Alarmas con el tren
Tras el accidente de Adamuz (Córdoba), un poco de perspectiva:
[–>[–>[–>Uno. Adamuz no es la dana de Valencia. Los accidentes o tragedias no pueden compararse. En todo caso, se comparan las gestiones. Y los hechos son que tanto Óscar Puente, ministro de Transportes (PSOE), como Juanma Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía (PP), estuvieron localizables y en sus puestos de gestión al poco del accidente. Y el hecho es que Mazón estuvo ilocalizable por su equipo en un tiempo crítico. Todo eso, en Valencia, en un contexto de alerta roja previa y con actividades suspendidas. Y, en Adamuz, con revisiones en plazo pero, sobre todo, sin advertencia de incidencia en la vía por parte de los maquinistas anteriores al Iryo, a pesar de que trenes anteriores tienen muescas en sus ruedas. Ahora la CIAF se centra en saber por qué se pudo romper la vía, la principal hipótesis. En cualquier caso, tanto el accidente de Adamuz como la dana de Valencia están ya en la justicia para determinar responsabilidades. Nadie se va a escapar y, por lo tanto, no sirven los medios que se esfuerzan en vender teorías conspirativas. Todo se sabrá.
[–> [–>[–>Dos. Hemos pasado de que Adif publicara cada día incidencias en la red ferroviaria que pasaban sin pena ni gloria, a que ahora algunos medios publiquen todas las incidencias bajo alerta. El periodismo trabaja con algoritmos y la palabra tren es un pico informativo. De ahí que se publiquen todas las incidencias, hasta las que no tienen que ver con la red de forma directa. Por ejemplo, quienes titularon sin especificar que esta semana fue el brazo de una grúa el que golpeó un tren. No creemos oleadas de pánico. Y a ver si se puede hacer periodismo. No programas donde algunos entrevistadores se creen que son Edward Murrow pero no llegan ni a becario, o algunos creen que tienen que resolver la escena de un crimen en plan Agatha Christie, en lugar de dejar a los expertos y profesionales.
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Tres. Lo de «no pienso volver a coger el tren en la vida» es perfectamente comprensible. E imaginen quienes lo toman a diario para su trabajo. El miedo es libre y, ahora, justificado. A lo mejor dentro de unos meses, pasará. Pero, más que crear alarmas, añadamos perspectiva real. Este ha sido un accidente con 45 personas fallecidas y eso lleva a que haya quien no quiera tomar el tren. Pero cada año mueren en el trabajo unas 700 personas y no dejamos de trabajar por ese riesgo. Mueren unas 400 personas en accidentes domésticos y no por eso dejamos nuestras casas. Mueren unas 900 personas por negligencias médicas y no dejamos de ir al hospital. Y, si eres mujer, cada año hay unas cincuenta asesinadas por sus parejas o exparejas y no por ello dejamos de relacionarnos con hombres. Es decir, hay situaciones con más probabilidad de riesgo. Eso no quita que se pueda pedir más seguridad siempre, pero si aplicamos esa lógica a nuestra vida no saldríamos ni de la cama.
[–>[–>[–>La alarma sin rigor no protege: solo confunde. La verdad llegará, y cuando lo haga, conviene haber estado del lado de la responsabilidad y no del ruido.
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