del conformismo de Simeone al peso de 370M€ de inversión en los últimos años
El nuevo año no podía empezar peor para el Atlético de Madrid tras su visita a Anoeta y tras su desplome eliminado en semifinales de la Supercopa de España contra el Real Madrid.
En cuatro días el equipo se ha desmarcado de la lucha por conquistar dos títulos, pues aunque todavía le falta toda la segunda vuelta de La Liga, Superar los 11 puntos que le separan del Barça parece misión imposible basado en el estado de forma del líder, que tiene ocho puntos más que la temporada pasada a estas alturas del campeonato.
Los rojiblancos ya no tienen margen de error y La Copa del Rey y la Champions se presentan como los únicos balones que le quedan a Simeone para salvar una temporada que actualmente es decepcionante.
Al Cholo se le dieron las mejores herramientas para volver a construir un equipo ganador. Así lo atestigua la inversión que ha realizado el club a lo largo de los dos últimos veranos con un gasto aproximado de 370 millones, pero el objetivo del argentino no parecen ser los títulos.
Tras seis meses de competición, Simeone aún no ha sacado la mejor versión de sus jugadores y el tiempo se acaba, como también la paciencia de una afición que no celebra un título desde La Liga en la temporada 20-21.
Simeone se lamenta durante la semifinal de la Supercopa ante el Real Madrid.
EFE
En 14 años al frente del banquillo, Simeone aupó al Atlético a una estabilidad desconocida: presencia casi ininterrumpida en la Champions y consolidación como tercera potencia en La Liga.
Esta coherencia impulsó la historia de éxito, pero también bajó el listón de la demanda interna cuando el techo se mantuvo para asegurar el top 4 y competir «cuando sea posible» para títulos.
En el ambiente rojiblanco crece la sensación de fin de ciclo, no tanto por los resultados dramáticos, sino por una pérdida de identidad competitiva: El equipo ya no transmite esa fiabilidad que resultaba incómoda para cualquiera en Europa.
A esto se suma un discurso público de Simeone cada vez más centrado en la dificultad de pelear con Real Madrid y Barcelona, que muchos en la grada leyeron como una coartada permanente.
Una inversión sin resultados
Aunque la inversión neta a largo plazo ha sido relativamente contenida, el Atlético ha participado plenamente en el mercado de transferencias de alto valor, con transacciones de transferencias que en conjunto superan con creces los 360 millones en los últimos dos años.
Nombres como Julián Álvarez, Sorloth, Baena, Le Normand o Hancko han alejado al club de la etiqueta de «el equipo del pueblo» Esto todavía se proyecta en el discurso.
El problema es que este esfuerzo no se ha traducido en una cascada de títulos: durante la última década, el palmarés de los grandes campeonatos se ha reducido a un único campeonato nacional, mientras que la Liga de Campeones ha resistido más allá de finales perdidas.
La sensación es la de un proyecto que gasta mucho pero se comporta como un tercio fijo, sin romper definitivamente el techo competitivo. Este conformismo puede hacer La tercera posición de La Liga peligra de la mano del Villarreal.
El propio Simeone ha reforzado la percepción de conformismo con mensajes en los que admite que, incluso dando el 100%, es casi imposible apoyar la lucha contra Real Madrid y Barcelona durante toda la temporada.
Álex Baena, la estrella del Atlético fichada este verano.
Prensa europea
Este realismo, que durante años fue interpretado como una norma de pragmatismo, hoy es percibido por muchos como un techo autoimpuesto que no va bien con el nivel de las inversiones realizadas.
El consistorio rojiblanco se ha embarcado en operaciones ambiciosas y en ocasiones arriesgadas, como fue el caso de Joao Félix o Thomas Lemar, pero el problema no es sólo el coste, sino también el retorno, ya que varios fichajes con fuerte impacto económico acabaron devaluados, en el banquillo o directamente en la rampa de salida.
El gran desconocido
Este desequilibrio alimenta la idea de que El Atlético gastó como nunca para acabar, las últimas temporadas, sin título y con dudas sobre la amortización de su inversión récord.
El club se enfrenta, por tanto, a un dilema estructural: mantener el modelo Simeone, asumiendo un techo competitivo que hoy parece ser el tercer puesto y un papel secundario en Europa, o afrontar una arriesgada ruptura tras más de una década de estabilidad.
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