«Cases», el corto que nació en Piloña y que reflexiona sobre el despoblamiento en el medio rural
«Un antropólogo y un fotógrafo unen sus miradas para hablar de la despoblación en el rural asturiano. Para ello recurren a crear un pueblo cero. Las localizaciones están hechas en un mismo lugar, un pueblo y una quintana abandonada. Un retrato de cada casa deshabitada y una voz que narra la historia que cada una de ellas desvela». Así se describe el cortometraje «Cases», un trabajo «made in» Piloña dirigido por el director y fotógrafo de Nava Jandro Llaneza y con guion del antropólogo afincado en el concejo piloñés Mario Rodríguez, que encara un año intenso rulando por diferentes festivales nacionales e internacionales.
[–>[–>[–>Esta gira es posible gracias al «empujón decisivo» que logró el trabajo en la última edición del 63.º Festival Internacional de Cine de Gijón/Xixón (FICX). En la cita asturiana este trabajo logró el Premio Laboral Cinemateca dentro de la sección Asturies Curtiumetraxes, lo que incluye la distribución del corto durante dos años por festivales nacionales e internacionales.
[–> [–>[–>El reconocimiento, señalan los promotores, no solo valora una propuesta creativa y necesaria, sino impulsa la exhibición de una obra nacida sin financiación y hecha «como una sextaferia, desde el compromiso colectivo y el arraigo al territorio«.
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El origen: siete casas, siete silencios
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La idea de “Cases” surge de un trabajo previo compartido. Mario Rodríguez y Jandro Llaneza ya habían colaborado en la exposición “Faciendo Pueblu”, (inaugurada en mayo de 2025 en Infiesto y que se puede ver hasta el 31 de enero en la casa de la cultura de Cangas de Onís) centrada en los discursos sobre el mundo rural. De ahí nació esta idea persistente: “Vivimos rodeados de casas que se caen a cachos y la gente luego no tiene donde vivir. Estamos en un momento de mucha especulación urbanística y nos preguntábamos por qué”, explica Mario.
[–>[–>[–>Antropólogo de formación, Mario fue recogiendo durante años historias reales sobre casas cerradas en aldeas asturianas. “La mayoría eran razones estructurales propias del declive del rural, pero había otras más difíciles de hablar: casas que se mantenían cerradas por voluntad de los dueños”, apunta. De ese trabajo de campo nació un guion articulado en siete historias que abordan cuestiones universales como la migración, los conflictos por herencias, la represión franquista o la masculinización del rural.
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“Cada casa responde a una razón distinta, pero todas están basadas en frases reales recogidas en trabajo de campo”, subraya Mario. El corto recorre así más de un siglo de historia, desde finales del XIX hasta la actualidad, conectando pasado y presente.
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[–>Retratar una casa como si fuera un rostro
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Trasladar esa carga narrativa a la imagen fue el reto asumido por Jandro Llaneza. Fotógrafo de formación, el director optó por el plano fijo. “Con las casas lo que hicimos fue un retrato, como si de un rostro se tratara. En lugar del retrato de una persona que habita la casa, el retrato de la casa en sí”, explica.
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Rodado en un día de luz difusa, “un día típico asturiano nublado”, cada plano se mantiene inmóvil mientras una voz en off desgrana la historia asociada a esa vivienda. “Es como cuando escuchas a alguien contarte una historia mirándole a la cara. Tú ves esa cara de esa casa y mientras, te va desvelando su historia”, resume Jandro.
[–>[–>[–>La apuesta no estuvo exenta de dudas. “Pensé en introducir movimiento, detalles, pero lo descarté antes de rodar. Cayó por su peso el plano fijo”, confiesa. El resultado apela a una observación pausada, casi subversiva en tiempos de imágenes aceleradas.
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Un pueblo real, una voz femenina y el asturiano
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La localización fue clave. En lugar de elegir casas aisladas por criterios estéticos, el equipo decidió rodar en una quintana real abandonada. “No era tan estética en conjunto, pero tenía esa parte de veracidad”, explica el director. Las viviendas, aún en pie pero ya deterioradas, les permitieron mostrar distintos estratos sociales, acorde a cada una de las historias.
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La narración corre a cargo de Arantxa Margolles, una elección consciente. “Nos importaba mucho que fuera una voz femenina ante ese rural masculinizado”, señala Mario. El corto está íntegramente en asturiano. “Era necesario hablar con la lengua del país, porque estamos hablando de un pueblo de aquí de Asturias. El asturiano tiene una sonoridad más musical y aporta un ritmo pausado y poético”, añade el director.
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Contar sin herir, mostrar sin señalar
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Uno de los equilibrios más delicados del proyecto fue abordar historias estigmatizadas sin personalizar. “Son historias que todo el mundo sabe, pero no son públicas”, apunta Mario. Las casas funcionan así como intermediarias: “Se cuentan sin herir la sensibilidad de nadie en concreto.”
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La última historia del corto, titulada 187 baches, actúa como cierre y contrapeso. Frente a las 6 historias de responsabilidad individual en el abandono de las viviendas, la última aborda los problemas estructurales que pueden ser motivo de abandono de un lugar. “Nos preocupaba estar regalando un argumento parcial, como que las casas están cerradas porque alguien quiere. En esta última historia recogemos todas las tormentas estructurales que le pueden caer a una casa encima”, explica Mario.
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La emoción del cine y un premio colectivo
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Ver «Cases» en la gran pantalla de la Laboral fue un momento emotivo. “Fue mágico”, coinciden. Vecinos de la zona y propietarios de algunas casas acudieron a la proyección, generando diálogo y recuerdos. “Fue chulo estar ahí hablando con los vecinos, salieron historias”, recuerda el guionista.
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El premio fue una sorpresa añadida. “La mayor alegría fue llegar al festival”, reconocen. Pero la distribución es, para ellos, un verdadero tesoro. “Cuando haces algo es también para comunicar. Para que llegue a más sitios. Que te lo distribuyan durante dos años es un lujo”, afirma Jandro.
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Hecho sin financiación y con la colaboración desinteresada de un equipo profesional, “Cases” inicia ahora su recorrido. “Siempre lo imaginé más en una Casa de Cultura que en un festival”, confiesa Mario. Gracias al premio, ese deseo también se cumplirá, llevando las historias de una pequeña quintana abandonada a otros lugares, dentro y fuera de Asturias.
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