrá que esperar porque parece amortizado.
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Más allá de eso, su juego industrial en delantera con un Beirne sabio en la lectura defensiva del juego, con el habitual estajanovismo de Van der Flier y con la omniprescencia de Doris la convierten en un equipo rocoso de enorme consistencia en los partidos cerrados. Sufren en melé delante, con pilares mayores o bisoños, pero al menos Sheehan ha vuelto en su mejor versión. No les llega para ganar Frand Slams, pero sí Triples Coronas. En el Mundial ya veremos…
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Escocia, Curro Romero peleando con Tyson
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Decía Curro Romero que “es muy difícil ser Curro Romero todos los días”. Finn Russell podría suscribir la sentencia del Faraón de Camas, pero hacía tiempo que Escocia no tenía un equipo tan profundo con el que rodear al mago de Stirling. Bath ha recuperado la mejor versión del 10 y el XV del cardo le está rodeando de recursos con paciencia. Los caledonios arruinaron su torneo una desapacible tarde en Roma, en el primer partido, en el que los de Townsend no quisieron remangarse para combatir el incómodo coambate que les propusieron los de Quesada, lloviendo garryowens además de lluvia. Después llegó la Calcuta, la mejor medicina para los de Townsend, que ha pasado de estar camino de Bristol a acabar muy reforzado el torneo.
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Escocia, como todos los equipos con una tres cuartos punzantes, necesita una delantera fiable. Y los Fargeson, Schoeman, Darge (gran torneo) y compañía lo han sido en este Seis Naciones. Una delantera trabajadora que hace sus deberes en las fases estáticas y sin balón, y que presenta bolas rápidas a Ben White para dar de comer a Russell. A partir de ahí los ‘Huwpolotu’ están en plena forma con mucha producción ofensiva en el mediocampo donde el isleño condiciona los puntos de encuentro y Huw Jones atraviesa por un momento dulce de su carrera. Y luego disponen de uno de los mejores back threes del Seis Naciones con Graham, Steyn (otra aparición notable) y Kinghorn. Ha llamado la atención la ausencia de Van der Merwe, pero Steyn ha estado a la altura.
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Escocia es un peso semipesado que en sus mejores días es capaz de mandar a la lona a un Tyson o un Foreman como es Inglaterra, pero que cuando la pelea se torna cerrada lo pasa mal por su falta de calado. Lo comprobamos en el partido de la última jornada ante Irlanda. Para servidor, el mejor partido del torneo y uno de los mejores de los últimos años, por encima del emocionante correcalles final de París. Parafraseando a Curro Romero, “no es fácil ser Escocia todos los días”.
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Italia, cultura de club
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Gonzalo Quesada está armando alrededor del vestuario italiano una cultura de club que le hace mucho bien al equipo. Los roles son identificables, hay rasgos reconocibles en su juego y todos identificamos a sus jugadores clave delante y detrás. La victoria inicial ante Escocia en un partido inteligentemente jugado en un día de perros les dio un empujón emocional que les ha ayudado a lograr el hito de ganar a Inglaterra. Sin embargo, el gran logro ha sido competir en cada partido. Ganaron a Escocia, apretaron a Irlanda, ante Francia se vieron superados porque no cerraron más el choque y solo en Gales no estuvieron a la altura en la primera mitad.
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Huelga decir que tienen al mejor centro del torneo, Menoncello, y que su delantera es de primer rango mundial. Dominan las fases estáticas y en los puntos de encuentro son feroces, ordenados y muy disciplinados. Algo fundamental esto último en este rugby caótico en el que es una gran ventaja, porque se amontonan las tarjetas amarillas y las situaciones de superioridad si eres capaz de mantenerte con XV todo el partido. El salto cualitativo pasa por recuperar a sus lesionados, que en este torneo han sido jugadores de jerarquía en muchos partidos. Italia festeja al final de esta edición y sus partidos en Roma tienen el mejor ambiente del Seis Naciones. Pasión, colorido y un equipo sobrio que sabe a qué juega. Notable para la azzurra.
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El galés Rhys Carré corre camino a la prueba contra Irlanda / Six Nations
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Gales y la sonrisa de Rhys Carré
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Cuando Steve Tandy asumió el rol de seleccionador galés sabía dónde se metía. Pero a la conclusión de la segunda jornada, tras jugar con Inglaterra y Francia, las perspectivas eran apocalípticas. La imagen ofrecida ante unos y otros, especialmente en el primer tiempo en Twickenham, rozó lo inaudito. Golpes intolerables, jugadores amontonados en el sin bin, errores delirantes con la pelota….
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Entonces Tandy, en medio de la tormenta, acudió a los básicos y comenzó a construir de nuevo un equipo desde la defensa, desde la necesidad de cuidar la pelota, desde el compromiso por ayudar al compañero… Los dragones iban camino de acumular la tercera cuchara de madera consecutiva, en uno de los peores periodos de su historia rugbística. Pero Gales se reunió en torno a su selección. Veteranos ilustres visitaron al grupo y le insuflaron ánimos y respaldo. El equipo se conjuró para devolver el orgullo a la camiseta. Ante Escocia merecieron ganar un partido que perdieron de forma cruel. Sin embargo, lo utilizaron para seguir construyendo. Y en el partido final, en Cardiff, ante su gente el último día, rompieron la racha. Sortearon la madera y miran ahora al futuro de otra manera. Un equipo comprometido, trabajador y joven que tiene camino por delante.
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Una jugada actuó como punto de inflexión, como chispazo. El ensayo del pilier Rhys Carré ante Irlanda. Un jugador mayúsculo en todo el sentido de la palabra que recibió un pase fuera de 22 rival y se lanzó como si estuviera poseído por el espíritu de aquellos patilludos de los 70. Amagó con pasar la pelota, pero ganó velocidad con la inercia y se convirtió en un tren de mercancías camino de la zona de marca irlandesa con una enorme sonrisa en su cara colgada durante toda la carrera. Ese instante, ese momento, resultó inspirador para sus compañeros y para el rugby. Su sonrisa es la misma con la que terminó el torneo Gales tras ganar a Italia y demostrarse a sí mismo que trabajando juntos y respetando los básicos (trabajo, solidaridad, disciplina…) compiten con todos. Falta el talento, que irá llegando porque la cantera galesa es rica en ello, pero se agradece ver a Gales terminar el Seis Naciones con una sonrisa.
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