Queremos a Portugal
El fútbol nos ha separado de Portugal. Es un lamentable error. Antes del partido de ayer contra Francia les eliminamos en la copa mundial, pero les queremos. He recorrido el país vecino de arriba a abajo. Me encanta Portugal. Hay una rivalidad ridícula con ese país, quizá fomentado por las formaciones políticas y alguna que otra circunstancia.
[–>[–>[–>Los portugueses, protagonistas de una historia casi común desde los tiempos romanos, parecen distintos a los españoles sobre el papel pero en realidad somos muy parecidos. Hasta tenemos unos idiomas comunes. El gallegoportugués y el mirandés, que son dos lenguas que hablamos en parte de la Iberia histórica. La primera es la lengua que se habla en el noroeste de España. La segunda, también oficial en su constitución, el mirandés, es el asturiano que se habla en unas provincias lusas y que figura como lengua oficial. Luego existe el lenguaje de la picardía, del querer entenderse, el pörtiñol.
[–> [–>[–>Pero con Portugal compartimos no solo lengua sino mucha historia. Durante un tiempo fuimos un mismo país, el mismo reino. Toda una época tuvimos las mismas inquietudes, averiguar qué había más allá de la mar océana. Unos navegantes fueron hacia el sur, otros fueron hacia el oeste. Transcurrieron siglos de historia casi paralela aunque pareciera que mirábamos hacia otro lado pero intercambiamos territorios y ambiciones comunes. Hay regiones peninsulares con un nombre común, hay poblaciones que dependieron de ambas administraciones y hasta compartieron nombres y costumbres. No solo no hay Pirineos entre los pueblos sino que varios grandes ríos nos unen (aunque hay alguno que nos separa pero creo que es a causa de repartos administrativos).
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Solamente nos distancia un orgullo fomentado por un regionalismo trasnochado. Quizá por esa época oscura del autoritarismo sufrido durante largos años. Pero salimos de esas largas dictaduras casi al mismo tiempo. Y, aunque los acontecimientos corrieron a distinta velocidad, ambas salidas fueron bastante pacíficas y ejemplares. La Revolución de los Claveles y la Transición Española salvaron el salto de la dictadura a la democracia sin sangrientas batallas. Y luego se integraron al tiempo en Europa.
[–>[–>[–>Solamente el fútbol parece permanecer en oposición. Aunque el intercambio de jugadores es continuo. Grandes futbolistas portugueses han triunfado en el fútbol español mientras futbolistas españoles lo hacían y lo hacen en el «jogo luso».
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Solamente me falta decir que hasta la gastronomía es parecida. Pulpo y bacalao son reyes en las cocinas portuguesas y españolas. Desde que la democracia se implantó en ambos territorios las reuniones en la cumbre entre los gobiernos se celebran anualmente, casi siempre en las zonas limítrofes, mal llamadas fronterizas, formalidades desaparecidas con la incorporación a la Unión Europea.
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[–>Las plazas de sus grandes ciudades son tan célebres a ambos lados del territorio (Cibeles, Puerta del Sol, Plaza de España, Plaza de Cataluña en ciudades españolas; Praça del Rossio, Praça do Comercio en Lisboa, Praça da Liberdade, Praça da Ribeira en Oporto), grandes avenidas como la madrileña calle Alcalá, la barcelonesa Diagonal, la Rua das Flores de Oporto o la gran Avenida da Liberdade, que cruza la capital portuguesa. Históricas universidades como la portuguesa Coimbra o la madrileña Alcalá.
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Quizá las miradas se dirigieron a puntos distintos. De Oporto, Lisboa y Setúbal hacia el Atlántico; desde Barcelona, Valencia, Cartagena, hacia el Mediterráneo. Dos orientaciones culturales pienso que complementarias. Territorios ambos ambicionados por diversos imperios a través de los tiempos.
[–>[–>[–>De Viriato a Saraiva de Carvalho han pasado muchos siglos de historia. Hubo hasta aventuras comunes para liberar a los dos territorios de sus dictaduras (Galvao y el secuestro de la nave Santa María). El Planeta está lleno de señales y símbolos del paso de los distintos pueblos ibéricos. Queremos a Portugal.
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