No da más de sí
La llamada política de vivienda de este Gobierno no va más allá. La semana pasada, la ministra protagonizó uno de los episodios más bochornosos que se recuerdan en este asunto al afirmar que, si fuera por ella, aplicaría el artículo 155 a … obligar a la Comunidad de Madrid a cumplir la Ley de Vivienda. No todo vale. Hay límites que los ministros deberían respetar, aunque sólo sea por motivos de decoro. Vale recordarles que, cuando pase este Gobierno –y pasará–, tendrán que seguir dedicándose a algo. Además, y aunque no hace falta aclararlo porque es una obviedad, las regiones que más han ido más allá en la aplicación de estas medidas son precisamente las que tienen un mayor problema.
El nuevo giro que pretenden darle al llamado ‘decreto botillo’ es un paso más en la dirección equivocada. Con la falsa coartada de proteger a los vulnerables, abunda la inseguridad jurídica. Es muy sencillo: si los propietarios perciben un mayor riesgo de impago, la oferta se reducirá. Se pondrán menos viviendas en el mercado por parte de quienes son los mayores tenedores en España, los particulares, y no habrá inversión institucional para promocionar la vivienda en alquiler.
En cualquier caso, estos planteamientos tienen un recorrido muy corto. El problema de la vivienda es fácil de entender y estos escándalos populistas no llevan a ninguna parte; Probablemente sean incluso contraproducentes. La falta de acceso a la vivienda es uno de los factores que más nubla la percepción de la realidad económica, y el hecho de que el Gobierno haya abrazado los planteamientos simplistas de la izquierda radical no ayuda.
El diagnóstico del problema se ha hecho desde hace algún tiempo. Las soluciones también. Y, como demuestra Cataluña (donde más lejos han llegado con medidas populistas), el camino no pasa por más trabas para los propietarios y más inseguridad jurídica, sino todo lo contrario. Hoy en Barcelona no hay ni una sola grúa; la construcción se ha detenido. Lógicamente ese no puede ser el camino. El nuevo Gobierno debe tener claro que la solución es otra. Aunque no se puede resolver de la noche a la mañana, un cambio radical de enfoque mejoraría inmediatamente la percepción general. Además, tiene mucho margen para convertirse en uno de los pilares de las próximas legislaturas.
Señales
Hace unos días conocimos los datos de crecimiento de la economía española en el último trimestre del año pasado. La economía española sigue creciendo a buen ritmo, un 0,8%, y probablemente lo más importante es lo que esto supone para este año. Este ritmo de crecimiento hace pensar que en 2026 la economía volverá a avanzar claramente por encima del 2%, superando un año más las expectativas de las principales casas de análisis. La economía española lleva varios años superando sistemáticamente las previsiones y, además de crecer más de lo esperado, está creciendo significativamente más que otros países comparables.
Conviene desmontar la crítica fácil de que crecemos gracias a la inmigración. Más bien, habría que subrayar que hay inmigración porque crecemos. O si vinieran 100 millones de personas, ¿habría trabajo para todos?
No debemos olvidar que la macroeconomía es, en gran medida, demografía. Es lo que está detrás del crecimiento diferencial de países como India o China en los últimos tiempos o, siempre, de Estados Unidos. Fue también lo que marcó la diferencia en el llamado milagro económico español de la época de Aznar, en el que el número de cotizantes pasó de 12 a 20 millones. Hoy ya somos 22 millones, creciendo a un ritmo de medio millón anual durante los últimos cuatro años, de los cuales el 70% son extranjeros. Esta dinámica demográfica representa prácticamente, de entrada, un punto porcentual de crecimiento.
También es importante enfatizar que no estamos creciendo sólo a través de la acumulación de empleo o la inmigración, ni estamos viendo un cambio radical en la productividad. Esto está creciendo, sí, pero aún es bajo. Como en casi todo, los matices importan. Ahora, la productividad comienza a recuperarse -la evolución del PIB per cápita en los últimos años lo demuestra-, aunque es difícil encontrar este análisis en los periódicos.
Por todo ello, y aunque hay que permanecer atentos a los datos que van apareciendo, hay motivos para seguir siendo optimistas un año más sobre la economía española. ‘Ceteris paribus’, las cosas pintan bien. El colofón, como siempre en estas postales, es cuánto mejor podrían ser las cosas si hubiera alguien sensato a cargo. El tiempo perdido ha sido mucho, pero el daño no ha sido grande. Quien llegue más tarde podrá reorientar rápidamente la situación. Y aunque algunos ya están poniendo el vendaje delante de la herida, merecen el beneficio de la duda. Ya habrá tiempo para criticar cuando corresponda.
Narrativas de ida y vuelta
Asistimos a un comienzo de año en el que la fuerza de las narrativas en la evolución del mercado es evidente, en un sentido y en otro. El ejemplo más extremo es el de las criptomonedas. La semana pasada siguieron desplomándose: sin ir más lejos, el bitcoin ha caído un 50% desde sus máximos de hace unos meses y ha caído más de un 30% en lo que va de año. Quienes argumentaban que estos pseudoactivos se convertirían en la nueva moneda de reserva ahora guardan silencio. Y todos los incautos que creyeron los mensajes categóricos que escucharon – “es irresponsable no tener exposición a este activo emergente” – se han quedado con un centímetro de nariz. La narrativa se ha derrumbado, exponiendo a los falsos profetas que, como otras veces, engañaron a quienes se dejaron llevar por la codicia.
Otra narrativa que empieza a ser cuestionada es la de que “todo lo que toca la IA es oro”. Aunque la inteligencia artificial es sin duda una realidad transformadora, el mercado está empezando a cuestionar algunas de las cosas que daba por sentado. Las importantes inversiones anunciadas por muchas grandes empresas han abierto el debate sobre los beneficios reales de esta revolución. Cambia por completo el perfil de rentabilidad. Grandes inversiones y un mayor apalancamiento se traducen en menores retornos, que en muchos casos no es lo que el mercado viene descontando desde hace tiempo.
Finalmente, y también como consecuencia de la entrada en escena de la IA, el mercado en las últimas semanas ha comenzado a cuestionar ciertos modelos de negocio. La posibilidad de que acaben en la cuneta es algo que el mercado ha empezado a descontar claramente. Las empresas de software, consultoras, medios de comunicación y empresas de capital privado han caído drásticamente debido al riesgo de disrupción. Como siempre, el mercado primero hurga y luego analiza. Ya tendremos tiempo de ver realmente si lo que ahora mismo se está tasando es así o no.
El peso de las narrativas está aumentando en los precios de los distintos activos. La gestión pasiva, los modelos cuantitativos y los algoritmos han hecho que estas historias se magnifiquen. Esto hace que las cosas vayan más rápido y las oportunidades sean mayores para quien no se deja llevar. Aunque ya sabemos que no correr con el rebaño es lo difícil en estos mercados.
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