El nieto de Roosevelt y el fin de la democracia en Irán
La población de Irán ha estado sometida durante más de siete décadas a dos regímenes autoritarios antagónicos. La dictadura laica del sah y la teocracia de los ayatolás. Suficiente tiempo para, entre los dos, eliminar cualquier atisbo de oposición democrática. El último dirigente electo en el Estado persa fue el nacionalista Mohamed Mosadeq, que duró solo tres años como primer ministro. En 1953 un golpe de Estado lo derrocó. Su «error»: nacionalizar la industria del petróleo, hasta entonces en manos de los británicos, amos y señores de la Anglo-Iranian Oil Company. Fueron las agencias de espionaje estadounidense, la CIA, y británica, el M16, las que planificaron y llevaron a cabo la operación golpista, conocida como ‘Ajax’. La dirigió Kermit Roosevelt, nieto del expresidente de EEUU Theodore Roosevelt. Los dos países anglosajones prefieren obviar esta historia. No fue hasta el 2023 que la CIA reconoció su participación en el golpe. Los iranís no la olvidan y siguen recordando con gran respeto y admiración a Mosadeq.
[–>[–>[–>El sah Mohamed Reza Palhevi asumió el trono en 1941. Su largo reinado se caracterizó por su alianza inquebrantable con Estados Unidos e Israel. La dictadura llenó las cárceles de disidentes y mantuvo un férreo control sobre la población a través de la temida SAVAK, los matones del régimen. Fueron cerca de cuatro décadas en las que se forzó a los iranís a desprenderse de sus raíces islámicas para asumir las occidentales, en particular las de EEUU. Una minoría, los más cercanos al monarca, no dejó de enriquecerse gracias a los petrodólares, mientras la gran mayoría de la población sufría represión y privaciones de todo tipo. El punto álgido de despilfarro fue los festejos de la coronación del sah y la celebración en 1971 de los 2.500 años del Imperio Persa. Esos días memorables, el Shahangshah (Rey de reyes) tiró la casa por la ventana en las fiestas más extravagantes de la historia moderna, como se calificaron entonces. «Tengo una misión que viene de Dios, una orden divina», dijo en una ocasión el monarca.
[–> [–>[–>Algo similar debió de pensar el gran ayatolá Ruhola Jomeini cuando se hizo con el poder en 1979, tras una revuelta popular. Los islamistas fueron los triunfadores de la revolución, en la que también participaron izquierdistas, nacionalistas y otras fuerzas democráticas. Estos últimos, sin embargo, no sacaron ningún provecho, más bien lo contrario, fueron parte de las víctimas del nuevo poder, junto con los seguidores del antiguo régimen que no lograron escapar, como sí pudo hacer el sah. Había nacido de República Islámica, donde el islam chií dicta las leyes bajo el sacrosanto e inamovible principio de la ‘Velayat-e-Faqid’, la supremacía de lo religioso sobre lo político. El verdadero poder en Irán no recae en el presidente, de funciones limitadas, sino en el guía supremo, hoy el ayatolá Alí Jamenei, de 86 años. El escudo protector de Jamenei y del régimen son los Guardianes de la Revolución, la fuerza paramilitar ajena al Ejército regular cuyos jefes controlan gran parte de la maltrecha economía del país. A ellos hay que sumar la temida milicia ‘basiyí’, la fuerza que ha reprimido brutalmente todo revuelta en este casi medio siglo de teocracia.
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La mayor amenaza interna
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La última rebelión ha sido la mayor amenaza interna que ha tenido el régimen hasta ahora, según los expertos. Pero, al igual que las anteriores, insuficiente para derrocarlo. La teocracia iraní se sustenta bajo fuertes pilares, aunque estos últimos años ha tenido importantes reveses que la han debilitado y mostrado su vulnerabilidad. A parte de la crisis económica, derivada de las sanciones internacionales vinculadas al programa nuclear, varios altos mandos de la Guardia Revolucionaria murieron durante los doce días de guerra con Israel el pasado verano. El más importante de todos, Qasem Soleimani, fue asesinado por EEUU en 2020. Además, el régimen de Teherán ha perdido a sus grandes aliados en la región: Hamás en Gaza, Hezbolá en El Líbano y a Bashar al Asad en Siria. Otro socio, los hutis de Yemen parecen haber perdido fuerza.
[–>[–>[–>Las intenciones de Trump por hundir al régimen iraní tienen como uno de sus principales blancos China, el gigante asiático que avanza sin pausa para convertirse en la primera potencia económica del mundo. El 2025 el país batió su propio record en superávit, a pesar de los aranceles impuestos por el presidente estadounidense. China es el principal socio comercial de Irán, que le suministra el 13% del total de petróleo que Pekín compra al mundo.
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La influencia política del régimen chino ha ido en aumento estos últimos años en la región. En 2021 ambos países firmaron un acuerdo de asociación estratégico en los planos económico, tecnológico, energético y de seguridad. Dos años más tarde y gracias a la mediación de Pekín, Irán y Arabia Saudí restablecieras relaciones diplomáticas, y en 2024, bajo el padrinazgo también chino, Irán entró a formar parte de los BRICS, el grupo de once países emergentes que actúa como contrapeso al poder de las potencias occidentales. Un panorama que inquieta a Washington.
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