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116 años del quadrifoglio desde el 24 HP al 33 Stradale

116 años del quadrifoglio desde el 24 HP al 33 Stradale
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  • Publishedjunio 25, 2026



El 24 de junio de 1910 se firmó en una notaría de Milán la escritura de constitución de la Società Anonima Lombarda Fabbrica Automobili. Aquellos cuatro iniciales, ALFA, dieron origen a una de las sagas más intensas del automovilismo europeo. Ciento dieciséis años después, cada Alfa Romeo que circula por una carretera de montaña lleva en su ADN la misma búsqueda de belleza mecánica que empujó a Giuseppe Merosi a diseñar el primer 24 CV y ​​a Ugo Sivocci a pintar un trébol de cuatro hojas en el capó de su RL.

Las claves de esta historia

  • Lo más importante: la fundación de ALFA el 24 de junio de 1910, su refundación como Alfa Romeo en 1918 y el legado de una ingeniería que nunca ha separado el refinamiento mecánico de la pasión por la competición.
  • No te lo puedes perder: el trébol de cuatro hojas, el trébol de cuatro hojas que Ugo Sivocci estampó en su RL en 1923 para protegerse de la mala suerte y que se convirtió en el talismán de la marca tras su victoria en la Targa Florio y su trágica muerte en Monza.
  • Figuras y producción: Entre 1967 y 1969, sólo se ensamblaron 18 unidades del 33 Stradale, la versión de carretera del Type 33 de carreras; Cada uno supera ya los nueve millones de euros en el mercado de los clásicos de alta gama.

El nacimiento de una fábrica: de Darracq a ALFA

La historia que condujo a esa firma notarial había comenzado cuatro años antes, cuando se creó la Società Anonima Italiana Darracq para producir bajo licencia los coches franceses de Alexandre Darracq. El plan de negocio no funcionó y en 1909 los ejecutivos decidieron hacer un cambio radical: crear sus propios automóviles. Así nació la sociedad anónima lombarda que Giuseppe Merosi, ingeniero de Fiat, transformó en pocos meses en una fábrica de automóviles con personalidad. Su primer proyecto, el 24 CVTenía un motor de 4,1 litros y se presentó en 1910, pocos meses después de la firma de los estatutos.

El logo que identificaría a la marca fue creado por Romano Cattaneo. La cruz roja sobre fondo blanco, símbolo de Milán, y la serpiente coronada devorando a un niño: la serpiente de la casa Visconti, siguen siendo, con mínimas variaciones, la firma visual de Alfa Romeo. En 1915, el ingeniero y empresario napolitano Nicola Romeo Adquirió el control de la empresa, la dirigió a la producción de material bélico durante la Gran Guerra y, en febrero de 1918, le dio el nombre que conserva hoy: Alfa Romeo. El primer modelo que llevó ese nombre fue la versión deportiva del 20-30 CV.

El trébol de cuatro hojas y la mística de la competencia

La relación de Alfa con las carreras es casi fundamental. En la Targa Florio de 1911 se inscribieron dos motores de 24 CV –ambos abandonados–, pero fue en los años 20 cuando la compañía milanesa empezó a cosechar éxitos con el rlModelo disponible en versiones Normal, Turismo, Sport y Super Sport. En junio de 1923 un joven Enzo Ferrari ganó una prueba en Rávena conduciendo un RL; meses después, Ugo Sivocci pintó un trébol de cuatro hojas en la parrilla de su RL, el trébol de cuatro hojaspara alejar la mala suerte que parecía perseguirlo. Ganó la Targa Florio ese año, pero murió poco después en Monza, durante un entrenamiento, en un coche que no tenía el amuleto. Como homenaje póstumo, la empresa adoptó el trébol de cuatro hojas como emblema de sus vehículos de carreras y, a partir de los años 60, de sus deportivos de carretera más radicales.

A él 6C de 1927 inauguró la línea de seis cilindros que dominaría la Mille Miglia (Campari, 1928) y la producción en carretera hasta 1952. El hermano mayor, el 8Cequipó el motor de ocho cilindros diseñado por Vittorio Giano y alcanzó la gloria en Le Mans 1938, donde un coupé aerodinámico lideró la carrera durante catorce vueltas hasta que el motor dijo basta. Pero el momento más legendario llegó en el Gran Premio de Alemania de 1935: Tazio Nuvolaricon un Tipo B P3 Derrotado por las Flechas de Plata de Mercedes y Auto Union, firma una victoria bajo la lluvia de Nürburgring que los líderes nazis presentes en boxes nunca olvidarán. En la primera temporada del Mundial de Fórmula 1, en 1950, Alfa Romeo triunfó 158Alfeta; Farina fue el primer campeón y Fangio repitió título en 1951 con Evolution 159.

El trébol de cuatro hojas nunca fue un simple amuleto: fue la declaración de principios de una fábrica que concebía cada coche como un arma de competición.

Del Giulietta al 33 Stradale: la edad de oro del diseño italiano

La posguerra trajo 1900 (1950), el primer Alfa construido en serie y con carrocería autoportante, y un experimento deslumbrante: el platillo volador de 1952, con la silueta del platillo volante esculpida por Carrocería turística. Pero fue el julieta de 1954 (sedán, coupé, spider y la rarísima camioneta Promiscua) que democratizó el sueño Alfa. Su motor 1.3 litros de doble árbol de levas y hasta 99 CV en carretera, 118 CV en competición, superó las 170.000 unidades producidas. EL Julia En 1962 tomó el relevo con la carrocería Tipo 105, una berlina cuadrada que escondía una aerodinámica muy trabajada y que sirvió de base para los coupés GT, dominando el automovilismo con GTAm elaborado por Autodelta.

En el escalón superior de la pirámide se encuentra el Carretera 33la versión de registro de los prototipos deportivos Tipo 33. Carrocería por Franco Scaglione Con puertas de mariposa y una tensión escultural que todavía deja sin aliento, tenía un V8 de 2.0 litros y 227 CV (sólo 40 CV menos que el coche de carreras) y se produjo en una serie de 18 ejemplares entre finales de 1967 y principios de 1969. Hoy en día, cada ejemplar cuesta alrededor de diez millones de euros y representa la cúspide del coleccionismo Alfa. Su primo estilístico, el Montréal A partir de 1970 heredó la denominación Expo 67 y un V8 de 2,6 litros con 197 CV, aunque el elevado precio dificultó sus ventas. EL Araña de 1966, diseñado por Pininfarina y transformado en un ícono cinematográfico por el graduadoPermaneció en producción con actualizaciones posteriores hasta 1993, una longevidad inusual para un descapotable con una silueta tan pura.

Un legado en crecimiento: lo que Alfa Romeo le enseña al coleccionista

En el mercado clásico actual, el universo que rodea a la marca Snake ofrece interpretaciones contrastantes. Los principales ejemplos (33 Stradale, 8C 2900, Giulietta Sprint Speciale) se han estabilizado en valoraciones de siete y ocho cifras, impulsados ​​por una combinación de coincidencia de númeroshistoria deportiva y escasez absoluta. Modelos como el Montreal, infravalorado durante años, cuestan hoy unos 100.000 euros en impecable estado, una cifra modesta comparada con los largos 9 millones que se pagan por cualquier 33 Stradale que se pone a subasta. La lección del mercado es clara: el coleccionista Alfa no compra cilindrada ni potencia pura, sino la coherencia de una historia que une la cruz de Milán, el trébol de Sivocci y el testimonio de diseñadores como Bertone, Pininfarina o Scaglione.

Esta coherencia explica por qué incluso los modelos más populares (Giulia GT Veloce, Spider Duetto, Alfasud Trofeo) han duplicado su precio en la última década. La restauración de un GTV de los años setenta exige hoy un rigor documental que diferencie el ejemplar de pátina noble y motor sellado de otro que ha pasado por demasiadas manos sin matriculación. La misma lealtad al número de chasis que premia al 33 Stradale se filtra en la escala hasta las variantes más asequibles. Vale la pena recordar que Alfa Romeo nunca compitió para vender autos, sino que produjo autos para competir; El coleccionista de 2026 compra exactamente esa historia, forjada a lo largo de 116 años.

Ninguna otra marca europea ha mantenido tan intacta la ecuación entre belleza, pedigrí deportivo y rareza: por eso el Alfa clásico no se compra, sino que se lucha por él.



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