VIRUS EMERGENTES | La rápida urbanización favorece la aparición de enfermedades zoonóticas, revela un estudio
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Cerca de 3.500 millones de personas viven en lo que los expertos denominan ‘interfaz urbano-silvestre’ (WUI, por sus siglas en inglés), zonas donde los asentamientos humanos se entremezclan con áreas naturales con presencia de animales silvestres. Son focos críticos que favorecen la aparición de enfermedades zoonóticas, y la rápida urbanización que vive el planeta incrementa aún más ese riesgo.
La pandemia de covid-19, el VIH, el ébola, la salmonelosis y la gripe aviar son ejemplos de enfermedades zoonóticas. Los científicos alertan de que este tipo de contagios de animales a humanos, que siempre han existido, continuarán en el futuro, pero probablemente con más frecuencia.
La pandemia de covid-19, el VIH, el ébola, la salmonelosis y la gripe aviar son ejemplos de enfermedades zoonóticas, que irán a más
Un estudio liderado por la Escuela de Medio Ambiente de Yale y publicado en ‘Global Change Biology’ ha identificado que allí donde los asentamientos humanos se entremezclan con áreas naturales el surgimiento de enfermedades zoonóticas es un riesgo creciente.
La WUI ocupa apenas el 5% de la superficie terrestre, pero alberga casi la mitad de la población mundial. En estas áreas, caracterizadas por la proximidad entre viviendas, agricultura, ganado y vida silvestre, los patógenos zoonóticos encuentran condiciones ideales para saltar entre especies.
La investigación, primera que analiza el vínculo entre urbanización acelerada y propagación de enfermedades, revela que el 20% de los residentes en la WUI –equivalente a 700 millones de personas– viven en zonas de «alto potencial zoonótico», donde coexisten más de 20 especies animales capaces de transmitir patógenos a los humanos.
Un mono de Gibraltar y su cachorro en un parque. / Vitold Muratov
«La interfaz entre la naturaleza y la ciudad es el lugar perfecto para que surjan enfermedades porque en estos usos del suelo tan estrechamente interrelacionados hay personas, ganado y vida silvestre», explica Rohan Simkin, autor principal del estudio.
Algunas de las fuentes más comunes de enfermedades zoonóticas son: gatos, murciélagos, perros, garrapatas, mosquitos, aves, ganado vacuno y roedores.
Virus emergentes
Los países de ingresos bajos y medios concentran el mayor riesgo. Tres de cada cuatro personas en WUIs con alta diversidad de huéspedes –520 millones– residen en naciones de África, América Latina y Asia. En África subsahariana, 183 millones habitan cerca de ciudades en expansión, donde la combinación de pobreza, viviendas precarias y acceso limitado a salud pública amplifica el peligro.
Las regiones más afectadas incluyen el este de Brasil, Centroamérica, el sudeste asiático y zonas ecuatoriales de África. «Allí, la biodiversidad es alta, pero también lo son los factores que facilitan brotes: saneamiento deficiente, urbanización no planificada y sistemas de salud frágiles», detalló Simkin.
El estudio mapeó la distribución de casi 700 mamíferos asociados a más de 100 enfermedades zoonóticas, desde la peste hasta virus emergentes.
Entre los hallazgos sorprendentes está la ubicuidad de especies como la rata tanezumi (Rattus tanezumi), portadora de patógenos como Yersinia pestis (causante de la peste), que habita en continentes enteros. «Esencialmente, cada persona en la WUI vive junto a al menos una especie huésped potencial», alertan los autores.
Muestra de rata Tanetzumi. / Nasser Halaweh
La diversidad de huéspedes no solo aumenta la variedad de patógenos, sino también las rutas de exposición humana. Por ejemplo, en el noreste de Estados Unidos –una WUI expansiva–, la cercanía con ciervos y roedores eleva el riesgo de enfermedades como la de Lyme. En los países más pobres, donde la vigilancia epidemiológica es escasa, el impacto de una situación similar podría ser catastrófico.
En los próximos 25 años, la población urbana global podría aumentar en 2.500 millones, con el 90% de este crecimiento en África y Asia. «La triple combinación de expansión urbana en áreas silvestres, mayor conectividad global y crecimiento en zonas con alta carga de patógenos plantea riesgos que apenas empezamos a entender», subraya Karen Seto, coautora del estudio.
Cooperación o catástrofe
En muchas ciudades africanas y asiáticas, la urbanización ocurre de manera informal, sin planificación que mitigue el contacto entre humanos y fauna. Esto, sumado a la tala de bosques y la agricultura extensiva, reduce las barreras naturales entre especies.
«Tenemos una falta real de conocimiento sobre la ecología de las enfermedades en lugares donde las personas son más vulnerables», admite Simkin.
Los investigadores urgen a priorizar el monitoreo de enfermedades en WUIs de los países de ingresos bajos y medios y a integrar estrategias de planificación urbana que minimicen la invasión de ecosistemas silvestres.
«A medida que las ciudades crezcan, especialmente en África y Asia, podríamos diseñarlas para evitar impactos, protegiendo corredores naturales y regulando la expansión», expone Simkin.
El estudio también resalta la necesidad de investigar las interacciones entre humanos y huéspedes silvestres en los trópicos, donde los datos son más limitados. Comprender cómo se trasladan los patógenos, ya sea por contacto directo, vectores como mosquitos o contaminación de cultivos, es clave para predecir brotes.
Mural explicativo sobre zoonosis. / UNAM
Con la WUI expandiéndose rápidamente, los autores confían en que sus conclusiones sirvan como alerta para gobiernos y organismos internacionales. Invertir en infraestructura sanitaria, vivienda digna y conservación de ecosistemas no solo protegería a millones, sino que evitaría futuras pandemias, señalan.
«Este no es un problema lejano. La próxima crisis de salud global podría gestarse donde la ciudad y la naturaleza chocan», señala Seto. El estudio establece un marco para identificar zonas críticas, desde las selvas urbanizadas de Indonesia hasta los suburbios de Nairobi, y advierte de que la próxima década definirá si la convivencia entre humanos y vida silvestre se traduce en cooperación o en catástrofe.
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