La feria de la Cruz de Mayo de Cangas del Narcea pierde fuerza sin ganado vacuno y deja un ambiente de preocupación entre los criadores de cerdos
El recinto ferial de La Imera, en Cangas del Narcea, acogió este lunes una edición atípica y deslucida de la tradicional feria de la Cruz de Mayo, marcada por la ausencia de ganado vacuno debido a las restricciones sanitarias derivadas de la dermatosis nodular contagiosa. La falta de vacas y terneros redujo notablemente la afluencia de público y el volumen de negocio en una cita que, pese a mantenerse abierta a otras especies, giró casi exclusivamente en torno al porcino: se reunieron 70 cabezas, a lo que se sumaron dos caballos.
[–>[–>[–>«Continuamos condicionados por la situación sanitaria y, por ello, no podemos permitir la entrada de vacuno en esta feria. Ojalá pronto regrese la normalidad y recuperemos la esencia de estas citas», señaló el concejal de Ganadería, Ángel Menéndez desde un primer momento.
[–> [–>[–>Dos vecinos del recinto La Imera, durante la reunión. / R. A. S.
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La imagen del recinto reflejaba una feria muy distinta a la de otros años: menos animales, menos movimiento y un ambiente marcado por el pesimismo entre los tratantes y criadores de cerdos, que ven cómo una actividad profundamente arraigada en el medio rural atraviesa un momento delicado.
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Los vendedores estimaron una caída de entre el 40 y el 50% en las ventas respecto a otras ediciones. «Sin vacuno, esto pierde mucho», repitieron algunos asistentes mientras los corrales de porcino concentraban prácticamente toda la actividad comercial.
[–>[–>[–>Lo que se busca en la feria
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Entre los animales presentes los más codiaciados eran cerdos de gran tamaño, muchos de ellos de entre 80 y 90 kilos, destinados al cebo hasta San Martín. Un negocio tradicional que cada vez cuenta con menos relevo generacional y que sobrevive, en muchos casos, gracias a pequeñas explotaciones familiares.
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Es el caso de Daniel Fernández, vecino de Biescas, en Cangas del Narcea, que a sus 42 años continúa ligado al trato de cerdos mientras mantiene también una empresa de construcción. «Yo me dediqué toda la vida a la construcción, pero esto siempre se hizo en casa», explicó a este diario. Fernández mueve cada año entre 700 y 800 cerdos en ferias y mercados de concejos cercanos. Compra crías de distinto tamaño según la época, las mantiene durante semanas en cuadra y las alimenta «con pienso, harina de maíz y cebada» antes de venderlas a clientes habituales.
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Un momento de la mañana, en el recinto ferial de Cangués. / R. A. S.
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«Esto lo vi desde que nací. Mi abuelo vivía de los cerdos y de las vacas. Mi padre ya se dedicaba más al trato», recordó. Sin embargo, reconocióque el futuro del sector es incierto. «Cada vez hay más burocracia y más exigencias. Antes había cerdas madre en muchas casas y ahora ya casi no queda nada. Cuando la gente mayor lo deje, esto va a morir», lamentó.
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La ensación entre los asistentes fue compartida: la feria mantiene viva una tradición histórica del concejo cangués, pero la ausencia de ganado vacuno y las dificultades que atraviesa el sector ganadero dejan una imagen de incertidumbre sobre el futuro de estas citas tradicionales del suroccidente asturiano.
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