La respuesta de Sarah Santaolalla a las desafortunadas declaraciones que se hicieron en El Hormiguero sobre ella
Una nueva controversia en El hormiguero reaviva el debate público tras unas disculpas que muchos han visto genéricas y para salir del apuro tras las desafortunadas palabras de Rosa Belmonte sobre Sarah Santaolalla. El periodista pidió disculpas sin mencionar explícitamente a la persona a quien iban dirigidas, y el programa también pidió disculpas en términos similares. En ese contexto, la analista política a la que se referían, la conocida Sarah Santaolalla, respondió con un contundente mensaje exigiendo algo básico: que la disculpa sea personal, con su nombre y apellido.
¿Qué pasó en El Hormiguero?
Todo comienza luego de que, en la sección de charlas del programa, se realizara un comentario considerado insultante y sexista hacia un analista de televisión, identificable por la información que se dio en vivo. Según se ha recabado, el comentario aludía a ella con una descalificación de su intelecto y de su físico: «Mitad tonto, mitad tetas»frase que generó un aluvión de críticas.
De ahí surge el giro típico de estos casos mediáticos, el intento de apagar el fuego con un perdón público. El problema, para buena parte del público, no fue sólo el contenido de la disculpa, sino la forma: sin nombrar al afectado, como si bastara con pedir perdón en general para cerrar el asunto.
Rosa Belmonte pidió disculpas públicamente, pero lo hizo con una fórmula amplia como «quien haya molestado o afectado«, sin dirigirse a la persona concreta. Paralelamente, el programa también pidió disculpas sin especificar qué había sucedido ni a quién se referían, en una rectificación percibida como al aire.
Sin embargo, en la televisión y en el ecosistema de las redes, cuando la audiencia entiende perfectamente a quién se dirige, la ausencia del nombre puede interpretarse como una forma de reducir el daño… o de eludir responsabilidades.
La respuesta de Sara Santaolalla
Lejos de dar por zanjado el asunto, Sarah Santaolalla respondió dejando claro que una disculpa sin destinatario no le servía de nada. En su respuesta, exigió que, si va a pedir perdón, que lo haga a quien le corresponde: a ella, como mujer agredida y humillada desde un programa de máxima audiencia, donde fue insultada haciendo referencia a su intelecto y su apariencia física.
El mensaje incluía una frase que se ha convertido en el titular más repetido: “Tengo nombre y apellido… y dignidad”. Y ese matiz conecta con un debate que trasciende el caso: el poder que tiene la televisión para amplificar un comentario y lo difícil que es borrar las consecuencias.
El debate en las redes
En las redes sociales, muchos usuarios tampoco se mostraron convencidos de la sinceridad de las disculpas y criticaron que no se mencionara al afectado. El resultado fue el conocido efecto bumerangcuanto más se intenta cerrar una polémica con una fórmula tibia, más crece la conversación y más se analiza cada palabra.
Y aquí entra un elemento clave para cualquier programa de entretenimiento que coquetee con la actualidad: la frontera entre el comentario que busca el aplauso o la risa fácil y el impacto real cuando el target es una persona concreta. Y mucho más cuando se trata de un insulto de este calibre de machismo contra una mujer, escudándose en que era una frase sacada de una serie.
Evidentemente, Rosa contó con la complicidad de quienes la rodearon en el programa y de quienes la rodearon en ese momento; Por eso nada de esto sorprende en absoluto. Pero después de la risa por un segundo vienen los arrepentimientos al ver que te has equivocado y que todo el mundo se te echa encima, algo bastante común en El Hormiguero, que ha pasado de ser un programa familiar a ser un programa con tintes políticos claramente definidos y con un objetivo más que evidente.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí