Yo también te leo siempre, Pepe
Un viejo y buen amigo se queja de que no suelo responder a sus cartas, en las que expone severos desacuerdos con lo que suponen mis ideas políticas y, por supuesto, con el contenido de mis billetes, de los que es, me dice, lector diario. La verdad es que tengo un agradecimiento hacia él por prestarme atención todos los días, o algo más que agradecimiento, un sentimiento de amistad renovada, porque los lectores de un escritor ahora lo son sólo porque son sus amigos, por mucho que digan que deploran lo que escribe. Son cartas cuidadas y bien escritas, francamente duras, pero en las que siempre encuentro algún punto de acuerdo, y, por supuesto, vienen con su firma debajo y remitente con doble dirección, la del antiguo nombre de la calle y la de la actual. Son, en definitiva, las cartas de un ciudadano caballeroso. ¡Vaya, con toda la basura anónima que ensucia las redes, este golpe de decoro ya es un pequeño oasis! norte
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