La soledad no deseada: un reto de ciudad
La convicción de que la soledad no deseada debe abordarse con prioridad no surge de un día concreto, sino de lo que se ve y se escucha a diario en la calle, en los centros municipales, en los barrios y en las parroquias rurales. Y, aun así, lo vivido el jueves en la primera jornada sobre soledad no deseada lo confirmó con claridad: Gijón está dispuesto a afrontar este problema con decisión y a implicarse como ciudad.
[–>[–>[–>Ese día el salón se llenó y hubo que habilitar otro espacio, con una pantalla, para seguir el acto. Cuando un tema llena dos salas es porque toca una fibra real. No era un encuentro para la foto, era gente –profesionales, entidades y vecinos– que fue a escuchar, informarse y a proponer. Por eso quiero poner en valor, de forma especial, la participación del vecindario a través de sus asociaciones y federaciones, especialmente a la FAV y a Les Caseríes, que representan un Gijón que no se resigna y sabe que los avances empiezan por algo muy simple: estar cerca.
[–> [–>[–>La soledad no deseada no siempre se ve. No lleva un cartel. Se esconde en rutinas que se apagan, una compra que ya no se hace, una persona que deja de salir, una llamada que no llega, una ausencia que se vuelve costumbre. Y muchas veces quien la sufre no pide ayuda por no molestar, por creer que «no es para tanto», por pensar que ya no toca pedir nada. Somos una ciudad con una población mayor muy importante: más del 28% de nuestros vecinos tiene 65 años o más. Es un orgullo, porque habla de historia y de memoria, pero también nos obliga: si no cuidamos bien a quienes cuidaron antes, fallamos como sociedad.
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Como concejal de Servicios Sociales, mi responsabilidad es clara, organizar recursos, coordinar equipos y asegurar que la ayuda llega a tiempo. Y lo vamos a hacer. Pero la soledad no deseada no se combate solo desde un despacho, se combate en el barrio, en el portal, en la escalera, en la parroquia rural, en el comercio, en la farmacia, en el centro de salud… y también desde el Ayuntamiento. Cuando el movimiento vecinal empuja y la administración acompaña y responde, pasan cosas buenas. El jueves fue un ejemplo de ello.
[–>[–>[–>Por eso pido algo concreto a todos los vecinos de Gijón: ayúdennos a detectar. A veces basta con una señal, un cambio de rutina, un aislamiento repentino, un «hace días que no la veo», un «dice que está bien, pero se le nota». Un «¿cómo estás?» puede abrir una puerta que llevaba demasiado tiempo cerrada.
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Y si esa señal existe, el paso siguiente es contactar con los Servicios Sociales de Gijón, donde las Unidades de Trabajo Social escuchan, valoran y activan recursos si son necesarios: Servicio de ayuda a domicilio, teleasistencia, apoyos complementarios, actividades con diferentes entidades con las que tenemos convenios y, muy importante, la vida comunitaria en los centros de mayores, con actividades que ayudan a recuperar vínculos y participación. Combatir la soledad no es solo «poner un servicio»; es reconstruir pertenencia.
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[–>Mi compromiso, después del jueves, es aún más firme. Si esta columna logra que hoy alguien llame a un familiar que hace tiempo que no ve, que un vecino se detenga dos minutos en el portal, o que una persona que se siente sola se atreva a pedir ayuda, habrá merecido la pena. Gijón puede y debe ser una ciudad donde nadie viva su soledad en silencio, un reto de ciudad. n
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