ya hay 346.000 trabajadores públicos más que autónomos
España está pasando por una momento histórico en el mercado laboral. Con el empleo total en niveles máximos y liderando la creación de empleo en la eurozona, el país ofrece una imagen de fortaleza que, sin embargo, esconde un profundo cambio estructural. Por primera vez en décadas, el número de trabajadores públicos supera ampliamente al de trabajadores por cuenta propia, una tendencia que no sólo se consolida, sino que se amplía año tras año.
Los datos más recientes de la Encuesta de Población Activa reflejan una brecha sin precedentes de 346.000 empleados entre ambos grupos. A finales de 2025, España tenía 3,64 millones de empleados del sector públicodelante de 3,29 millones de trabajadores autónomos. Una diferencia que contrasta con la fotografía de trabajo de hace apenas una década y que muestra una Cambio de preferencias, incentivos y expectativas. entre los trabajadores.
Este fenómeno no es casual ni cíclico. Responder a dos fuerzas que se mueven en direcciones opuestas: mientras el empleo público crece impulsado por la estabilidad, los salarios y la protección laboral, el autoempleo enfrenta un entorno cada vez más complejomarcado por altos riesgos, retornos inciertos y regulaciones que muchos consideran desfavorables para el emprendimiento.
De la España emprendedora a la España oficial
Hubo un tiempo en que emprendimiento era sinónimo de oportunidad. Durante los años previos a la crisis financiera de 2008, España estaba entre las principales economías del mundo y experimentó un ciclo de intenso crecimiento. En este contexto, miles de personas optaron por trabajar por su cuenta, atraídas por un mercado dinámico y la posibilidad de construye tu propio proyecto.
En 2007, el número de trabajadores por cuenta propia superó más de 650.000 personas la de los empleados públicos. El trabajo por cuenta propia representó entonces una parte esencial del tejido productivocon un peso cercano al 18% del empleo total, impulsado en gran medida por el auge de la construcción y actividades asociadas.
Ese equilibrio se rompió abruptamente con el estallido de la burbuja inmobiliaria. El cierre del crédito y el colapso de la demanda provocaron la desaparición masiva de pequeñas empresasdejando una profunda huella en la percepción social del riesgo empresarial. Desde entonces, el emprendimiento conlleva un estigma que todavía pesa sobre las decisiones laborales de muchas personas.
Los autónomos, los grandes rezagados del ciclo económico
Aunque el empleo total ha alcanzado máximos históricos, los trabajadores autónomos no han logrado recuperar los niveles previos a la crisis. Su techo se alcanzó en 2006, con 3,65 millones de empleados, una cifra que sigue siendo inigualable casi veinte años después.
Hoy en día, los autónomos representan sólo el 14,6% del empleoel porcentaje más bajo de toda la serie histórica para un cuarto trimestre. Esta pérdida de peso relativo muestra que, incluso en fases de crecimiento económico, El emprendimiento no despega al mismo ritmo que el empleo asalariado.
Las causas son estructurales. La fiscalidad, las cotizaciones mal ajustadas a la renta real, los retrasos en los pagos, la escasa protección social y una burocracia compleja configuran un escenario en el que El binomio riesgo-beneficio no es atractivo.. A esto se suma una mayor preferencia por la estabilidad después de años de crisis en cadena.

El empleo público, blindado contra las crisis
En cambio, el empleo público ha demostrado una notable resiliencia contra los ciclos económicos. Durante la Gran Recesión, mientras cientos de miles de autónomos cerraron sus negocios, las administraciones públicas mantuvieron e incluso reforzaron sus plantillas mediante políticas de gasto destinadas a sostener el empleo.
Si bien los ajustes aplicados a partir de 2012 redujeron temporalmente el número de funcionarios, esa etapa fue breve. A partir de 2017, con la relajación de los requisitos fiscales europeos, el empleo público volvió a la senda del crecimiento y no ha mirado atrás.
Desde la llegada de Pedro Sánchez al Gobierno en 2018, el número de empleados públicos ha aumentado con especial intensidad. Sólo en un trimestre reciente, el grupo creció casi 100.000 personasconsolidándose como uno de los principales motores de creación de empleo en España.
Un cambio que también se refleja en las cuentas públicas
El avance del empleo público tiene un impacto directo en las finanzas estatales. El gasto en salarios públicos se ha multiplicado por más de tres desde mediados de los noventa y ya supera 180.000 millones de euros anualessegún datos de Eurostat.
Este desembolso equivale actualmente a más del 11% del PIBuna proporción claramente superior a la media de la eurozona. La cifra refleja no sólo el aumento en el número de empleados, sino también la mejora de los salarios y la consolidación de los derechos laborales dentro del sector público.
Para algunos analistas, este modelo plantea dudas sobre su sostenibilidad a largo plazoespecialmente en un contexto de envejecimiento demográfico y elevada deuda pública. Para otros, es una apuesta por la estabilidad social y la calidad de los servicios públicos, aunque con un coste presupuestario elevado.
Un país que elige la seguridad antes que el riesgo
La creciente diferencia entre funcionarios y autónomos dibuja un retrato claro de la España hoy. Cada vez más personas priorizan la seguridad, la previsibilidad y la conciliación por encima de la incertidumbre inherente al emprendimiento.
Este cambio cultural y económico plantea un desafío fundamental: cómo recuperar el atractivo de crear un negocio sin renunciar a la protección social ni a la calidad del empleo público. Mientras no se reequilibre esa ecuación, la tendencia parece clara.
La España oficial avanza, mientras la España emprendedora resiste, pero sin recuperar el protagonismo que tuvo en el pasado. Un giro silencioso que redefine el modelo laboral y económico del país y que marcará el futuro del empleo en las próximas décadas.
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