Cansarse para descansar: el creciente éxito de los hoteles deportivos | El Viajero
Cenar ligero, poner la alarma antes de las siete de la mañana, irse a dormir pronto. No es la tediosa rutina de un trabajador en un día laborable, sino la que eligen los viajeros que han convertido en hacer deporte su principal objetivo vacacional. El turismo activo se ha consolidado en España como uno de los segmentos más dinámicos del sector. En 2025, el 21,4% de las experiencias turísticas ofertadas online en España incluían actividades deportivas, según recoge el último informe de la plataforma Yumping, posicionándose como la categoría con mayor crecimiento, solo por detrás de la oferta cultural. Su valor también se traduce en un importante impacto económico. En 2024, el turismo deportivo —que incluye viajar tanto para ver como para practicar deporte— generó más de 8.351,2 millones de euros en el país, según el informe de la consultora Lin3s. “El turismo deportivo ya no es una acción puntual, sino una auténtica estrategia territorial”, advertía el pasado enero Andrés de la Dehesa, presidente de la Asociación Española de Fabricantes y Distribuidores de Artículos Deportivos durante la cuarta edición de Fitur Sports.
El bum del turismo wellness, centrado en actividades y tratamientos destinados a la relajación de cuerpo y mente, ha dejado paso a otro en el que la salud también juega un papel fundamental: el sports tripping o viaje deportivo, que tiene como objetivo aprovechar las vacaciones para liberar dopamina a través de la actividad física. Los hoteles que anticiparon esta tendencia han sabido adaptar su oferta e instalaciones para atraer y fidelizar a un huésped que busca retarse, cuidarse y que, normalmente, tiene un alto poder adquisitivo y reserva una estancia más larga de lo habitual. “Los hoteles antes abrían en mayo y ahora abren todo el año gracias a los ciclistas”, comenta José Miguel Solís, un chófer mallorquín acostumbrado a conducir el trayecto del aeropuerto de Palma al Zafiro Palace Alcudia, por el que suele coincidir con gente pedaleando. “Está muy bien porque es un turista que no hace daño a nadie”, resume.
El Zafiro Palace Alcudia es uno de esos alojamientos que ha encontrado en estos viajeros la clave de la desestacionalización. A finales de febrero, en plena temporada baja en la isla balear, el 68% de sus 369 habitaciones están ocupadas —unas 250—. En el lobby hay dos misiones prácticamente imposibles. Una es escuchar hablar en español. “Te diría que el 90% de los huéspedes son internacionales”, afirma Toni Homar, su director comercial. La otra es identificar a alguien que no vista con maillot, chándal, zapatillas de correr o cualquier otro atuendo deportivo, porque en este hotel de cinco estrellas el lujo no se muestra luciendo joyas y trajes caros, sino paseando con el modelo de cabra —como se denomina a las bicicletas de triatlón— más exclusivo del mercado —algunas superan los 20.000 euros—. “Casi todos los clientes son deportistas”, confirma Homar.
Si a partir de junio Mallorca atrae principalmente a un turismo deseoso de sol, playa y fiesta, desde febrero, la isla y sus 20 grados de media se convierten en el destino ideal para triatletas. “Muchos grupos de centroeuropeos (alemanes, austriacos, suizos) descubrieron aquí la posibilidad de realizar su pretemporada, ya que en su país de origen hasta mayo no podían salir a realizar rutas”, destaca Homar. Por eso uno de los principales objetivos del alojamiento, patrocinador principal del Ironman 70.3 que se celebra cada mayo en Alcudia, es cubrir todas las necesidades que puedan demandar estos huéspedes, entre los que hay tanto competidor profesional, como el triatleta Alejandro Santamaría, como aficionados que se acaban de iniciar en este deporte que combina natación, ciclismo y carrera.
El hotel cuenta con garaje y taller de bicicletas —donde se pueden alquilar—, piscina semiolímpica climatizada y un gimnasio con una sofisticada bicicleta inteligente de Wahoo para simular una ruta ciclista real. En el spa se promociona un “Sports Massage”, diseñado para recuperarse tras un buen rato de pedaleo, y también intentan tener en cuenta sus preferencias gastronómicas: “El deportista quiere un porridge por la mañana para desayunar. No es muy normal en un desayuno de hotel que te tomes unas gachas. Pero eso, por ejemplo, está cubierto”, explica Homar.

A nueve kilómetros de ahí, en Puerto de Pollensa, el Hoposa Villaconcha también prepara su apertura antes que el resto de hoteles de la localidad. Gracias a transformarse en un alojamiento deportivo, con su consiguiente piscina semiolímpica a 27 grados, gimnasio equipado y garaje para bicicletas, su temporada se alarga desde finales de febrero hasta finales de noviembre. “Al principio era un hotel normal, pero el director general de Hoposa fue un poco agudo y vio el tipo de cliente que podría predominar en los próximos años, así que decidió cambiar el concepto hacia uno más deportivo. Fue innovador en la zona”, recuerda Enrique Pretel, director de este aparthotel con 140 habitaciones. A dos días de la apertura oficial —que fue el 27 de febrero—, el Hoposa Villaconcha está vacío de clientes, pero lleno de trabajadores que ultiman los preparativos para recibirlos con todo a punto. “Todo el mundo de la cadena [Hoposa cuenta con 14 establecimientos, pero este es el único centrado en el deporte] quiere trabajar aquí porque es el que abre durante más tiempo”, reconoce Pretel.

El Villaconcha se publicita con la coletilla de alojamiento “Family & Sport”, y su director corrobora que una cosa no excluye a la otra. “La transición del periodo de mayo y junio es curiosa porque conviven familias con deportistas. Claro, el cliente familiar te pide una cosa y el cliente deportista te pide otra: el familiar quiere shows, espectáculos, la música hasta tarde… Y el deportista a las siete de la tarde está ya terminando de cenar. Madrugan, se dan su baño aquí, desayunan y desaparecen con su bici. El hotel quizás está a un 100% y parece un desierto, te pasas a las dos de la tarde por aquí y no hay nadie”, apunta.
Vacaciones sin salir del hotel
El informe de Lin3s divide el turismo deportivo en dos grandes grupos. Por una parte, el pasivo, representado por quienes eligen destino atraídos por un gran evento, como la final de la Champions, de la Copa del Rey de baloncesto o del Mutua Madrid Open. El Gran Premio de Fórmula 1 que acogió Cataluña en 2024, por ejemplo, movilizó a casi 300.000 personas y generó más de 200 millones de euros en un fin de semana, según sus datos. Por otra parte está el activo, donde entran todos aquellos que se desplazan no para ver un deporte, sino para practicarlo. Como en el Ironman celebrado en mayo de 2024 en Alcudia, que atrajo hasta Mallorca a más de 3.800 atletas de 70 países —muchos alojados en Zafiro Palace Alcudia y en Hoposa Villaconcha—, generando un impacto económico superior a los 10 millones de euros.

Cada vez hay más personas que viajan hasta Nueva York, Londres, Tokio o Berlín para participar en sus famosas maratones y, de paso, ver la ciudad; pero también existe una oferta hotelera destinada a los que buscan un sitio donde satisfacer todas sus necesidades deportivas y de ocio sin salir siquiera a dar una vuelta por la zona. Es lo que se ha propuesto el Higuerón Hotel & Resort, en Fuengirola (Málaga) —a 1,5 kilómetros de la playa más cercana, pero a más de seis el centro del municipio—. Nació como un pequeño club deportivo y ahora es un enorme complejo que incluye villas, apartamentos, habitaciones, restaurantes y, sobre todo, muchísima oferta deportiva de todo tipo. “El lujo no es una habitación, el lujo es que el huésped no tiene que desplazarse para vivir la experiencia”, subraya con una increíble piscina infinita de fondo Mónica Sánchez, directora del resort.
En su caso, esa experiencia consiste no tanto en atraer a sus instalaciones a deportistas de alto nivel —que también— como en seducir a turistas que quieren sentirse durante las vacaciones como uno de ellos. Desde 2024, Higuerón ha reconstruido su sport club para convertirlo en un reclamo para deportistas de todos los niveles que buscan una experiencia personalizada, profesional y dirigida por referentes en lo suyo con nombres y apellidos. Si en la pata gastronómica presumen de contar con el restaurante con estrella Michelin de Diego Gallegos, en la deportiva anuncian con orgullo la puesta en marcha hace año y medio del Tennis Center by Jorge Aguirre, entrenador de numerosos jugadores profesionales —destacan sus 13 años junto a Alejandro Davidovich, con quien alcanzó la 21ª posición del ranking ATP—. “Creo que le está dando un empaque muy bonito y completo que le faltaba a nivel deportivo al resort. A través del tenis mucha gente está llegando a conocerlo”, considera Aguirre sobre esta apuesta.

La academia de tenis que dirige junto a su mujer, Paula Palomo, ofrece tanto programas de iniciación para todas las edades como clases privadas, entrenamientos temporales a tiempo parcial o completo y hasta programas intensivos para los meses de verano. “Jugadores de todas partes del mundo nos contactan para entrenar o por semanas o un mes o para quedarse todo el año. De hecho, tenemos dos familias, una lituana y otra de Bélgica, que vinieron para una semana de vacaciones y han cambiado sus vidas, se han venido a vivir aquí y entrenan full time con nosotros”, destaca el entrenador actual del tenista serbio Hamad Medjedovic, quien también se ha instalado en Fuengirola. Dice que cuando inauguraron la academia, en octubre de 2024, el equipo lo formaban él, su mujer, dos entrenadores y un preparador físico. “Este diciembre estábamos 13 en la cena de empresa, no está mal”, celebra, tras contratar más entrenadores, nutricionista, un fisioterapeuta y un psicólogo.
Si en lo relativo al tenis el reclamo principal es su firma, el nombre que da prestigio al estudio de pilates es el de Begoña Pedraza, un referente con más de 30 años de experiencia en la disciplina. Hace más de una década que ofrece clases de pilates clásico dentro de las instalaciones deportivas del Higuerón, pero desde 2024 también recibe a sus clientes en un nuevo estudio con vistas al exterior en el que imparte el novedoso y altamente solicitado pilates fit reformer —que añade entrenamiento funcional y de fuerza—. “Está volviendo el tema de las influencers de Instagram que promueven el estilo de vida saludable y últimamente estamos viendo que viene mucha más chica joven a hacerse la foto, el vídeo. Pero, sobre todo, tenemos mucho cliente fijo y cada vez más gente del hotel que viene a probar”, explica Gema Alarcon, una de las tres entrenadoras que conforman el equipo de Pedraza.
Aquí todo es a lo grande y, desde luego, no vale con un fin de semana para probar la experiencia completa. Desde las siete de la mañana los pasillos de su club deportivo ya están llenos de gente que acude a entrenar a su gimnasio con máquinas de alta gama, a nadar en su piscina o a participar en alguna de las más de 20 actividades dirigidas que ofertan cada día: entrenamiento funcional a las 7.30, body pump a las 8.30, spinning a las 9.30… El año pasado adquirieron el histórico Marbella Golf Country Club y a 700 metros de la recepción principal también está The Embassy, un centro de alto rendimiento para baloncestistas diseñado por Berni Rodríguez y José Manuel Calderón. Sus dos pistas con vistas al mar han acogido a equipos de la NBA y la ACB, pero también acuden jóvenes que aprovechan sus visitas a la Costa del Sol para recibir un entrenamiento personalizado. “Esta mañana he entrenado a Chris Duarte, el jugador del Unicaja, y luego a dos chicos de 10 años. Paso de un lado a otro”, ensalza Alfonso Sánchez, exjugador del Unicaja y actual entrenador de desarrollo y técnica individual en The Embassy.
El merecido descanso
El perfil del turista deportivo es el de alguien respetuoso que busca sostenibilidad y autenticidad, evita destinos masificados y es exigente con la calidad del servicio. Pero tampoco hay que olvidar que son viajeros que están de vacaciones y que si una de sus metas principales es cansarse, también desean disfrutar con gusto del merecido descanso posterior. Los alojamientos que quieren atraerlos son conscientes de ello y por eso sus esfuerzos se reparten para ser competitivos tanto a nivel de instalaciones deportivas como de relajación.

El Hotel Don Carlos, en Marbella, es un emblema de la hotelería de lujo en la Costa del Sol desde 1969, pero se ha hecho un lavado completo de cara tras una ambiciosa reforma de varios años y más de 45 millones de euros de inversión. Reabrió sus puertas oficialmente en julio de 2025, pero todavía trabaja en las siguientes fases que completarán el proyecto en los próximos años. Lo que tenían claro es que el deporte tenía que ser uno de sus pilares fundamentales, así que han abierto en sus instalaciones el Rafa Nadal Tennis Center, el séptimo centro deportivo en el mundo creado con la metodología de entrenamiento de Rafa Nadal. “Hoy por hoy la gente viaja por servicios como este”, comenta Jorge Manzur, director general del hotel. “Antes buscaban discotecas, fiesta… Eso está cambiando. Cada vez más gente busca deporte, spa, comer bien y acostarse pronto”, reconoce.
Sus siete pistas de tierra batida y dos pistas de pádel están a disposición de los huéspedes y de cualquiera que viaje a Marbella y quiera probar la experiencia. Yohan Dalies, entrenador jefe del centro, se mudó desde Manacor, donde trabajaba en la Rafa Nadal Academy original, para impulsar este nuevo proyecto. Siete meses después de su puesta en marcha, está encantado con el cambio, un trabajo generalmente menos exigente y más agradecido. “Aquí es entorno vacacional, no tenemos mucha gente que entrene cada día, es más gente del hotel. Son, sobre todo, programas de una semana, tres días o un día”, explica. El centro de tenis también alberga la Break Point, una cafetería con vistas a las pistas y al mar, donde hay padres tomándose algo mientras observan entrenar a sus hijos. La carta incluye poke bowls, ensaladas, batidos de proteínas, zumos antioxidantes, smoothies detox… “No es solo healthy, tenemos cerveza también”, tranquiliza Dalies señalando el grifo de Victoria.
Ese mismo concepto saludable es el que el Don Carlos quiere trasladar a Oasis Kitchen, el restaurante que está a punto de abrir junto al balneario con sello de Natura Bissé. “El tenis para mí es un pilar y el otro es el spa. Estamos creando cosas muy chulas, tanto para uno como para el otro”, avisa Manzur. El recién estrenado espacio, dirigido por Ione Alkorta, cuenta con 1.600 metros cuadrados iluminados con luz natural que incluyen el clásico circuito de hidroterapia, piscinas de contraste, sauna seca, baño de vapor… y tratamientos exclusivos. Pero también tiene novedades como una suite spa privada —con jacuzzi, sauna, masaje para dos y snacks gourmet— y abrirá próximamente un gimnasio —el Rafa Nadal Tenis Center cuenta con uno abierto a los huéspedes 24 horas—, más centrado en público del spa, con modernas máquinas de pilates. “Tenemos yoga, pilates, barre… toda esa parte que le faltaba al hotel”, comparte Alkorta.
Apto para todos
Tener un gimnasio en el hotel ya no es un complemento más, sino un requisito prácticamente obligatorio. “Yo hago mucho deporte y cuando viajo lo primero que busco es que tenga gimnasio”, ejemplifica el propio Manzur. La cadena de hoteles Hilton incluso ha diseñado la categoría de habitaciones Five Feet to Fitness, con accesorios de gimnasio —como bicicleta estática, mancuernas o esterilla—, pantallas con clases guiadas y estaciones de hidratación a dos pasos de la cama. Pero si hay un alojamiento pionero en su apuesta por el turismo deportivo ese es Club La Santa, en Lanzarote. “En su momento, el fundador, Ejlif Krogager, vio una oportunidad clara y de visionario allá por el año 1983: el viajero no buscará solo descansar, sino vivir experiencias que mejoren su bienestar”, rememora Fabio Cabrera, director de carrera de La Santa.
Este resort oferta más de 80 deportes —los más demandados son el ciclismo, el running y las clases de fitness— y 600 actividades semanales —desde bádminton o bailes de salón hasta crossfit o Hyrox—, destinadas a todos los niveles y edades. “No queremos que se nos encasille como un hotel exclusivo para profesionales, sino un espacio donde un nadador profesional pueda compartir piscina con alguien que está aprendiendo. Esa mezcla crea una energía muy especial”, sostiene Cabrera. Además, defiende que el turismo deportivo no solo beneficia al hotel, sino a toda la isla canaria: “Atrae visitantes durante todo el año, impulsando negocios locales como las tiendas de deporte, fisioterapeutas, nutrición, alquiler de bicicletas, guías o restauración, entre muchos otros”.

El turismo deportivo no es para todos, pero no por falta de opciones, sino porque hay quien no concibe dedicar sus días de descanso a hacer ejercicio. Sin embargo, para cada vez más personas las zapatillas deportivas son tan imprescindibles como la documentación a la hora de preparar el equipaje. El sport tripping es su forma de conectar con gente que comparte sus gustos y consigo mismos. “Podemos personalizar entrenamientos, menús y experiencias, pero también fomentamos una comunidad deportiva real: grupos de running, salidas en bici, eventos. La gente no solo viene a entrenar, viene a sentirse parte de algo”, sugiere Cabrera. Sudar por placer no es lo mismo que sudar por obligación, y entrenar junto a un paisaje de postal, sin prisa, mirando al mar o las montañas, no tiene nada que ver con hacerlo en el gimnasio habitual. Sobre todo si al día siguiente, por mucho que suene el despertador, no hay que ir a trabajar.
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