EEUU estrecha el cerco sobre Cuba y la coloca al borde del colapso
Los últimos 15 días, desde que Donald Trump impuso el 29 de enero con una orden ejecutiva un embargo efectivo de ventas extranjeras de petróleo a Cuba, ha entrado en caída libre la ya delicada situación económica en la isla, que había visto cerrarse el grifo de combustible que llegaba desde Venezuela. El Gobierno de La Habana ha declarado una emergencia. Varias aerolíneas suspenden vuelos, se intensifican los apagones, se agudiza la escasez y pese a envíos de ayuda humanitaria desde naciones como México o Chile Naciones Unidas ya ha advertido del riesgo de colapso.
[–>[–>[–>Conforme la nación y sus 11 millones de habitantes zozobran, Washington no deja de estrechar el cerco, sumando sogas a la del embargo que lleva aplicando décadas. Para muchos la resistencia se acaba y la posibilidad de un cambio se siente más cerca que nunca en los 67 años desde que triunfó la revolución comunista y Fidel Castro llegó al poder, un tiempo en el que han pasado 13 presidentes por la Casa Blanca.
[–> [–>[–>Quedan, no obstante, trascendentales interrogantes abiertos: cómo encajan los objetivos de Trump con los de su secretario de Estado, Marco Rubio, con una obsesión personal con el cambio de régimen en la isla de la que se fueron sus padres; hasta dónde va a apretar la Casa Blanca, y cuándo considerarán que sus objetivos finales respecto a La Habana, no marcados públicamente, están cumplidos.
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Sin petróleo
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La presión es innegable y con efectos muy reales. Tras la operación en Venezuela contra Maduro Cuba perdió su principal suministro de petróleo. Caracas enviaba entre 27.000 y 35.000 barriles diarios de crudo a un país que con su producción propia solo puede cubrir el 40% de sus necesidades.
[–>[–>[–>La orden ejecutiva de enero de Trump, que amenazaba con aranceles a cualquiera que vendiera o suministrara petróleo a la isla, fue la puntilla final de presión para el otro proveedor principal, México, que había estado enviando unos 20.000 barriles diarios a la isla. Ahora el Gobierno de Claudia Sheinbaum está mandando ayuda humanitaria y dos barcos cargados con más de 500 toneladas de alimentos llegaron este jueves. Chile ha anunciado también envío de ayuda humanitaria y se está organizando una flotilla.
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Rusia, por su parte, no ha querido clarificar si intentará mandar combustible a la Isla. «Es imposible hablar de estas cosas ahora en público por razones obvias», ha dicho Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, que ha insistido en que Moscú no quiere una escalada con Washington por Cuba. «Probablemente aún contamos con que haya un diálogo constructivo», decía este jueves.
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[–>Dudas sobre el diálogo
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Si el diálogo entre Washington y La Habana se está produciendo o no es una incógnita. A principios de este mes, en Mar-a-Lago, y tras definir a Cuba como «una nación fallida» que «ya no tiene a Venezuela para aguantarla», Trump aseguró: «Estamos hablando con gente de Cuba, gente en lo más alto, para ver qué pasa. Creo que vamos a alcanzar un acuerdo con Cuba».
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No hay, en cualquier caso, datos oficiales y tampoco oficiosos de fechas, participantes o localización de las conversaciones. Tanto Trump como Rubio, a diferencia de lo que hicieron durante meses con Venezuela, hablan poco en público de Cuba. Y aunque la discreción extrema siempre ha sido la tónica en los contactos con la isla, como se probó cuando en la presidencia de Barack Obama ni el Departamento de Estado fue informado del diálogo que auspiciaron el Vaticano y Canadá, esta vez se cuestiona más que las conversaciones estén teniendo lugar.
[–>[–>[–>Se ha puesto en duda la veracidad de informaciones con fuentes anónimas que apuntaban al supuesto encuentro en México de la CIA con Alejandro Castro Espín, el hijo de Raúl Castro, o a la implicación en las conversaciones del mexicano Efraín Guadarrama Y oficialmente el Gobierno cubano, a través de declaraciones a distintos medios de Carlos Fernández de Cossío, número 2 de la cancillería de Exteriores, ha negado el diálogo de alto nivel.
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«Hasta ahora ha habido algunos intercambios de mensajes pero no podemos decir que hayamos establecido un diálogo bilateral», ha repetido el diplomático, en un mensaje del que se hacen eco otras fuentes cubanas, que hablan de contactos «puramente técnicos».
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Desde el propio Departamento de Estado estadounidense, también amparándose en el anonimato, se ha hablado a ‘The New York Times’ de contactos «no sustantivos» y centrados, por ejemplo, en la repatriación de inmigrantes, ahora que Trump ha quitado las protecciones a muchos cubanos, con 45.000 con órdenes de deportación y más de medio millón en riesgo. Y las fuentes del rotativo también han dicho que habría mas disposición a un diálogo más profundo si Cuba hiciera ofertas como una mayor apertura a las empresas privadas o a la existencia de partidos políticos.
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De momento, al menos en público, ese no parece el camino de La Habana. El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, ha abierto la puerta al diálogo aunque marcando líneas rojas: «sin condicionamientos previos, en una posición de iguales, de respeto a nuestra soberanía, independencia y autodeterminación». Cuba también ha dado señales de estar dispuesta a renovar la cooperación en terrenos que no son los que ahora más interesan a Washington, y en muchos de los cuales Trump fue quien cerró el diálogo: ciberseguridad, lucha contra el terrorismo, el lavado de dinero, otros delitos financieros o la trata de personas.
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Hasta dónde
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Parte de la clave de cómo avanza la Casa Blanca es cómo se cubre la distancia ideológica que separa a Trump de Rubio, porque el presidente no tiene ni el mismo compromiso emocional ni la misma dependencia política de los cubano-estadounidenses que el antiguo senador de Florida. Está por ver que los votantes cubanos de Miami aceptaran en Cuba algo como lo que ha sucedido en Venezuela, donde se ha dejado a Delcy Rodríguez en el poder.
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A Trump puede interesarle más que La Habana se pliegue a que el régimen colapse. Por eso, y aunque en su primer mandato tomó 240 medidas que intensificaron la presión sobre Cuba, restringiendo vuelos y envíos de remesas o cancelando diálogos bilaterales, puede poner freno a las peticiones más maximalistas de los halcones en la línea de Rubio que han buscado ahogar por completo al régimen tratando de cerrar más el dinero que llega del turismo, de las misiones médicas cubanas en el exterior (con 20.000 médicos en más de 50 países) o de esas remesas que hacen que entren unos 2.000 millones de dólares al año en la isla. Y como decía en un acto en Miami el 6 de febrero, Carlos Díaz-Rosillo, asesor en la primera Administración Trump, «Marco no se puede permitir ser demasiado cubano».
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Es un equilibrio difícil porque los riesgos de un colapso político y humanitario en Cuba serían muchos para EEUU. Aunque tras la crisis que se abrió en la pandemia se produjo la mayor ola masiva de salidas de la isla, en la que el propio Gobierno cubano reconoció que había perdido el 10% de la población (aunque otros cálculos elevan la huida hasta el 18%, casi dos millones de personas), el colapso podría producir una migración masiva a Florida. Y en el pasado mandos militares estadounidenses han mostrado temor de que un alzamiento popular en la isla podría hacer que fueran cubano-estadounidenses y si hubiera una represión del régimen que les afectara se aumentaría la presión para una intervención que Trump no quiere.
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A Trump sin duda le importa, y mucho, la imagen que podría tener si logra lo que no consiguieron 12 presidentes antes que él. En el terreno económico, abrir la isla a los agricultores estadounidenses sería de ayuda ahora que el sector se ve castigado por las guerras comerciales con aranceles que ha abierto. La apertura de otros sectores, y especialmente el turismo, también aportarían beneficios a EEUU. Y se los aportarían a él, que desde 2008 ha estado renovando anualmente una licencia para construcción de hoteles, clubs de golf y propiedades con su nombre.
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