La cafetería de Salas con más acento alemán celebra su medio siglo de historia y tradición
Tras la II Guerra Mundial, Alemania afrontó varias décadas de reconstrucción. Con una población mermada, el país necesitaba mano de obra, lo que impulsó la llegada de trabajadores de toda Europa desde finales de los años cincuenta, entre ellos españoles. Según algunos estudios, se calcula que más de medio millón de españoles se desplazaron al país germano hasta mediados de los setenta. Este «boom» laboral tuvo también impacto en Salas, donde una joven pareja decidió hacer las maletas y afincarse allí hasta que, en 1975, decidieron volver a sus orígenes e inaugurar un establecimiento que, a día de hoy, sigue siendo un punto de parada obligatoria cada mañana para los salenses: el Café Berlín, local que este viernes 30 celebra su 50.º aniversario por todo lo alto a partir de las 19:00 horas.
[–>[–>[–>«Veníamos todos los años de vacaciones. Cuando decidimos volvernos, se dio la oportunidad de adquirir el local y lo compramos«, declaró Palmera Peláez, copropietaria del establecimiento junto a su marido, Jesús Cernuda. Precisamente fue este último, de 88 años, quien apostó desde el principio por abrir el bar en contra de las preferencias de su mujer. «Él siempre quiso el bar, yo no lo quería para nada, pero al final ganó«, confesó Peláez, de 82 años.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Adquirido el bar, comenzó la renovación, la cual llevaron a cabo mientras volvían a instalarse en Las Rubias, pueblo ubicado en la parroquia salense de La Espina. «Entonces nuestros hijos eran aún pequeños y nos instalamos allí mientras se arreglaba el bar«, detalló la pareja. Entonces, quien se encargó de asegurarse de que las obras avanzasen correctamente fue Cernuda: «Iba y venía todos los días desde el pueblo para estar aquí con los albañiles», apuntaron.
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Palmera Peláez y Jesús Cernuda, tomando un café en Berlín. / Christian García
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Y así fue como la joven pareja, que marchó a Alemania en busca de un futuro más esperanzador, regresó a sus raíces para hacerse cargo de un negocio que acabaría formando parte de su familia. «Era el local que más quería, le tenía echado el ojo desde hacía tiempo», confesó la pareja, que al regresar de vacaciones vio que estaba en venta «y nos lanzamos».
[–>[–>[–>Churrería sorpresa
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Finalizada la reforma, Peláez y Cernuda sorprendieron a sus clientes con la gran novedad de la cafetería, un espacio reservado para una churrería «grandísima» que convirtió al postre en producto estrella del negocio. «Fueron un éxito absoluto. La gente venía en masa y la cola llegaba hasta el medio de la calle», rememoraron ambos.
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Y mientras tanto, los hijos de la pareja de hosteleros iban cumpliendo años entre las mesas y tras la barra del Berlín, cuyo nombre, evidentemente, era un homenaje al país en el que residieron. Víctor, quien ahora regenta la cafetería, y Jesús, su hermano mayor, «se criaron desde el primer día aquí». «Han estado aquí desde pequeños. Comían, estudiaban y jugaban», rememoraron Peláez y Cernuda.
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[–>Entre medias, el Berlín experimentó el crecimiento del turismo, especialmente el vinculado al Camino de Santiago, el cual dejó anécdotas curiosas para la pareja. Concretamente, Peláez y Cernuda rememoraron las ocasiones en que peregrinos alemanes se acercaron al café durante su trayecto. «Se sorprendían mucho al ver que hablábamos alemán, nos defendíamos muy bien con ellos.
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El relevo en el bar llegó hace veinte años. Tras tres décadas al pie del cañón, los fundadores del Berlín dieron un paso al lado y Víctor cargó la responsabilidad a su espalda. Atrás quedaron años de esfuerzo para sus padres, que tienen claro el secreto para afianzar el futuro de un negocio: «Trabajar, trabajar y trabajar», recalcaron ambos, aunque matizaron que «hay que reservar tiempo para descansar«. Así, Peláez y Cernuda han disfrutado de numerosos viajes de vacaciones, entre ellos cinco cruceros que les han permitido recorrer «Europa entera» y parte del Caribe. «Hemos viajado por muchísimos lugares. Fuimos a Rusia, pero también a La Habana en dos ocasiones y también México», detalló la pareja, que añadió que «trabajamos mucho, pero también hay que disfrutar«.
[–>[–>[–>Relevo
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«No me gustaba mucho estudiar. Me tocaba ir a la mili y después me puse al cargo», señaló Víctor Cernuda, hijo menor de los fundadores del Berlín, quien ahora con 52 años, sigue al frente de histórico establecimiento. «Fue seguir como hasta entonces. Yo ya estaba por aquí y mi madre fue apartandose poco a poco, pero no mi padre. Venía a colocar las cosas, recoger las mesas, a barrer… Todo el día con la balleta en la mano», rememoró. Sobre la redonda cifra, el hijo de los fundadores de Berlín señaló que «es algo muy especial porque coincide con los dos vivos». «Queremos disfrutarlo en vida, que disfruten de ello y que lo celebren por todo lo alto«, enfatizó Víctor.
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De cara al futuro, su hijo, Víctor, seguirá unos cuantos años al frente. Sin embargo, la pareja cree que el negocio familiar dejará de serlo tras él. «Nuestra nieta tiene su vida hecha, con sus preferencias. El Berlín se acabará tras Víctor», declaró Cernuda, que aun así se mostró esperanzada: «Tal vez una familia joven de las que está llegando a Salas se interese por el bar. Si fuese así, estaría contenta. Por otros cincuenta años más. Ahora lo que toca es disfrutar el viernes, que la gente venga a celebrarlo».
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